
Un equipo de científicos portugueses anunció un avance relevante en el estudio del comportamiento animal: consiguieron identificar las estrategias de decisión de los ratones al observar sus movimientos faciales durante situaciones experimentales. Un hallazgo que podría sentar las bases para descifrar los pensamientos en humanos, sin invadir el cerebro; aunque aún es temprano para extrapolar estos resultados.
La investigación, difundida en la revista Nature Neuroscience, muestra que la cara de estos animales refleja de forma precisa las opciones que evalúan ante un dilema, como si continuar o desistir de una actividad, posibilitando la predicción de sus acciones futuras con el mero análisis de sutiles gestos.
Asimismo, investigaciones previas ya habían informado que los ratones exteriorizan emociones mediante expresiones faciales similares a las humanas. Un artículo publicado en Science en el año 2020 describió cinco emociones en los roedores —placer, asco, náuseas, dolor y miedo— e incluso determinó la intensidad de cada una a través de registros en sus caras.
Sin embargo, el estudio presentado ahora amplía ese conocimiento, al afirmar que no solo las emociones, sino también los pensamientos y estrategias que el animal está por adoptar en una situación determinada, se hacen visibles en el rostro del ratón.

De acuerdo con los resultados de la Fundación Champalimaud, los científicos sometieron a los ratones a un experimento en el que debían elegir entre persistir en la búsqueda de una recompensa azucarada de acceso variable o buscar nuevas fuentes desplazándose en una cinta.
Dicho reto exigió que los animales tomaran decisiones ante la incertidumbre, lo que generó distintas estrategias registradas mediante sus movimientos faciales. Los investigadores combinaron registros de actividad cerebral y análisis matemáticos para definir el tipo de estrategia elegida en cada momento.
El equipo, dirigido por Zachary Mainen, utilizó grabaciones de vídeo en alta resolución junto con la monitorización del cerebro de los ratones. Gracias a algoritmos de aprendizaje automático, analizaron los datos recogidos y descubrieron que señales pequeñas como un movimiento del hocico o un leve gesto con la lengua aportan información equivalente a la que se obtiene con el registro simultáneo de la actividad de entre cien y doscientas neuronas.
Fanny Cazettes, primera autora del trabajo y adscrita a la Universidad de Aix-Marsella, en diálogo con ABC, afirmó que el equipo fue capaz de anticipar la estrategia del ratón solo con ver su cara: “El animal podía optar por distintas formas de jugar y, mediante modelos computacionales, predecimos no solo cuál elegiría, sino también cuándo tomaría la decisión”.

Para David Reato, otro de los autores y actual miembro de la Universidad de Aix-Marsella y Mines Saint-Étienne, uno de los hallazgos relevantes es la repetición de los mismos patrones faciales entre distintos ratones y a lo largo de varias sesiones experimentales. Según Reato, la consistencia de estos gestos refuerza la hipótesis de que existen patrones estereotipados asociados a procesos de decisión y no solo a emociones básicas.
El estudio no solo identifica los gestos asociados al pensamiento, sino que además vincula la generación de tales comportamientos con áreas específicas del córtex cerebral. Los datos obtenidos muestran una coordinación estrecha entre los cambios observados en el cerebro y la manifestación externa en la cara del ratón durante la toma de decisiones.
Según los autores, este hallazgo implica que el contenido mental puede descubrirse mediante grabaciones de vídeo detalladas. De modo potencial, si estos resultados se extienden a la investigación en humanos, podrían surgir técnicas no invasivas para analizar el funcionamiento mental y los mecanismos involucrados en los procesos de toma de decisiones, lo que abre nuevas posibilidades para el estudio de enfermedades neurológicas o psíquicas.
No obstante, los científicos advierten sobre las posibles consecuencias de estos avances. “Resulta prioritario investigar el alcance real de esta tecnología. Si se accede tan fácilmente al contenido oculto de la mente, serán imprescindibles regulaciones que protejan la privacidad mental y prevengan el abuso de la información”, enfatizó Zachary Mainen, investigador principal de la Fundación Champalimaud, en diálogo con ABC.

Además, la disponibilidad casi permanente de registros en vídeo en la sociedad actual, especialmente por el impacto de las redes sociales, podría convertir este tipo de análisis en una herramienta de doble filo, con aplicaciones tanto éticas como cuestionables.
Los investigadores subrayan que, aunque aún es temprano para extrapolar estos resultados a la especie humana, el trabajo establece un precedente en el uso de tecnologías de vídeo y análisis automático para explorar el pensamiento animal.
La generalización y repetición de los gestos faciales detectados en los ratones sugieren que formas similares de visualización podrían existir en otros mamíferos, lo cual abre una línea de investigación prometedora para la neurociencia y la etología.
Por el momento, la comunidad científica espera que estudios futuros puedan delimitar con mayor precisión las capacidades y limitaciones de estas técnicas. El debate sobre privacidad y ética en la investigación cerebral recibirá un impulso añadido a raíz de hallazgos como estos, que revelan hasta qué punto es factible descifrar decisiones y estrategias cognitivas sin recurrir a métodos invasivos ni alterar el comportamiento natural de los sujetos estudiados.
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