
Mueve sus bigotes de un lado al otro, tanteando el aire, buscando un borde, una textura, una señal. Así explora el mundo un ratón, igual que lo hace un humano con la punta de los dedos. El sentido del tacto, que permite desde reconocer un objeto hasta anticipar un peligro, está presente en casi todos los animales. Pero aún se desconocen muchas claves sobre cómo procesa el cerebro esta información. ¿Es lo mismo tocar algo que ser tocado? Según informó Medical Xpress, un equipo de investigadores de Alemania acaba de demostrar que no.
Científicos de la Universidad de Heidelberg y la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich comprobaron que el tacto activo y el pasivo siguen rutas distintas dentro del cerebro. Su trabajo, publicado en la revista de acceso abierto PLOS Biology, muestra cómo diferentes regiones del tálamo, la estructura cerebral que procesa casi todos los sentidos, reaccionan según el tipo de estímulo táctil.
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Qué diferencia al tacto activo del pasivo
Tal como detalló Medical Xpress, el tacto activo implica una acción voluntaria: buscar, explorar, manipular. El pasivo, en cambio, ocurre sin intención: una ráfaga de aire, una caricia inesperada, una rama que roza la piel. Ambos generan una sensación táctil, pero tienen significados y consecuencias muy distintas para un organismo.
A su vez, los autores del estudio explicaron: “Ser tocado y tocar algo pueden llevar a la misma sensación primaria, pero significan cosas completamente diferentes”. En el caso de los ratones, tocar activamente algo se traduce en un movimiento rítmico de sus bigotes (una acción conocida como “whisking”), mientras que el contacto pasivo se produce cuando un objeto o corriente de aire impacta sus bigotes sin que el animal lo busque.
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El rol clave del tálamo
El experimento se centró en registrar la actividad neuronal en distintas regiones del tálamo mientras los ratones eran expuestos a ambos tipos de estímulo. En particular, se estudiaron las respuestas ante movimientos activos de los bigotes y ante pufs de aire controlados aplicados por los científicos.
Los resultados mostraron que una región del tálamo respondía tanto al tacto activo como al pasivo, lo que sugiere una cierta convergencia de señales sensoriales. Sin embargo, una zona específica, el tálamo medial posterior (POm, por su sigla en inglés), mostró una respuesta mucho más pronunciada al tacto pasivo.
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La sorpresa también se codifica
Otro hallazgo llamativo fue que el POm presentaba niveles más altos de actividad cuando los pufs de aire llegaban luego de pausas prolongadas. Los investigadores proponen que esto podría indicar una reacción de sorpresa por parte del animal. Es decir, no solo se procesa el tipo de estímulo, sino también cuán inesperado resulta.
Esto abre una puerta para investigar cómo los circuitos sensoriales se entrelazan con funciones cognitivas más complejas, como la anticipación o la atención. Según los autores, “el tálamo de orden superior (POm) distingue fuertemente entre estas situaciones” de contacto.
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Implicancias para la supervivencia animal
El sentido del tacto es esencial para muchas funciones vitales: encontrar comida, identificar a otros miembros del grupo o detectar a un depredador. Separar el procesamiento del tacto activo y pasivo permitiría al cerebro generar respuestas más rápidas y adecuadas. Un roce inesperado puede ser una amenaza, mientras que el mismo estímulo, si es provocado por una acción voluntaria, no requiere reacción urgente.
Desde una perspectiva evolutiva, esta diferenciación de rutas en el procesamiento sensorial podría representar una ventaja adaptativa. Ayuda a priorizar ciertas señales, filtrar el entorno y actuar en consecuencia, algo fundamental para sobrevivir en hábitats dinámicos.
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Un modelo para entender el tacto humano
Aunque el estudio se realizó en ratones, sus hallazgos abren nuevas líneas de exploración en la neurociencia del tacto humano. Como los ratones usan sus bigotes de modo similar a cómo los humanos usan sus dedos, estos modelos pueden ofrecer paralelismos funcionales en cómo el cerebro interpreta diferentes formas de contacto.
La investigación también contribuye al conocimiento de los mecanismos del tálamo, una estructura involucrada en condiciones neurológicas como el autismo, el dolor crónico y ciertos trastornos del movimiento. Comprender cómo distingue entre distintos estímulos táctiles puede tener aplicaciones médicas y tecnológicas, por ejemplo, en el diseño de prótesis sensoriales más avanzadas.
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