Desde la estadística hasta la psicología, distintas disciplinas intentaron comprender si la suerte es un fenómeno real o una percepción humana. ¿Somos víctimas del azar o existe una explicación detrás de cada hecho aparentemente fortuito?
En octubre de 2024, un carpintero de Carolina del Norte encontró un billete de 20 dólares y lo usó para comprar un boleto de lotería. Ganó un millón. ¿Fue pura suerte o una improbable cadena de causas?
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Frente a casos como este, la ciencia ofrece respuestas diversas. Para la estadística, la suerte existe como resultado de probabilidades. Según Jeffrey Rosenthal, profesor de Ciencias Estadísticas de la Universidad de Toronto, “Si entiendes la suerte como un evento aleatorio fuera de tu control, claro que existe. Pero si la ves como una fuerza mágica que hace que te pasen cosas buenas, eso no tiene respaldo científico”.
La probabilidad y el azar: entre el cálculo y la sorpresa
Rosenthal, autor de A Cara O Cruz: El sorprendente mundo de las probabilidades, recuerda que los eventos improbables, como lanzar diez veces seguidas una moneda y obtener siempre el mismo resultado, no son imposibles. Son poco frecuentes, pero dentro de lo esperable. Incluso dirigió un estudio sobre póker que demostró que parte del éxito en el juego depende de la habilidad, pero otra parte se debe al azar.
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En 2018, Alessandro Pluchino, de la Universidad de Catania, publicó una investigación en MIT Technology Review que refuerza esta visión. Simuló carreras laborales con diferentes niveles de talento y azar. Concluyó que el éxito estaba más vinculado a las oportunidades fortuitas que al talento.
Nassim Taleb, en su libro ¿Existe la suerte? Las trampas del azar, ilustra el impacto del azar con una metáfora: si millones de monos lanzaran dardos a una lista de acciones bursátiles, algunos acertarían, no por habilidad, sino por probabilidad.
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La ley de los grandes números, una base de la estadística, señala que a largo plazo lo aleatorio tiende a equilibrarse. Es decir, aunque un evento fortuito pueda parecer injusto o extraordinario, con el tiempo las probabilidades se distribuyen.
La física: ¿todo tiene causa salvo en lo cuántico?

La física, sin embargo, ofrece una perspectiva distinta. Para esta disciplina, los eventos tienen causas, incluso si no podemos conocerlas todas. Según Antonio Acín, investigador del Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO), con suficiente información y capacidad de cálculo se podría predecir, por ejemplo, qué número saldrá en la lotería.
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Pero hay una excepción: el mundo cuántico. A escala subatómica, el azar es real. Acín y su equipo lo comprobaron en 2010 al generar bits de información completamente aleatorios a través de un experimento cuántico. Allí, las leyes de Newton y Einstein no se aplican, y ni siquiera con información total se puede anticipar el resultado.
Aunque de momento esta aleatoriedad cuántica tiene pocas aplicaciones prácticas, es útil para desarrollar sistemas de cifrado imposibles de predecir.
La psicología: actitud y percepción ante el azar
En otro enfoque, la psicología se pregunta por qué algunas personas se consideran más afortunadas que otras. El psicólogo Richard Wiseman, de la Universidad de Hertfordshire, estudió durante diez años a 400 personas. Descubrió que quienes se definían como “con suerte” compartían rasgos comunes: eran más relajadas, abiertas al entorno, seguían su intuición, tenían expectativas positivas y afrontaban los contratiempos con resiliencia.
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En uno de sus experimentos, entregó a los participantes un periódico y les pidió contar las fotos lo más rápido posible. Las personas “desafortunadas” tardaron mucho más que las “afortunadas”, que vieron rápidamente un mensaje que decía: “Deja de contar, hay 43 fotos en este periódico”. El estrés y la actitud influían directamente en su capacidad para detectar oportunidades.
El libre albedrío y la creación de oportunidades
El biólogo David Bueno, experto en neurociencia de la Universidad de Barcelona, coincide: si bien nuestras decisiones están condicionadas por la biología, la genética y el entorno, existe cierto margen de libertad. “El cerebro propone varias respuestas posibles, pero podemos inhibir algunas y dejar fluir otras”, afirma. A su juicio, el estrés es el mayor enemigo del libre albedrío, ya que impide que el cerebro filtre opciones adecuadamente.
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La conclusión general, desde distintas ramas del conocimiento, parece coincidir: hay factores que escapan al control humano, pero también hay espacio para la decisión. No se puede controlar el azar, pero sí la forma de reaccionar ante él.
Crear nuestra propia suerte, entonces, no implica influir en lo aleatorio, sino estar atentos, preparados y con una actitud que favorezca el aprovechamiento de las oportunidades cuando estas surjan.
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