
Un análisis genético reciente reveló un dato sorprendente: los ojos azules, presentes en una proporción relevante en Europa antes de la consolidación del Imperio Romano, experimentaron un descenso drástico durante ese período. Esta investigación abre nuevas preguntas sobre la composición genética de las poblaciones antiguas y los movimientos migratorios que modelaron la historia de Roma.
Antes de la expansión imperial, alrededor de uno de cada cinco habitantes de la Roma antigua tenía ojos azules. Sin embargo, durante el Imperio Romano ese porcentaje cayó a un 4%. Según datos publicados en Xataka, este fenómeno llamó la atención de genetistas y demógrafos, ya que cuesta explicar que una característica físicamente visible haya cambiado de modo tan marcado en tan pocas generaciones.
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El investigador Davide Piffer recopiló el ADN de más de 4.000 individuos antiguos, lo que permitió comparar la prevalencia de ojos azules en distintas etapas de la historia europea. De acuerdo con el reporte, los romanos del período preimperial tenían una importante presencia de ojos claros, mientras que en la Roma medieval el porcentaje volvía a situarse cerca del 21%. El desplome del periodo imperial aparece como una excepción.

Según Piffer, la explicación se halla en los flujos migratorios y en la mezcla de poblaciones. En los primeros siglos de Roma, la base genética principal era anatolia, pero había una influencia apreciable de grupos yamnas procedentes de las estepas, que solían tener una mayor proporción de ojos claros. Cuando el Imperio adquirió su máxima extensión territorial, llegaron nuevos migrantes desde regiones internas y orientales, en quienes predominaban los ojos marrones. Solo tras la caída del Imperio, el ingreso de grupos germánicos, como los longobardos y ostrogodos, favoreció el regreso de la pigmentación clara.
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A nivel molecular, el color de los ojos depende de dos genes muy próximos en el cromosoma 15: OCA2, que controla la melanina en el iris, y HERC2, que lo regula. Según Davide Piffer, en los individuos con ojos marrones, HERC2 activa OCA2 para producir pigmento. En cambio, una mutación específica limita esa función, lo que da lugar a una menor cantidad de melanina, percibida como tono azul o verdoso.
La genética permite establecer una “huella” en el ADN que indica la probable pigmentación ocular de personas de tiempos remotos. Esta posibilidad llevó a algunos investigadores a afirmar que, en realidad, no existen datos concluyentes sobre la prevalencia de ojos claros en la antigua Roma. El demógrafo Lyman Stone analizó la fiabilidad de las muestras y detectó límites inherentes a los métodos actuales.
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De acuerdo con Stone, la población de la Roma imperial integró a muchos inmigrantes de orígenes diversos, en los que predominaba el color de ojos oscuro. Además, las propias fuentes genéticas disponibles podrían no ser suficientes para dar cuenta de la diversidad real, por lo que cualquier afirmación termina bajo revisión permanente.
Según National Geographic, estos estudios se insertan en un debate más amplio sobre la evolución de los rasgos fenotípicos en Europa. Por ejemplo, hasta la Edad del Hierro, la mayoría de los europeos tenía piel oscura, y la pigmentación clara es mucho más reciente de lo que suele creerse.
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El análisis de restos emblemáticos, como el Hombre de Cheddar en el Reino Unido, refuerza la idea de que la pigmentación clara de los ojos y piel apareció antes de la Edad del Hierro en algunos individuos, pero solo se consolidó gracias a múltiples procesos migratorios y evolutivos posteriores. A pesar de que la tecnología genética actual ofrece una herramienta poderosa para desentrañar el pasado físico de Europa, la interpretación de los resultados requiere cautela por la degradación del material genético y la limitada representatividad de las muestras.

En síntesis, el estudio del ADN antiguo demuestra que la dinámica del Imperio Romano alteró de manera notable la distribución de los ojos azules en la región. Los datos muestran que factores como migraciones, prestigio cultural de ciertos rasgos y encuentro entre poblaciones modelaron la composición genética de los habitantes. Las oscilaciones en la proporción de ojos claros ilustran cómo características visibles pueden desaparecer en contextos históricos concretos, para luego resurgir gracias a nuevas olas migratorias.
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Actualmente, la genética continúa ampliando el entendimiento sobre los cambios fenotípicos europeos. La reducción de la proporción de ojos azules en el Imperio Romano es solo un ejemplo de cómo la historia genética se construye con descubrimientos inesperados y revela una Europa antigua diversa, en constante transformación.
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