Un estudio reciente realizado por la Universidad Nacional Kyungpook en Corea del Sur plantea que medir los niveles de cortisol en saliva y la concentración de serotonina en los perros podría transformar la forma en que se evalúa su temperamento animal.
Según la publicación original en PLOS One y de acuerdo con Popular Science, estos biomarcadores del temperamento canino podrían ofrecer un método más objetivo y fiable para determinar la idoneidad de los perros como mascotas o para trabajos especializados. Esta propuesta surge como una alternativa frente a las pruebas convencionales, frecuentemente basadas en opiniones subjetivas.
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Hormonas del estado de ánimo y comportamiento canino
El comportamiento animal está influido por factores como la socialización, la genética y el entorno en el que se desarrollan los perros. Sin embargo, las hormonas del estado de ánimo y los neurotransmisores también desempeñan un papel relevante, como destaca Popular Science. El cortisol, conocido como la “hormona del estrés”, y la serotonina, un neurotransmisor asociado al bienestar, inciden en cómo los perros responden ante distintas situaciones y estímulos.

Ambas fuentes subrayan que el interés en estos mecanismos surge de la necesidad de contar con criterios más sólidos para evaluar el temperamento. Las evaluaciones tradicionales, como la prueba Wesen, pueden ser limitadas por su naturaleza subjetiva, lo que motiva la búsqueda de métodos apoyados en evidencia científica y datos cuantificables.
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Metodología del estudio: prueba Wesen y biomarcadores
La investigación de la Universidad Nacional Kyungpook incluyó a 24 perros de diferentes razas, entre ellas beagle, border collie y mestizos, con 11 hembras y 13 machos. Se utilizó una versión adaptada de la prueba Wesen, una herramienta para analizar la idoneidad conductual de los perros como mascotas o para funciones laborales.
Durante la prueba, se evaluó la respuesta de cada animal ante situaciones y entornos diversos, como la presencia de extraños, quedarse a solas, el impacto de ruidos inesperados y diversas interacciones sociales. El test constó de 7 subpruebas que abarcaron desde la confianza inconsciente y la sociabilidad hasta el comportamiento en situaciones estresantes.
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Los investigadores recolectaron muestras de saliva tanto antes como después de la prueba para analizar los niveles de cortisol en perros y la concentración de serotonina. Según PLOS One, estas concentraciones se midieron en laboratorio mediante la técnica ELISA, y luego se compararon con los puntajes individuales obtenidos en la prueba de temperamento.

Resultados: cortisol, serotonina y la interpretación del temperamento
Los hallazgos reflejan que los perros con mejores resultados conductuales presentaron niveles más bajos de cortisol en saliva antes y después de la evaluación. Según PLOS One, existió una relación inversa: cuanto más positivo era el temperamento del animal, menor era la respuesta fisiológica al estrés.
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Además, la variación en los niveles de cortisol desde el inicio hasta el final de la prueba también mostró una asociación negativa con las puntuaciones de temperamento global y los apartados analizados. En el caso de la serotonina y comportamiento canino, se analizaron dieciséis de los veinticuatro perros.
Según Popular Science, aunque los perros con mejores aptitudes presentaron valores iniciales más altos de serotonina, la diferencia entre los grupos no fue estadísticamente significativa en este estudio. Sin embargo, PLOS One reporta que sí se hallaron diferencias estadísticamente relevantes en la serotonina conforme a las puntuaciones de temperamento, lo que respalda la asociación entre la función endocrina y el comportamiento canino.
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Ambas fuentes coinciden en que la combinación de datos sobre cortisol en perros y serotonina y comportamiento canino puede funcionar como un indicador fisiológico útil, es decir, como biomarcadores del temperamento canino. Los autores del estudio afirman, según recoge Popular Science, que “las concentraciones fisiológicas de hormonas y neurotransmisores pueden servir como biomarcadores del temperamento canino”.
Aplicaciones prácticas y nuevas perspectivas para la adopción y el trabajo canino

La posibilidad de medir biomarcadores del temperamento canino ofrece una alternativa a la prueba Wesen, cuyo componente subjetivo es criticado tanto en Popular Science como en PLOS One. Utilizar parámetros fisiológicos como el cortisol y la serotonina facilitaría procesos más objetivos en la adopción de perros, así como en su designación para tareas de servicio, terapia, guía o policías.
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La integración de estos biomarcadores permitiría tomar decisiones más informadas que velen por el bienestar de los perros y la seguridad de las personas con las que interactúan. Desde PLOS One se señala que los resultados respaldan el valor de las evaluaciones validadas a través de marcadores fisiológicos y expanden el conocimiento sobre el vínculo entre el temperamento y la función endocrina en los canes.
Limitaciones y líneas futuras de investigación
El equipo de la Universidad Nacional Kyungpook advierte sobre el alcance limitado de los resultados. El estudio involucró únicamente a 24 ejemplares, un tamaño de muestra que exige cautela antes de extrapolar conclusiones. De acuerdo con Popular Science, tampoco es posible afirmar de manera categórica que los cambios hormonales sean la causa directa de la conducta, solo se puede señalar una asociación.
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Ambas fuentes coinciden en que futuras investigaciones deberán ampliar el número y la diversidad de los participantes para validar plenamente el uso de estos biomarcadores en contextos reales.
La medición de hormonas y neurotransmisores como indicadores fisiológicos podría, en un futuro, facilitar la selección precisa de perros aptos para roles específicos y perfeccionar los procesos de adopción. Así, se abre la puerta a un enfoque más fiable y objetivo en el manejo y evaluación del temperamento animal.
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