
El hallazgo de que el desarrollo cerebral en la etapa prenatal podría incluir formas iniciales de pensamiento y conciencia ha renovado el interés en la comprensión del origen de la mente humana. New Scientist recoge las opiniones de neurocientíficos, filósofos y expertos en cognición que sostienen que el cerebro está biológicamente preparado, incluso antes del nacimiento, para experiencias primarias.
Científicos señalan que las primeras bases del pensamiento y la conciencia nacen antes del parto, cuando el cerebro fetal forma cerca de 100.000 millones de neuronas y aproximadamente 100 billones de conexiones sinápticas. Estas estructuras se vinculan a la posibilidad de experiencias rudimentarias en el feto, aunque la maduración de funciones cognitivas se extiende a los primeros meses de vida.
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El proceso por el que el cerebro humano se organiza antes de nacer es altamente eficiente. A partir de una estructura embrionaria de apenas tres milímetros, surge el sistema nervioso central, según cita New Scientist. En este periodo, la red de neuronas se establece de manera alineada y estratégica, comparable al sistema de rutas de una ciudad.
La neurocientífica Moriah Thomason, de la Universidad de Nueva York, sostiene que estas conexiones “se están formando de una manera inteligente para que el sistema funcione mejor”. Este diseño inicial facilita una base funcional compleja incluso antes del nacimiento.

Al acercarse la gestación al término, el cerebro fetal muestra una apariencia funcional comparable a la de un adulto. Investigaciones sobre el conectoma reflejan que hasta 61% de la organización funcional del cerebro en desarrollo coincide con la adulta, aunque la especialización plena ocurre durante la infancia. Los especialistas insisten en que no conviene imaginar el cerebro de un feto como una versión en miniatura del cerebro adulto: las funciones complejas llegan más tarde.
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Primeros indicios de conciencia y pensamiento en el desarrollo fetal
Los avances en neuroimagen ofrecen a los investigadores la posibilidad de observar la formación de redes cerebrales tanto en adultos como en fetos. New Scientist detalla que la actividad cerebral y ciertos comportamientos en el útero sugieren la presencia de experiencias conscientes básicas.
El filósofo de la mente Timothy Bayne, de la Universidad Monash, afirma que “ciertamente podría haber fragmentos de experiencia antes del nacimiento y la capacidad de conciencia probablemente está presente”. Sin embargo, aclara que la conciencia significativa tal vez no surge hasta que el bebé enfrenta el mundo exterior.
Después del nacimiento, el cerebro humano experimenta una transformación abrupta. El recién nacido pasa de la flotabilidad del líquido amniótico a la gravedad y debe adaptarse a cambios de temperatura y a un torrente de estímulos visuales. En esta etapa, se refuerza la formación de vainas de mielina y se produce la poda de conexiones, procesos que consolidan y especializan las redes cerebrales.
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En los primeros meses de vida, el desarrollo cognitivo es acelerado: el bebé distingue objetos, sigue movimientos y reconoce rostros y emociones. Bayne considera esencial que los humanos puedan identificar emociones desde el principio, ya que estas entregan claves sobre los estados mentales ajenos.
Adaptabilidad del cerebro humano y papel del entorno
A diferencia de otras especies, el cerebro humano nace “inacabado”, lo que facilita su adaptación al entorno y a la cultura. “Quieres que el cerebro esté inacabado porque quieres que el entorno en el que naces lo termine de formar”, afirma Bayne para New Scientist.
Esto otorga un beneficio evolutivo. Mientras algunos animales nacen capaces de caminar de inmediato, los bebés humanos requieren del cuidado total de los adultos. La vulnerabilidad inicial y la neuroplasticidad permiten que el cerebro se adapte según las experiencias y la interacción cultural tras el nacimiento.
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Thomason describe el nacimiento como “casi una agresión” para el sistema nervioso. La mielinización y la separación de redes neuronales sellan las conexiones principales y preparan al recién nacido para interactuar con el mundo exterior.

A largo plazo, la inmadurez cerebral favorece el aprendizaje, la sociabilidad y el desarrollo de la inteligencia, capacidades que se consolidan con la interacción constante entre el bebé y su entorno.
Debate filosófico sobre conciencia y pensamiento
A pesar de los avances científicos, el debate sobre la relación entre conciencia y pensamiento continúa abierto. New Scientist cita al filósofo Philip Goff, de la Universidad de Durham, quien plantea: “¿Se puede pensar sin conciencia? ¿Puede haber conciencia sin pensamiento?”.
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Bayne argumenta que el pensamiento está más relacionado con la habilidad de actuar que con la simple presencia de experiencias conscientes. Por ejemplo, meses después de nacer, los bebés descubren que pueden mover un móvil colgante con sus acciones, y experimentan frustración o satisfacción según logren sus objetivos. Para Bayne, esas emociones reflejan los primeros pensamientos intencionados.
La científica cognitiva Anna Ciaunica, de la Universidad de Lisboa, advierte sobre el sesgo adulto que supone que pensamiento y conciencia solo aparecen tras el nacimiento o requieren conceptos sofisticados. Sostiene que “la existencia viene primero, el conocimiento después”.
La interacción prenatal y la construcción temprana del yo

Las primeras experiencias sensoriales y la convivencia con la madre durante la gestación contribuyen a formar un sentido básico del “yo” en el ser humano antes de nacer. New Scientist menciona que estudios recientes indican que los bebés de madres bilingües tienen patrones de llanto diferentes, lo que sugiere que las vivencias prenatales influyen en la formación de la identidad y las preferencias cognitivas.
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Ciaunica explica que la interacción constante con la madre es el núcleo de la experiencia prenatal. El desarrollo del sistema nervioso entérico y la temprana especialización olfativa respaldan la idea de que la integración sensorial y la construcción del “yo” comienzan en etapas precoces.
Según destaca New Scientist, esta etapa no se reduce al cerebro, ya que la relación entre cuerpo y entorno se establece antes del nacimiento y es clave para la futura orientación y supervivencia del individuo.
La primera experiencia auténtica de la mente humana parece estar definida por el reconocimiento de otra presencia. La conciencia empieza a forjarse desde el vínculo con el otro, acompañando al pensamiento y la identidad a lo largo de toda la vida.
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