
El aceite de oliva, tradicionalmente considerado uno de los pilares de la dieta saludable, podría tener un efecto inesperado sobre el aumento de peso. Así lo sugiere una investigación publicada el pasado 22 de abril de 2025 en la revista Cell Reports, realizada por equipos de las universidades de Oklahoma, Yale y Nueva York.
El trabajo identificó que el ácido oleico —principal componente graso del aceite de oliva— favorece la formación de nuevas células grasas y puede generar un incremento mayor de masa grasa frente a otras grasas, al menos en modelos animales. Estos resultados abren un debate sobre el papel real de las grasas monoinsaturadas en la salud y la obesidad.
Ácido oleico: más allá de sus beneficios tradicionales

El ácido oleico es una grasa monoinsaturada (omega-9) presente en altas concentraciones en el aceite de oliva y también en aceites de canola, girasol, nueces, carnes, quesos, huevos y palta. Tradicionalmente, su consumo se ha vinculado con beneficios cardiovasculares y mayor longevidad. Sin embargo, la investigación señala que, bajo ciertas condiciones, el ácido oleico estimula la proliferación de células precursoras de grasa, aumentando la capacidad del cuerpo para almacenar nutrientes de sobra.
Michael Rudolph, coautor del estudio y profesor asistente de bioquímica y fisiología en la Universidad de Oklahoma, explicó a Cell Reports: “Cuando se da ácido oleico, inicialmente aumenta el número de ‘soldados’ de células grasas, lo que crea una mayor capacidad para almacenar nutrientes en exceso”. Añadió que esta expansión del “ejército” de células grasas puede derivar en obesidad si la ingesta calórica supera la capacidad de almacenamiento, con el consiguiente mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y diabetes.
El mecanismo identificado incluye dos proteínas clave: AKT2 y LXR. El ácido oleico altera la actividad de estas proteínas, lo que acelera el desarrollo de células precursoras que generan nuevas células grasas. El estudio comprobó que este efecto es específico del ácido oleico: otras grasas presentes en la dieta no produjeron el mismo aumento en la formación de células grasas.
Comparación con otras grasas en modelos animales
Los investigadores alimentaron ratones con dietas ricas en diferentes aceites y grasas, incluyendo aceite de oliva, coco, maní, leche, manteca de cerdo y soja. Los resultados mostraron que las dietas altas en ácido oleico provocaron un aumento significativo en la proliferación de células precursoras de grasa, a diferencia de lo que ocurrió con otras grasas, como las del aceite de coco.
En experimentos adicionales con administración de ácido oleico directamente en la sangre, los animales presentaron mayores niveles de esta grasa en plasma asociados a un incremento de células precursoras de grasa. El análisis de datos del UK Biobank realizado por los investigadores indicó que niveles elevados de ácidos grasos monoinsaturados en el plasma, compuestos mayoritariamente por ácido oleico, se asociaban con más riesgo de obesidad en humanos.
Moderación y variedad: el mensaje de los especialistas

A pesar de estos hallazgos, los autores del estudio insisten en que ni el aceite de oliva ni el ácido oleico deben demonizarse. El Dr. Rudolph subrayó en Cell Reports: “El mensaje principal es la moderación y consumir grasas de diversas fuentes. Niveles relativamente equilibrados de ácido oleico parecen ser beneficiosos, pero niveles altos y prolongados pueden ser perjudiciales”. Advirtió que, para ciertas personas con riesgo cardiovascular elevado, una ingesta alta de ácido oleico podría no resultar adecuada.
El equipo resalta la importancia de una dieta equilibrada y diversa en cuanto al origen de las grasas. Además, advierte que el aumento del uso de aceites ricos en ácido oleico en la industria alimentaria, impulsado por sus supuestos beneficios, podría tener efectos imprevistos si su consumo se vuelve excesivo.
Beneficios previos y panorama actual

Durante años, el ácido oleico y aceite de oliva recibieron elogios por sus efectos saludables. Estudios pasados los vincularon a mayor longevidad, envejecimiento saludable, reducción de inflamación y menor riesgo de obesidad y enfermedades cardiacas. Estos beneficios favorecieron la popularización de aceites vegetales altos en ácido oleico como el de canola o girasol en la alimentación moderna.
No obstante, el nuevo estudio introduce un matiz relevante: el ácido oleico puede favorecer la formación de células grasas y el aumento de masa grasa según la cantidad y duración de la exposición. “Niveles relativamente equilibrados parecen ser beneficiosos, pero niveles altos y prolongados pueden ser perjudiciales”, reiteró el Dr. Rudolph. Esta advertencia gana peso en un contexto donde el consumo de aceites vegetales ricos en ácido oleico ha aumentado drásticamente en las últimas décadas.
Limitaciones y próximos pasos
El propio estudio, según destaca Cell Reports, advierte que los experimentos se llevaron a cabo solo en ratones, por lo que los resultados no pueden trasladarse de forma directa a humanos. Así lo señalaron los investigadores: “Dado que el estudio se realizó solo en ratones, sus hallazgos pueden no traducirse directamente al efecto del ácido oleico en humanos”.
La complejidad de las mezclas de ácidos grasos en los alimentos y la imposibilidad de aislar por completo el efecto de un solo tipo de grasa en la dieta humana son otras limitaciones relevantes del estudio. Por tanto, los autores consideran prioritario ampliar la investigación antes de sacar conclusiones definitivas para la salud pública.
Reflexión y moderación: una advertencia para la dieta moderna
La investigación liderada por las universidades de Oklahoma, Yale y Nueva York, recogida en Cell Reports, abre nuevas preguntas sobre el papel del ácido oleico en la acumulación de grasa corporal y la obesidad. Los autores insisten en que la moderación y la variedad en el consumo de grasas siguen siendo fundamentales, y desaconsejan extraer conclusiones apresuradas sobre los efectos del aceite de oliva en la salud humana sin nuevos estudios que lo confirmen.
Estos hallazgos permiten reflexionar sobre la transformación de la dieta moderna y la necesidad de seguir evaluando los impactos de los diferentes tipos de grasas en la salud pública. Como resumió el Dr. Rudolph: “El mensaje principal es la moderación y consumir grasas de diversas fuentes”.
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