
El modo en que las personas perciben un aroma varía notablemente, incluso cuando se trata de fragancias que evocan recuerdos o emociones intensas.
Esta diferencia individual fue confirmada por un reciente estudio publicado en Nature, citado por Scientific American, donde se revela que la experiencia olfativa es profundamente personal, a pesar de que existen ciertos patrones generales.
De acuerdo con la investigación, los aromas familiares y aquellos con moléculas complejas suelen resultar más agradables y este hallazgo impulsa el avance de tecnologías inteligentes con capacidad olfativa, como las narices digitales.
El estudio: experiencias asociadas y patrones comunes

La investigación, dirigida por la psicóloga Antonie Louise Bierling de la Universidad Friedrich Schiller de Jena, Alemania, reunió a 1.227 voluntarios para evaluar 73 compuestos moleculares diferentes.
El propósito era entender de qué modo las personas describen y califican los olores, así como determinar los factores que influyen en que un aroma resulte placentero o desagradable. Según Scientific American, los participantes calificaron cada olor y debían asociarlo a distintos descriptores.
Los resultados demostraron gran diversidad en las respuestas individuales. Bierling explicó a Scientific American que la percepción olfativa se basa en las experiencias personales de cada individuo: “Depende de lo que la gente haya asociado con el olor… en mi opinión, habría sido realmente sorprendente que el mismo olor resultara agradable para todos. ¿Por qué debería ser así?”. Esta reflexión destaca la influencia de la memoria y la vivencia personal en la valoración de los aromas.

Pese al alto grado de variabilidad, se identificaron tendencias comunes. Los aromas más familiares y las estructuras moleculares complejas recibieron las puntuaciones más altas de agradabilidad. Los análisis mostraron que estos aromas ocupaban el cuadrante superior derecho en los gráficos, donde se agrupan las percepciones positivas.
Aplicaciones y descriptores olfativos
Los hallazgos obtenidos tienen un alcance que supera la mera comprensión del olfato humano. Esta información permitirá mejorar tecnologías de detección, como narices digitales, con potencial en ámbitos como la salud —mediante la identificación temprana de enfermedades a través del aliento— o en el hogar inteligente, con la capacidad de detectar alimentos en mal estado o supervisar la cocción a través del olor.
El estudio profundizó además en la relación entre la percepción y los descriptores utilizados. Los voluntarios asociaron cada olor con 16 términos, tales como “dulce”, “floral”, “frutal”, “químico” o “decadente”.

El descriptor “dulce” resultó ser el más vinculado a los aromas agradables, con una diferencia de +27 en la puntuación respecto a quienes no lo usaban. Por el contrario, “decadente” registró una diferencia de –35, situándose como el descriptor relacionado con percepciones más desagradables.
Descriptores como “floral”, “frutal”, “panadería”, “hierba”, “madera” y “especias” se asociaron con valoraciones positivas, mientras que “químico”, “pescado”, “sudoroso”, “amoníaco/urinario” y “decadente” se relacionaron con juicios negativos.
La investigación evidenció que la complejidad molecular incide en la percepción de los olores. Los compuestos con mayor riqueza estructural, en una escala que en este estudio fue de 10,8 (alcohol isopropílico) a 366 (tonalide), recibieron mejores valoraciones. Esta relación indica que la variedad de matices en las moléculas favorece interpretaciones más placenteras, un dato relevante para el desarrollo de nuevas fragancias y la programación de dispositivos detectores.

La investigación publicada en Scientific American ilumina la subjetividad del sentido del olfato, al mismo tiempo que sienta las bases para nuevas tecnologías capaces de interpretar la complejidad olfativa, abriendo oportunidades en la salud, la seguridad alimentaria y la automatización del hogar.
Los expertos coinciden en que, a medida que avance la comprensión de la percepción olfativa, será posible personalizar fragancias y soluciones aromáticas adaptadas a las preferencias individuales. Este enfoque promete transformar tanto la industria del perfume como la experiencia sensorial cotidiana.
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