
Sin oídos ni cerebro, pero capaces de “escuchar”. Un reciente descubrimiento científico reveló que las plantas perciben su entorno de formas insospechadas, y pueden sentir el zumbido de las abejas para, así, incrementar la producción y calidad de su néctar.
Este hallazgo, presentado en la 188ª Reunión conjunta de la Sociedad Acústica de América y el 25º Congreso Internacional de Acústica en Nueva Orleans y publicado en la Acoustical Society of America (ASA), abre la puerta a nuevas estrategias ecológicas para mejorar la polinización de cultivos, según informó The Guardian.
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La investigación, liderada por la profesora Francesca Barbero, zoóloga de la Universidad de Turín, se centra en la relación entre las plantas bocas de dragón y las abejas caracoleras (Rhodanthidium sticticum), polinizadores clave para esta especie vegetal.
El equipo de Barbero demostró que las plantas aumentan tanto el volumen como el contenido de azúcar de su néctar cuando detectan el zumbido característico de estas abejas, lo que sugiere una interacción mucho más activa entre plantas y polinizadores de lo que se había considerado hasta ahora.
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Cómo las plantas detectan el zumbido y responden con más néctar
El estudio liderado por la experta de la Universidad de Turín aporta evidencia de que las plantas pueden captar señales vibroacústicas, es decir, vibraciones y sonidos del entorno, y responder a ellas de manera específica. Los investigadores observaron que, al exponer a las bocas de dragón a grabaciones del zumbido de las abejas caracoleras, incrementaban la cantidad de néctar producido, elevando la concentración de azúcar en el mismo.
Este fenómeno se acompañó de cambios en la expresión genética de las plantas, particularmente en los genes relacionados con el transporte de azúcar y la producción de néctar. La respuesta de las bocas de dragón no se activó ante cualquier sonido, sino que fue específica para el zumbido de los polinizadores eficaces, lo que apunta a una capacidad de discriminación acústica notable en las plantas.
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Aunque el mecanismo exacto por el cual las plantas “escuchan” aún no se esclareció por completo, la profesora Barbero explicó que podrían intervenir mecanorreceptores, células especializadas en detectar estímulos mecánicos como vibraciones, presión o tacto. “Las plantas no tienen cerebro, pero pueden percibir el entorno y responder en consecuencia”, afirmó la investigadora.
Estrategia evolutiva: distinguir polinizadores de ladrones de néctar

El hallazgo sugiere que la capacidad de las plantas para distinguir entre diferentes tipos de visitantes mediante señales vibroacústicas podría representar una estrategia evolutiva para maximizar los beneficios de la polinización.
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Las plantas parecen favorecer a los polinizadores legítimos, como las abejas caracoleras, incrementando la recompensa de néctar cuando detectan su presencia, mientras que no muestran la misma respuesta ante otros insectos, como las avispas no polinizadoras o los llamados "ladrones de néctar“.
Estos últimos, a diferencia de los polinizadores, extraen néctar sin contribuir a la reproducción de la planta. La profesora Barbero señaló que “la capacidad de distinguir a los polinizadores que se acercan basándose en sus distintivas señales vibroacústicas podría ser una estrategia adaptativa para las plantas”. De este modo, logran optimizar la inversión de recursos en néctar, asegurando que la mayor parte de este se destine a atraer a los insectos que realmente facilitan la polinización.
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El experimento: grabaciones, especies y resultados
Para comprobar su hipótesis, el equipo de la Universidad de Turín diseñó un experimento en el que se expusieron plantas bocas de dragón a diferentes tipos de sonidos: utilizaron grabaciones del zumbido de las abejas caracoleras, que son polinizadores eficientes de las bocas de dragón, y las compararon con sonidos producidos por una avispa no polinizadora y con ruidos ambientales.

Los resultados mostraron que solo el zumbido de las abejas caracoleras provocó un aumento significativo en la producción y calidad del néctar, así como una alteración en la expresión de genes relacionados con el transporte de azúcar. En contraste, los sonidos de las avispas y los ruidos ambientales no generaron la misma respuesta en las plantas.
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Este diseño experimental permitió a los científicos descartar que la reacción de las plantas fuera una respuesta general a cualquier vibración o sonido, y confirmó que la señal acústica específica de los polinizadores desempeña un papel clave en la interacción planta-insecto.
Tras el estudio, la profesora Barbero subrayó la relevancia de estos resultados en el contexto de la biología vegetal y la ecología de la polinización: “Hay cada vez más evidencia de que tanto los insectos como las plantas pueden detectar y producir, o transmitir, señales vibroacústicas”.
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Además, destacó que este descubrimiento se suma a la creciente lista de formas en que las plantas perciben y responden a su entorno, incluyendo la detección de insectos beneficiosos y dañinos, así como factores ambientales como la temperatura, la sequía y el viento. “Las plantas no tienen cerebro, pero pueden percibir el entorno y responder en consecuencia”, reiteró la investigadora.
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