
Cada decisión sobre lo que se come puede afectar al ambiente y a la salud. Un equipo de científicos de España analizó de manera rigurosa cómo distintos tipos de dieta, especialmente las basadas en plantas, influyen en el impacto ambiental y el aporte de nutrientes.
Sus resultados aparecen publicados en la revista Frontiers in Nutrition. Los investigadores diseñaron y compararon menús representativos de cuatro patrones dietéticos: mediterráneo omnívoro, pesco-vegetariano (incluye pescado), ovo-lacto-vegetariano (huevos y lácteos) y vegano.
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Encontraron que los menús veganos generan diariamente 46% menos dióxido de carbono, utilizan 33% menos tierra y gastan 7% menos agua que los menús mediterráneos omnívoros.

Vale aclarar que esas diferencias corresponden al contexto controlado de este estudio y no a una reducción automática por persona a nivel global.
El trabajo fue realizado por científicos del Instituto de la Grasa del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad de Granada, entre otras instituciones de España.
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Dietas basadas en plantas y el cuidado del ambiente
A nivel mundial, solo el 1,1% de la población es vegana, aunque el número crece cada año. En Alemania y en el Reino Unido, los datos muestran aumentos notables en la cantidad de personas que eligen este tipo de alimentación, impulsadas tanto por razones de salud como por la preocupación ambiental.
Estudios anteriores habían encontrado que pasar de una dieta occidental típica a una vegana puede reducir el riesgo de mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles entre un 18% y un 21%.
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Pero había pocos datos comparativos concretos sobre el verdadero efecto ambiental de diferentes patrones alimentarios.
Por eso el grupo de científicos españoles decidió comparar en detalle los menús equivalentes en cantidad de calorías, para observar de forma precisa el impacto ecológico y nutricional de una variedad de dietas.
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Así se midió el impacto de comer más plantas

Los investigadores elaboraron cuatro series de menús semanales completos, incluyendo todos los tiempos de comida.
Usaron recomendaciones de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria, la Unión Vegetariana Española, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria y la Academia Nacional de Medicina de Estados Unidos.
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Cada menú sumó 2.000 kilocalorías por día. Se analizaron las cantidades de proteínas, grasas, vitaminas y minerales con bases de datos nacionales e internacionales confiables.
Para calcular el impacto ambiental, recurrieron a la base AGRIBALYSE 3.1.1, que permite medir la huella ambiental desde la producción de los alimentos hasta su llegada a la mesa. Este análisis incluyó emisiones de gases, uso de tierra y agua, y toxicidad ambiental.
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El análisis mostró que el menú mediterráneo omnívoro se asoció a 3,8 kilos diarios de dióxido de carbono, el pesco-vegetariano a 3,2 kg, el ovo-lacto-vegetariano a 2,6 kg y el vegano a 2,1 kg. La reducción de gases, tierra y agua es producto de la comparación entre estos menús modelo.
En el uso de tierra, se vio una reducción del 33% al comparar el menú vegano con el omnívoro. El consumo de agua bajó 7% en los menús veganos respecto a los menús tradicionales con productos animales.
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El estudio refleja que varios indicadores ecológicos, como el daño a los ecosistemas, mejoran notoriamente cuando predomina el consumo de plantas. Sin embargo, estos resultados se refieren al diseño de menús concretos bajo condiciones controladas.

En la parte nutricional, todos los modelos a base de plantas resultaron equilibrados en nutrientes principales.
Los investigadores notaron que en el caso de la dieta vegana se debe prestar especial atención a la vitamina B12, la vitamina D y el yodo, que pueden requerir suplementación o fuentes reforzadas.
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Resaltaron que incrementar la proporción de alimentos vegetales en el menú diario es positivo, incluso sin restringir completamente los productos animales.
Qué recomiendan

Tras los resultados, los investigadores aconsejan consumir más alimentos de origen vegetal como estrategia para favorecer la salud y disminuir el impacto ambiental de la alimentación.
Indica que es fundamental asegurar el consumo adecuado de vitamina B12, yodo y vitamina D, especialmente en el caso de dietas exclusivamente veganas.
Especificaron que no todos los nutrientes clave se obtienen fácilmente solo de plantas y puede ser necesaria la planificación de la dieta, así como el consejo de profesionales y el uso de suplementos para cubrir ciertos requerimientos.
Quienes desean ayudar al planeta pero aún no están preparados para dejar completamente los alimentos de origen animal también pueden colaborar.
“No es necesario volverse totalmente vegano para marcar la diferencia. Incluso pequeños pasos hacia una dieta más basada en plantas reducen las emisiones y ahorran recursos. Cada comida que incluye más plantas ayuda a avanzar hacia personas más sanas y un planeta más saludable”, afirmó Noelia Rodríguez-Martín, una de las coautoras del estudio.

En diálogo con Infobae, Ariel Kraselnik, médico cardiólogo especializado en Nutrición Basada en Plantas y profesor de la Universidad Nacional de Rosario, en la Argentina, comentó: “Este tipo de estudios resulta interesante porque integra la salud humana desde el plano individual, en cuanto a la adecuación de la dieta”.
Además, el experto destacó que el trabajo “se vincula con la salud planetaria, en un contexto de creciente presión sobre los ecosistemas y el ambiente, y el gran impacto de los sistemas alimentarios, por ejemplo, en la emisión de gases de efecto invernadero, uso de agua, uso de tierra, fertilizantes, acidificación de océanos y eutrofización”.
Este tipo de investigaciones resulta valioso porque “demuestra que se puede tener una alimentación saludable para las personas y, a la vez, más sustentable desde el punto de vista ambiental, teniendo en cuenta que se proyecta que para 2050 seremos más de diez mil millones de habitantes”, dijo Kraselnik.
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