
La atracción humana por la muerte, el crimen y el peligro despertó el interés tanto de científicos como del público general. Para Coltan Scrivner, investigador del comportamiento y autor, esta curiosidad tiene raíces profundas en la evolución.
En una entrevista reciente con el podcast Modern Wisdom, Scrivner analizó los mecanismos psicológicos y adaptativos que explican el papel del interés por lo oscuro en la supervivencia y el aprendizaje.
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Scrivner, especialista en curiosidad morbosa, contó que su interés nació de experiencias personales y paradojas en la conducta humana. Aunque de niño disfrutaba del cine de terror, durante sus estudios en antropología, biología y psicología comenzó a cuestionar este fenómeno.
“Me cómo las personas distinguen entre la violencia aceptada y la inaceptable”, explicó el investigador, quien orientó su carrera hacia la psicología del miedo y la atracción por el peligro.
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Curiosidad morbosa y aprendizaje evolutivo
Según Scrivner, la curiosidad morbosa es una herramienta evolutiva que permite aprender sobre amenazas sin necesidad de asumir riesgos reales. Mientras que otros animales solo adquieren experiencia en situaciones de peligro reales, los humanos pueden nutrirse de relatos, películas o juegos que simulan escenarios amenazantes.

“Podemos obtener los beneficios del aprendizaje sobre amenazas sin pagar el costo de enfrentarlas”, afirmó en su conversación con Chris Williamson, conductor del podcast. Esta capacidad de “ensayar” eventos peligrosos en ambientes seguros constituye, en palabras de Scrivner, “como un caramelo para la mente”.
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Durante su investigación, identificó cuatro dominios principales de la curiosidad morbosa. El primero es la violencia, relacionada con la observación de conflictos físicos, tanto en deportes como la UFC como en peleas callejeras.
El segundo dominio abarca el interés por las mentes peligrosas, es decir, el deseo de comprender a quienes pueden cometer actos violentos, como sucede en historias de crimen real. El tercer ámbito se refiere a las violaciones corporales, donde la atención recae en heridas y lesiones, no solo por su impacto visual, sino por la información sobre el origen y la gravedad del peligro.
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Finalmente, el cuarto dominio incluye lo sobrenatural o paranormal: la fascinación por fantasmas, brujas y alienígenas, entidades cuya amenaza es incierta y difícil de comprender. “El hilo conductor entre estos dominios es la búsqueda de información sobre aquello que puede hacernos daño y cómo evitarlo”, resumió.
Estos cuatro dominios se reflejan ampliamente en la cultura popular. Las películas de terror, los documentales de true crime y los videojuegos recrean escenarios donde el peligro puede explorarse sin consecuencias reales.
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El investigador señaló que los relatos de crímenes y las historias de supervivencia resultan especialmente atractivos porque permiten aprender estrategias para evitar o escapar de situaciones amenazantes. Incluso los sueños, según estudios que mencionó durante la charla, cumplen una función similar al simular amenazas y preparar respuestas ante ellas.
Diferencias individuales y de género en la curiosidad morbosa
La curiosidad morbosa varía de una persona a otra. Destacó que la personalidad, la edad y la sensibilidad al asco influyen, pero ninguna de estas variables explica completamente las preferencias individuales.
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“En mis estudios, la psicopatía subclínica, especialmente la rebeldía, mostró la correlación más fuerte con la curiosidad morbosa, pero solo explica una parte del fenómeno”, indicó.
Además, la edad es un factor relevante: la juventud tiende a mostrar un interés mayor por estos temas, consistente con la necesidad evolutiva de adquirir conocimientos sobre amenazas durante la etapa de mayor exploración y vulnerabilidad.
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Respecto a las diferencias de género, Scrivner observó que los hombres suelen sentirse más atraídos por la violencia explícita, mientras que las mujeres tienden a interesarse más por historias de mentes peligrosas y true crime.
Los podcasts y libros de crimen real concentran una audiencia mayoritariamente femenina, mientras que los relatos de guerra y los deportes de combate atraen principalmente a hombres.
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“Las historias que resultan más relevantes para cada grupo suelen estar relacionadas con los tipos de amenazas que históricamente han enfrentado”, explicó Scrivner en Modern Wisdom.
Scrivner realizó un estudio en el cual comprobó que las personas con mayor interés por el horror y el true crime reportaron niveles más altos de resiliencia psicológica, menor ansiedad y mayor optimismo ante la incertidumbre.
“Incluso controlando factores como la personalidad y la situación económica, los más curiosos ante lo morboso se adaptaron mejor a la crisis”, señaló el investigador.
Un fenómeno desde la infancia
Uno de los mitos extendidos sostiene que el consumo de horror o violencia en medios reduce la empatía. El investigador desmintió esa creencia, argumentando que la empatía es esencial para disfrutar este tipo de historias, ya que permite identificarse con el protagonista en peligro.

“No hay evidencia de que los aficionados al horror sean menos compasivos”, afirmó, aunque reconoció que existen excepciones, como individuos con psicopatía extrema, que pueden consumir estos contenidos por motivaciones distintas.
La curiosidad morbosa se manifiesta desde la infancia, especialmente en el juego y la ficción. El entrevistado relató su experiencia como monitor de campamentos infantiles, donde observó que los niños tienden a crear historias violentas. “Sin que nadie los incite, los niños muestran un deseo natural de explorar lo macabro en un entorno controlado”, comentó.
Prepararse para lo desconocido
En el ámbito cinematográfico, Scrivner propuso que la esencia del horror radica en la presencia de un antagonista formidable y un protagonista vulnerable, estructura que no suele verse en otros géneros.

Las películas de zombies resultan especialmente atractivas porque reúnen los cuatro dominios de la curiosidad morbosa: violencia, mentes peligrosas, violaciones corporales y lo paranormal. “Los zombies son como violaciones corporales ambulantes, y sus historias exploran todos los aspectos que nos inquietan”, sostuvo el experto.
Lejos de ser un mero entretenimiento, la curiosidad morbosa cumple una función esencial al preparar a las personas para enfrentar amenazas reales. La exposición segura a escenarios peligrosos facilita el aprendizaje de conocimientos y habilidades valiosas para la vida cotidiana.
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