
En un laboratorio singular en la ciudad de Nimega, Países Bajos, la investigación sobre el fenómeno de las cosquillas ha adquirido una dimensión tecnológica y científica sin precedentes. Utilizando robots equipados con sondas metálicas y voluntarios con cascos llenos de sensores, el equipo liderado por Konstantina Kilteni en la Universidad de Radboud explora desde lo más elemental de la experiencia sensorial hasta las complejidades neuronales asociadas a las cosquillas.
Los participantes, sometidos a sesiones en las que sus pies descalzos son estimulados por el robot, no solo reaccionan con risas y chillidos, sino que también exponen reacciones fisiológicas medibles: variaciones en su frecuencia cardíaca, respiración y sudoración. Mientras los sensores capturan estos datos, los investigadores se centran en desentrañar enigmas vigentes desde la Antigüedad.
PUBLICIDAD
En ese sentido, las preguntas giran en torno a la razón de ser de las cosquillas, su naturaleza ambivalente entre placer y aversión, y su propósito evolutivo.
Kilteni y su equipo no solo manipulan con precisión la velocidad y la intensidad del estímulo robótico, sino que han detectado ya algunos patrones clave en los registros de electroencefalografía. El análisis preliminar indica que “el tacto debe ser fuerte y muy rápido para que se perciba como cosquilleo”, afirma la investigadora. Estos estímulos provocan patrones cerebrales diferenciados respecto a otras sensaciones táctiles.
El equipo también busca especificar, mediante futuras pruebas con resonancia magnética funcional, qué áreas cerebrales procesan estos estímulos tan particulares, aunque adaptar los robots al entorno del escáner representa un desafío técnico.
PUBLICIDAD
Además de las mediciones físicas, el laboratorio indaga en el componente subjetivo: si la experiencia de recibir cosquillas es agradable o incómoda. Los relatos recogidos muestran que la percepción individual varía notablemente. “Vemos un poco de todo, tanto para quienes lo encuentran agradable como para quienes lo encuentran desagradable”, explica Kilteni.
Mientras algunos informan sensaciones positivas iniciales que se tornan desagradables con el tiempo, en otros la aversión se manifiesta desde el primer momento. Según la científica, algunas personas cuentan anecdóticamente que, “al principio, puede ser divertido, pero cuando se aplica en el cuerpo durante un tiempo, empieza a resultar desagradable e incluso doloroso”.
PUBLICIDAD

Una cuestión que ha fascinado a científicos y filósofos es la imposibilidad de hacerse cosquillas a uno mismo. Está demostrado que el cerebro predice y suprime en parte las sensaciones provocadas por los propios movimientos, haciendo que el estímulo propio carezca del efecto cosquilleante que produce el otro.
Sin embargo, investigaciones previas han identificado que este mecanismo se ve alterado en personas con ciertas condiciones psiquiátricas, como la esquizofrenia, donde quienes experimentan alucinaciones auditivas o sensación de control externo llegan a percibir cosquillas realizadas por sí mismos.
Al respecto, Kilteni señala: “Esto nos indica que este mecanismo del cerebro para predecir cómo nos sentiremos en función de nuestros movimientos parece presentar algunas deficiencias… Esto también es algo que nos gustaría probar en poblaciones clínicas con esquizofrenia”.
PUBLICIDAD
Respecto a la función evolutiva de las cosquillas, la discusión sigue abierta y multidimensional. A partir de la observación de los grandes simios, especialmente bonobos y chimpancés, los expertos han encontrado patrones que sugieren una posible raíz social.
Los estudios realizados en bonobos revelan que las cosquillas se dirigen mayoritariamente a individuos jóvenes y que la relación social condiciona la frecuencia de estos episodios, siendo los adultos los principales dadores y los jóvenes los receptores. Elisa Demuru, de la Universidad de Lyon, detalla: “Esto es interesante, porque es bastante similar a lo que ocurre en los humanos, y significa que se trata principalmente de un comportamiento dirigido a los bebés”.
PUBLICIDAD

Además, subraya: “El vínculo social tiene una influencia muy fuerte. Por lo tanto, las parejas que más participan en las sesiones de cosquillas también comparten un vínculo afiliativo muy fuerte”.
Para Demuru, la evidencia sugiere “un claro indicio de que las cosquillas evolucionaron como un comportamiento prosocial que fortalece los vínculos entre los jóvenes y otros miembros de su grupo”.
En el caso de los bonobos en el santuario Lola ya Bonobo, en la República Democrática del Congo, añade: “Es un comportamiento muy especial, y siempre es agradable porque se ríen, ¡y es tan tierno!”.
No obstante, hay teorías que sugieren que la risa desencadenada por cosquillas es simplemente un reflejo fisiológico, independiente de la relación o contexto. Otros proponen que tal vez cumple una función defensiva, ayudando a los jóvenes a identificar zonas vulnerables de su cuerpo y a practicar reacciones para protegerlas.
PUBLICIDAD
La ausencia de consenso queda patente en las palabras de Kilteni: “La realidad es que hay argumentos en contra de todas estas teorías, así que realmente no lo sabemos”.

El estudio en animales que no pertenecen al grupo de los primates, especialmente roedores, aporta matices inesperados. Investigaciones como la de Marlies Oostland, en la Universidad de Ámsterdam, documentan que los ratones pueden reaccionar de manera similar a los humanos cuando se hallan en un entorno seguro y relajado: reciben cosquillas y emiten vocalizaciones inaudibles para el oído humano, asociadas a una forma de risa. Oostland lo explica así: “Si les das la vuelta y se quedan en un estado relajado, entonces puedes empezar a hacerles cosquillas, y es entonces cuando oímos las vocalizaciones parecidas a risas”.
PUBLICIDAD
Y agrega: “Si dejamos que los ratones elijan entre una caseta de su jaula, que es completamente segura y tiene su propio olor, o si un experimentador les hace cosquillas, los animales elegirán hacerlas en lugar de esconderse en su cabaña”.
Las hipótesis más recientes proponen que las cosquillas ponen a prueba el sistema de predicción y respuesta del cerebro. Oostland lo plantea así: “Nuestros cerebros crean constantemente predicciones sobre el mundo que nos rodea, tomando decisiones sobre qué podría ser una amenaza y qué debemos hacer para sobrevivir. Las cosquillas implican ser estimulados de una manera que contradice nuestras predicciones. Sin embargo, si nos sentimos seguros, esa sorpresa puede ser estimulante”.
PUBLICIDAD
De este modo, el fenómeno podría entenderse como una estrategia de adaptación, donde el cerebro calibra permanentemente su umbral de alerta ante lo imprevisible, siempre que se dé en un contexto de seguridad.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Qué es la miopatía por captura que puso en peligro a un águila calva y cómo logró volver a la naturaleza
El ave logró liberarse tras quedar atrapada boca abajo en un árbol, pero terminó exhausta en el suelo y requirió 10 días de atención veterinaria en Wisconsin. El video de su liberación

La NASA busca anticipar el clima de mundos lejanos: los tres patrones atmosféricos que ya detectó el telescopio espacial James Webb
Las mediciones infrarrojas revelaron variaciones térmicas y nubes en una enana marrón, mientras Nancy Grace Roman pondrá a prueba una tecnología para obtener imágenes directas de planetas junto a sus estrellas

El cometa interestelar 3I/ATLAS podría darnos pistas sobre la vida fuera de la Tierra
Si bien el visitante no aporta pruebas de organismos extraterrestres, su composición ofrece una muestra poco frecuente de los ingredientes químicos que circulan en otros sistemas planetarios y de la historia temprana de la galaxia
Entre pelos y ecosistemas: así son las primeras arañas de mar descritas en Canadá tras casi un siglo
Callipallene pilosuspedes destaca por las espinas curvadas de sus patas, mientras que Tanystylum kiixin funciona como refugio de otros organismos, según explicó el zoólogo Cormac Toler-Scott, de la Universidad de Columbia Británica

Un estudio afirma que evitar los incendios forestales es mejor que sembrar árboles para salvar la Amazonía
Un análisis publicado en la revista Science comparó distintas estrategias de conservación y concluyó que frenar las perturbaciones en los bosques existentes resulta tan decisivo como detener la deforestación para preservar aves y árboles nativos de la región


