
El mundo científico se encuentra ante un hito inédito: una misión de rescate robótico intentará salvar al telescopio espacial Neil Gehrels Swift Observatory de un reingreso inminente a la atmósfera terrestre.
La NASA aprobó el lanzamiento de una nave desarrollada por la empresa emergente Katalyst Space Technologies para interceptar y elevar la órbita de este observatorio, que durante más de dos décadas revolucionó la comprensión de los fenómenos más extremos del universo. Swift, lanzado en 2004 y conocido por detectar estallidos de rayos gamma y otros eventos cósmicos de alta energía, enfrenta una amenaza inesperada: el deterioro acelerado de su órbita.
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La NASA estimaba que el telescopio seguiría operativo hasta 2030, pero la reciente actividad solar intensificó la expansión de la atmósfera superior y el satélite perdió altura a mayor velocidad de la prevista. En menos de veinte años, Swift descendió de 600 a 370 kilómetros sobre la Tierra, lo que puso en riesgo su supervivencia y precipitó una respuesta de emergencia.

La agencia espacial estadounidense adjudicó en septiembre de 2025 un contrato de 30 millones de dólares a Katalyst Space Technologies para construir, en tiempo récord, una nave robótica capaz de elevar la órbita de Swift. Siete meses después, la nave LINK, de 400 kilogramos y tamaño similar a una heladera, se encuentra en fase final de preparación para su lanzamiento desde el atolón de Kwajalein, en el océano Pacífico, a bordo de un cohete Pegasus XL. La premura en el desarrollo tecnológico y logístico de esta operación no tiene precedentes en la historia reciente de la NASA.
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La misión busca ejecutar una maniobra nunca antes realizada en un satélite científico operativo. LINK deberá localizar a Swift en el espacio, inspeccionarlo visualmente para descartar daños por escombros o micrometeoritos, y luego sujetarlo con tres brazos robóticos. Durante seis semanas, utilizará sus propios propulsores para elevar gradualmente el observatorio a una órbita de 600 kilómetros, donde quedará liberado para continuar con sus tareas científicas.
Los ingenieros reconocen que el riesgo es alto, pues Swift nunca fue diseñado para acoplamientos ni reparaciones en órbita, y la precisión de la maniobra exige cálculos milimétricos.
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El impacto potencial de la operación trasciende a Swift. La NASA espera demostrar que es posible prolongar la vida útil de satélites y telescopios a través de servicios robóticos de mantenimiento, reabastecimiento o impulso orbital. “Abre muchas nuevas posibilidades, tanto científicas como comerciales”, afirmó Brad Cenko, investigador principal de la misión Swift.
El éxito de LINK podría sentar las bases para rescatar en el futuro a otros observatorios emblemáticos, como el Telescopio Espacial Hubble, que también muestra signos de deterioro orbital y enfrenta riesgos de reentrada no controlada.
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Mientras se aguarda el lanzamiento de LINK, la NASA implementó medidas de emergencia para ralentizar el descenso de Swift. En febrero de 2026 se suspendieron temporalmente las operaciones científicas y se reorientó el telescopio para reducir la resistencia atmosférica, lo que permitió conservar combustible y ganar tiempo para la misión de rescate.
“Ya la echamos mucho de menos”, reconoció Daniel Perley, astrónomo de la Universidad John Moores de Liverpool, quien trabaja en el estudio de objetos que experimentan cambios rápidos y explosiones en el cosmos. “Es una pena no tenerla ahí”, agregó en diálogo con Nature.
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La comunidad astronómica internacional sigue con atención cada etapa de este operativo. Swift permitió estudiar en tiempo real los estallidos de rayos gamma, eventos que liberan más energía en segundos que el Sol durante toda su existencia.
Su telescopio de “alerta de estallidos” vigila una sexta parte del cielo y puede reorientar sus instrumentos en menos de dos minutos ante cualquier señal de explosión, un atributo sin precedentes en la historia de la astronomía espacial. Esta rapidez de respuesta convirtió a Swift en una herramienta central para la detección de supernovas, fusiones de estrellas de neutrones y eventos relacionados con ondas gravitacionales.
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“No existe otro telescopio espacial que tenga la flexibilidad para observar objetivos con la cadencia y el tiempo de respuesta que tenía Swift”, afirmó Perley. El observatorio también fue clave para coordinar observaciones entre telescopios terrestres y espaciales, lo que permitió avanzar en la comprensión de la física de los eventos más energéticos y breves del universo.

Durante sus más de veinte años en órbita, Swift contribuyó a descubrimientos fundamentales. Ayudó a establecer que las ráfagas de rayos gamma de larga duración provienen de la muerte explosiva de estrellas gigantes, y que las de corta duración tienen su origen en la fusión de estrellas de neutrones. Además, en 2022, participó en la detección de la ráfaga de rayos gamma más potente jamás registrada, conocida como BOAT, considerada la más brillante de todos los tiempos.
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El operativo de rescate de Swift representa un cambio de paradigma para el futuro de la exploración espacial. Hasta ahora, la mayoría de los satélites y telescopios quedaban desechados al agotar su combustible o perder altitud. El desarrollo de tecnologías como LINK introduce la posibilidad de reparar, reabastecer o incluso actualizar observatorios en pleno funcionamiento, lo que podría ahorrar miles de millones de dólares y acelerar la investigación científica.
“Aunque no lo consigan —y hay muchas cosas que pueden salir mal—, los plazos acelerados y el hecho de que gran parte de la toma de decisiones se vaya a realizar en órbita suena a algo increíblemente genial”, dijo Angadh Nanjangud, ingeniero aeroespacial de la Universidad Queen Mary de Londres.
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La NASA publicó nuevas predicciones orbitales para elegir el momento más seguro del encuentro entre LINK y Swift, y minimizar los riesgos asociados a la maniobra. El éxito de esta operación, considerada por los especialistas como un desafío de alta complejidad tecnológica, podría transformar el modo en que se gestiona el patrimonio científico en el espacio.
El precedente de Swift puede influir en la gestión futura de otros activos espaciales. El Telescopio Espacial Hubble —que fue impulsado repetidamente por el transbordador espacial en el pasado— comenzó un descenso lento hacia la atmósfera y podría requerir una intervención similar en la próxima década. “Sé que el equipo del Hubble está siguiendo el proyecto muy de cerca”, comentó Cenko. La posibilidad de que misiones robóticas realicen tareas de rescate y mantenimiento en órbita podría instaurar una nueva era de sostenibilidad y eficiencia para las plataformas científicas espaciales.
La expectativa entre los astrónomos es alta. El propio Daniel Perley sintetizó el sentir de la comunidad científica al afirmar: “Toda la comunidad científica desea fervientemente que esto funcione”.
El rescate de Swift no solo busca preservar las capacidades de un telescopio único, sino también abrir la puerta a una nueva generación de servicios orbitales que permitan extender y optimizar el uso de las inversiones en tecnología espacial. Para quienes estudian el universo a través de sus estallidos más breves y energéticos, “vale la pena intentarlo”.
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