
Un esqueleto de unos 12.000 años fue descubierto en una cueva de Vietnam. El hallazgo aporta indicios de uno de los asesinatos más antiguos que se hayan documentado en la historia humana.
Los resultados del análisis de los fósiles fueron publicados en la revista Proceedings of the Royal Society B.
El esqueleto había sido hallado en la cueva Thung Binh 1, situada en el Complejo Paisajístico de Tràng An, una zona reconocida como Patrimonio Mundial.
Los trabajos arqueológicos se llevaron a cabo entre 2017 y 2018, en colaboración con expertos de la Universidad de Oxford y otras instituciones del Reino Unido, Vietnam y Dinamarca.

El individuo, identificado como TBH1, era un hombre adulto de aproximadamente 35 años.
Su esqueleto se encontraba fragmentado, pero el equipo pudo reconstruirlo para analizar los detalles de su vida y su muerte.
La datación por radiocarbono de restos de carbón ubicados junto al cuerpo permitió estimar que la sepultura se realizó entre 12.500 y 12.000 años atrás.
TBH1 era miembro de una comunidad cazadora-recolectora que habitaba la región al final de la última Edad del Hielo.
Un proyectil antiguo y una fractura clave

El estudio determinó que este hombre no presentaba enfermedades ni daños antiguos que expliquen su fallecimiento.
Los análisis sí revelaron una “costilla cervical”, un hueso extra poco común, fracturada por un golpe violento.
Junto a la fractura apareció un pequeño fragmento de cuarzo tallado, considerado por los autores como un proyectil.
El artefacto no coincide con las herramientas líticas usadas en la cueva ni con otros objetos de sitios cercanos.
Según los investigadores, este proyectil pudo haber sido fabricado por otro grupo o traído de otra región, lo que sugiere la posibilidad de contactos o enfrentamientos entre comunidades diferentes.

Los autores, entre quienes se cuenta a Christopher Stimpson del Museo de Historia Natural de la Universidad de Oxford, interpretaron que TBH1 recibió un impacto en el cuello con este proyectil, lo que le causó una grave fractura ósea.
Después del golpe, el individuo sufrió una infección ósea (osteomielitis), causada por bacterias que penetraron el hueso por la herida. Esta infección habría sido fatal días o semanas después del ataque.
La combinación de una lesión traumática, una infección mortal y la presencia de un proyectil no local refuerza la hipótesis de un acto violento y posiblemente intencional.
Los investigadores aclaran que no pueden descartar completamente un accidente, aunque la evidencia existente favorece la hipótesis de homicidio.
El esqueleto TBH1 y las evidencias de violencia

La importancia del caso TBH1 radica en ser uno de los ejemplos más antiguos de violencia interpersonal prehistórica conocidos en Asia continental.
Este hallazgo permite abrir nuevas discusiones sobre el origen del conflicto entre humanos en la región.
Los investigadores consideran que se trata de un homicidio porque el esqueleto presenta una fractura en una costilla cervical causada por el impacto de un proyectil de cuarzo, una piedra tallada de origen no local que fue hallada junto al hueso lesionado.

Además, esa herida provocó una infección ósea mortal y no hay evidencia de accidentes que expliquen la lesión, por lo que la combinación de estos factores apunta a un acto violento intencional.
Sin embargo, hay que considerar que el hallazgo no constituye una evidencia concluyente de que se trate del primer asesinato registrado en la historia, pero sí representa uno de los ejemplos más antiguos conocidos de posible homicidio documentado con pruebas directas en Asia continental.

El estudio compara lo sucedido con TBH1 con otros casos emblemáticos, como la necrópolis prehistórica de Jebel Sahaba en África, donde restos humanos de hace 13.000 años muestran señales de ataques, y el caso de Ötzi, el Hombre de Hielo, que murió en los Alpes hace 5.300 años como resultado de una herida de flecha.
Los restos de TBH1 aportan una rara oportunidad para vincular una lesión ósea, la infección y un arma probablemente causal, en un contexto arqueológico tan antiguo.
El hallazgo amplía el registro de la violencia humana y genera preguntas sobre las dinámicas entre las primeras comunidades que poblaron el sudeste asiático.
La evidencia encontrada en Thung Binh 1 plantea un desafío para la comprensión de la convivencia y los conflictos en los orígenes de la humanidad.
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