
Un estudio de la Universidad de Texas en Austin aporta nuevas perspectivas sobre la convivencia de los dinosaurios durante el Jurásico Superior. La clave habría radicado en dietas sumamente especializadas, mucho más de lo que se creía.
Al analizar isótopos de calcio en dientes fósiles hallados en la Cantera Carnegie, noreste de Utah, los investigadores plantearon que diferentes especies de dinosaurios herbívoros seleccionaban partes específicas de las plantas, lo que hizo posible que varias criaturas gigantes compartieran el mismo hábitat sin competencia directa por alimento.
Este hallazgo fue publicado en la revista Science.
Los isótopos de calcio como ventana al pasado

El equipo, encabezado por Liam Norris, egresado de doctorado de la Escuela Jackson de Geociencias, aplicó una técnica novedosa: el análisis de isótopos de calcio presentes en el esmalte de dientes fósiles.
Esto permitió identificar diferencias químicas ligadas a los alimentos consumidos, ya que cada parte de las plantas y tipo de vegetación tiene una firma isotópica distinta.
Para su estudio, Norris y sus colegas examinaron dientes de cinco especies que vivieron en el oeste de Estados Unidos hace unos 150 millones de años. Los herbívoros analizados fueron Camarasaurus (cuello largo), Camptosaurus (brazos cortos) y Diplodocus (patas robustas).
Entre los carnívoros, incluyeron a Allosaurus (depredador bípedo) y Eutretauranosuchus (crocodiliforme de menor tamaño).

Los ejemplares estudiados, procedentes del Museo del Parque Estatal de Historia Natural de Utah Field House o recolectados en el Monumento Nacional de los Dinosaurios, fueron sometidos a un proceso de extracción y análisis de muestras de esmalte dental en la Escuela Jackson con la colaboración de John Lassiter y Aaron Satkoski, coautores responsables de la interpretación de los datos geoquímicos.
Cómo los herbívoros evitaron la competencia
El resultado central del estudio radicó en la marcada diferenciación de las dietas entre los dinosaurios herbívoros. Hasta ahora, la paleontología suponía que el acceso a distintos niveles de vegetación, determinado por la altura de los dinosaurios, explicaba la diversidad dietaria.
Sin embargo, los resultados de Norris demuestran que la elección de partes concretas de las plantas fue un factor más relevante.

El análisis de isótopos de calcio mostró que el Camptosaurus tenía preferencia por las partes blandas y nutritivas de las plantas, como hojas y brotes. Por su parte, el Camarasaurus consumía principalmente coníferas y tejidos leñosos.
El Diplodocus exhibía una dieta más diversa, compuesta tanto por helechos blandos como por plantas de cola de caballo de bajo porte y partes resistentes de la vegetación.
Norris manifestó: “La idea es que todos comían cosas diferentes, y ahora hemos encontrado pruebas de ello”.
Según Norris, unir datos geoquímicos y morfológicos aportó una evidencia concreta y complementa lo extraído de los fósiles.
El estudio, además, respaldó la hipótesis de que los dinosaurios de cuello largo tenían una gran flexibilidad cervical, lo que les permitía acceder a distintos sectores de vegetación sin desplazar el cuerpo completo.

Así, la especialización alimentaria y la capacidad de alcanzar diferentes plantas resultaron cruciales para la convivencia de especies gigantescas en el mismo ecosistema.
Los carnívoros y su rol en la red trófica jurásica
Sobre los carnívoros, el análisis de dientes de Allosaurus y Eutretauranosuchus reveló valores de isótopos de calcio que sugieren cierto solapamiento en recursos alimenticios, aunque cada uno mantenía preferencias distintas.
Los datos apuntan a que Eutretauranosuchus consumía peces, mientras que Allosaurus se alimentaba sobre todo de dinosaurios herbívoros, probablemente incluyendo a Camptosaurus, Camarasaurus y Diplodocus.
El estudio confirmó que Allosaurus no ingería cantidades significativas de hueso, lo que lo define como un carnívoro especializado en carne y no carroñero. La ausencia de señales isotópicas propias de la ingestión ósea respalda esta conclusión.

Pese a la coincidencia parcial de valores isotópicos, cada carnívoro ocupaba un nicho ecológico separado. Esta partición de nichos fue esencial para la estabilidad y diversidad del ecosistema jurásico.
Los resultados indicaron que la partición de nichos fue indispensable para que varias especies de grandes dinosaurios coexistieran durante millones de años sin agotar los recursos vegetales.
Norris sostuvo: “Es realmente una prueba más de que este ecosistema era tan espectacular como pensábamos que era”. La investigación proporcionó evidencia concreta de que la diversidad de hábitos alimenticios fue clave en el éxito evolutivo de estos animales.

Rowan Martindale, profesor asociado y coautor del estudio, resaltó el valor de este sitio: “La tumba jurásica preservó una joya paleontológica única y estos esqueletos se exhiben magníficamente en el Monumento Nacional de los Dinosaurios”.
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