
Durante siglos, la percepción de la Amazonia como una región virgen y escasamente habitada antes de la llegada de los europeos dominó el pensamiento arqueológico. Sin embargo, recientes investigaciones desafiaron esta idea al revelar la existencia de civilizaciones que florecieron en sus vastas extensiones. El estudio recientemente publicado por Nature y difundido por The Economist, fue liderado por el arqueólogo Umberto Lombardo, de la Universidad Autónoma de Barcelona, y aportó pruebas de que la cultura Casarabe, asentada en los Llanos de Moxos (norte de Bolivia), desarrolló una sociedad compleja con avanzadas infraestructuras hidráulicas y prácticas agrícolas extensivas.
Los Llanos de Moxos, situados sobre el borde occidental de la selva amazónica, presentan un paisaje predominantemente plano, con periodos de inundación que pueden extenderse hasta seis meses al año. Esta particularidad llevó durante mucho tiempo a suponer que las condiciones del suelo eran “inadecuadas” para sustentar grandes asentamientos humanos.
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Sin embargo, la investigación encabezada por Lombardo puso en cuestión esta visión tradicional. Mediante el análisis de imágenes satelitales y tecnología LIDAR (detección y rango de luz), el equipo de arqueólogos identificó una amplia red de montículos artificiales, calzadas y canales interconectados. Estas estructuras, atribuidas a la cultura Casarabe, sugieren que la región albergó un número significativo de habitantes que lograron adaptarse al entorno mediante ingeniería hidráulica avanzada y la domesticación de cultivos claves (como el maíz).

Arquitectura monumental en el corazón de la Amazonia
Las investigaciones en los Llanos de Moxos pudieron desvelar un sistema arquitectónico sorprendente que desafía la idea de la Amazonia como un territorio poco intervenido por civilizaciones precolombinas. En el área conocida como la Monumental Mound Region, que abarca 4.500 kilómetros cuadrados, se identificaron cientos de montículos artificiales, algunos con más de 20 metros de altura y una extensión de hasta 20 hectáreas. Estas estructuras, estuvieron interconectadas por una red de calzadas que se extienden varios kilómetros, lo que sugiere una planificación urbana avanzada.
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La ausencia de piedra en la región llevó a estos antiguos pobladores a edificar con tierra, técnica que permitió la creación de asentamientos elevados que resistían las inundaciones estacionales. Estos montículos sirvieron como bases para viviendas y centros comunitarios, además de que podrían haber tenido funciones ceremoniales o administrativas.
El alcance de estas construcciones sugiere una sociedad jerárquica con una capacidad organizativa significativa. La distribución de los montículos y su conexión mediante calzadas apuntan a un sistema de planificación territorial que facilitaba la movilidad y la interacción entre distintos sectores de la comunidad. Además, la presencia de estas infraestructuras en un área tan extensa respalda la hipótesis de que la cultura Casarabe fue una civilización con una estructura social compleja y una estrategia eficaz para habitar un entorno desafiante.
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La desaparición de una civilización
A pesar de la magnitud de su legado, el destino de la cultura Casarabe sigue siendo incierto. Una de las hipótesis más aceptadas es que su declive estuvo vinculado a la llegada de enfermedades europeas, las cuales devastaron poblaciones indígenas incluso antes del contacto directo con los colonizadores. Epidemias como la viruela afectaron a diversas sociedades en el continente, lo que sugiere que los Casarabe pudieron haber sufrido un destino similar.
Pero la evidencia arqueológica indica que algunos asentamientos fueron abandonados antes del arribo de los europeos. Dataciones por radiocarbono sugieren que ciertos montículos dejaron de ser habitados hacia el año 1400, casi un siglo antes de la llegada de Colón a América. No obstante, otros sectores de la región continuaron siendo ocupados hasta al menos 1550, con indicios de que el cultivo de maíz persistió en ese período.
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En la actualidad, los Llanos de Moxos cambiaron radicalmente. La mayoría de la sabana está en manos de ganaderos, y los Sirionós, el grupo indígena que habita la zona y no tiene vínculos directos con la cultura arcaica. Las estructuras que esta civilización dejó atrás siguen formando parte del paisaje; algunas comunidades construyeron sus viviendas sobre los antiguos montículos, mientras que los vestigios de calzadas y canales continúan siendo utilizados.
El interés por la historia de la región creció entre los habitantes actuales, quienes con frecuencia hallan fragmentos de cerámica y restos óseos durante sus labores agrícolas. Si bien muchas preguntas sobre el destino de los Casarabe aún no tienen respuesta, sus construcciones y el impacto de su civilización en la Amazonia boliviana siguen siendo objeto de estudio y admiración.
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