
Un objeto nuevo puede transformar la experiencia de juego de un perro. Así lo demuestra un estudio realizado por científicos de Austria y Hungría que fue publicado en la revista Animal Cognition.
Todos los perros, incluso los que aprenden nombres de objetos, sienten una fuerte atracción hacia los juguetes desconocidos.
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Los investigadores escribieron: “Todos los perros interactuaron más con objetos nuevos en general, lo que confirma la actitud neofílica de esta especie”.

Los perros capaces de aprender palabras, llamados Aprendedores Dotados de Palabras, se destacan porque buscan más a sus cuidadores cuando tienen un juguete nuevo.
En el estudio se detectó que ese tipo de animales demostró una mayor propensión a interactuar con sus cuidadores mientras sostenían un juguete en la boca, al presentar principalmente el juguete nuevo.
El deseo de explorar y nombrar

Detrás de esta investigación se encuentra un grupo de investigadores: Andrea Sommese, Ádám Miklósi, Silvia Nostri, Andrea Temesi y Claudia Fugazza.
El trabajo une al Departamento de Etología de la Universidad Eötvös Loránd y al Grupo de Investigación Comparativa de Etología de la MTA-ELTE en Hungría, la Universidad de Turín en Italia y el Instituto Messerli de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena, Austria.
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El estudio se hizo porque solo algunos perros pueden aprender más de 20 nombres de juguetes. Esos casos son excepcionales y abren preguntas sobre cómo la memoria, el juego y la curiosidad se relacionan en los perros.

El objetivo de la investigación fue comparar a los perros dotados con los perros típicos para saber si los primeros muestran un interés especial por los juguetes etiquetados, los nuevos, o si buscan más la interacción social.
Los investigadores buscaron entender si la motivación social es clave para el aprendizaje de palabras en perros, como ocurre en la infancia humana. Se propusieron observar si el deseo de compartir la atención impulsa el aprendizaje.
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Juguetes, palabras y vínculos

Para evitar sesgos de raza, todos los perros participantes fueron Border Collie. El grupo incluyó 10 perros Aprendedores Dotados de Palabras y 21 perros típicos.
Los cuidadores recibieron ocho juguetes nuevos, de los cuales cuatro se usaron para familiarización y dos recibieron nombres propios.
Durante dos semanas, los cuidadores jugaron con sus perros al usar los cuatro juguetes conocidos. Solo dos de ellos tenían nombre, mientras los otros dos no. Los otros cuatro juguetes se guardaron para la fase de pruebas.
En la prueba, seis juguetes (cuatro conocidos y dos nuevos) se colocaron en el suelo. El perro tuvo 90 segundos para interactuar libremente, sin recibir señales de su cuidador, que permaneció pasivo.
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Se grabaron las sesiones y se utilizó un software especial para analizar el tiempo que el perro dedicó a cada juguete y las conductas de búsqueda de atención hacia el cuidador. El análisis estadístico permitió comparar los dos grupos.
El estudio encontró que tanto los perros dotados como los típicos dedicaron más tiempo a los juguetes nuevos. Según los investigadores “no se encontraron diferencias en la interacción con juguetes etiquetados, no etiquetados o nuevos”.
Solo los perros dotados aprendieron correctamente los nombres de los juguetes etiquetados, según un test especial de vocabulario. Los perros típicos no lograron esa asociación. Estos perros dotados también buscaron más la interacción social al llevar el juguete nuevo a su cuidador.
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Lo que la ciencia sospecha y aún no sabe

Los investigadores recomiendan ampliar los estudios a otras razas y medir con precisión la frecuencia de juego en casa para entender mejor el vínculo entre motivación social y aprendizaje en los perros.
Reconocen que solo se trabajó con Border Collies, lo que podría limitar la generalización de los resultados a otras razas, aunque no tienen evidencia de que los hallazgos sean exclusivos de esta raza.
El experimento no buscó medir la preferencia absoluta por juguetes, por lo que podrían existir gustos personales no detectados por el método. Además, no se recopilaron datos formales sobre el tiempo de juego diario.
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La investigación deja abiertas nuevas preguntas sobre cómo el deseo de compartir la atención y la motivación social podrían impulsar la capacidad de aprender palabras y mejorar la relación entre perros y humanos.
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