
Los alimentos ultraprocesados (UPF, por sus siglas en inglés) contienen ingredientes como edulcorantes, colorantes, saborizantes, estabilizantes y emulsionantes. Son los snacks empaquetados, gaseosas o refrescos azucarados, comidas congeladas procesadas, golosinas y productos de panificación industrial.
Un nuevo estudio realizado por investigadores de España, Brasil, Italia, Dinamarca, Reino Unido, Países Bajos, Alemania, Francia, Noruega, Suecia y Portugal, precisó cuál puede ser el impacto del consumo de ultraprocesados en los años de vida de las personas. Fue publicado en la revista The Lancet Health Regional Europe.
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Revelaron que un mayor consumo de esos productos se asocia con un aumento significativo en la mortalidad por todas las causas, incluidas enfermedades circulatorias -como los infartos-, digestivas y Parkinson.
Los investigadores también descubrieron que reemplazar a los ultraprocesados por alimentos mínimamente procesados podría reducir estos riesgos.
Qué son los ultraprocesados

Los ultraprocesados son productos industriales altamente modificados. Contienen sustancias derivadas de alimentos y aditivos químicos diseñados para mejorar su sabor, textura o vida útil.
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Suelen ser energéticamente densos, con altos niveles de azúcar, grasas trans y sal, pero bajos en fibra, proteínas y otros nutrientes esenciales. Además, durante su producción, esos alimentos pueden contener compuestos químicos perjudiciales generados a través de procesos como la hidrogenación de aceites, el uso de altas temperaturas o el contacto con materiales de embalaje.
Fueron diseñados para ser convenientes y altamente palatables y han reemplazado progresivamente a los alimentos mínimamente procesados en muchas dietas modernas, especialmente en países de ingresos altos y medios.
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Sin embargo, su consumo frecuente se asocia con diversos problemas de salud, como obesidad, enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y mayor mortalidad. Estos efectos adversos están vinculados tanto a su baja calidad nutricional como a su capacidad para alterar el microbioma intestinal e inducir inflamación crónica.
Qué nuevos hallazgos hicieron sobre los alimentos

El estudio publicado en The Lancet Regional Health Europe fue realizado por un equipo de 48 investigadores provenientes de diversas instituciones académicas y científicas de renombre. La primera autora fue la española Esther González-Gil, de la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer, que depende de la Organización Mundial de la Salud (OMS). También colaboraron científicos de la Universidad de San Pablo, en Brasil.
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Los autores destacan que el consumo de ultraprocesados pasó a ser hasta el 60% de la ingesta energética diaria en países de altos ingresos. Su estudio se basó en datos de 428.728 participantes provenientes de 9 países europeos. El seguimiento promedio fue de 15.9 años.
Tuvieron en cuenta el sistema llamado NOVA que distingue entre alimentos no procesados, procesados y ultra-procesados. Se aplicaron modelos de regresión para estimar las razones de riesgo ajustadas por variables sociodemográficas y de estilo de vida, como actividad física, consumo de alcohol y dieta mediterránea.
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Cuáles fueron los resultados sobre los ultraprocesados

El estudio encontró que un mayor consumo de alimentos ultra-procesados (UPF), clasificados en el grupo NOVA 4, está asociado con un incremento significativo en el riesgo de mortalidad por todas las causas y varias causas específicas.
Por cada aumento de una desviación estándar en el porcentaje de UPF consumidos diariamente, el riesgo de mortalidad general aumentó en un 4%. Además, se observaron asociaciones destacadas con enfermedades circulatorias, digestivas y Parkinson.
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El análisis de sustitución mostró que reemplazar un 10% del consumo diario de UPF por alimentos mínimamente procesados, que son clasificados como NOVA 1, se asoció con una reducción del 6% en el riesgo de mortalidad por todas las causas.
Los alimentos clasificados como NOVA 1 son aquellos no procesados o mínimamente procesados. Incluyen alimentos naturales o que han sido alterados mediante métodos tradicionales como congelación, secado, pasteurización o fermentación, sin adición de aditivos químicos.
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Algunos ejemplos son frutas y verduras frescas o congeladas, carnes y pescados sin aditivos, huevos, leche pasteurizada sin ingredientes añadidos, legumbres, granos integrales, frutos secos sin sal o azúcar, y tubérculos como papas.
Estos alimentos conservan su composición y valor nutricional original, siendo fundamentales en una dieta saludable debido a su bajo grado de manipulación industrial.
Cuando se consumen los alimentos mínimamente procesados, en el caso de enfermedades digestivas, la disminución de la mortalidad fue aún mayor, alcanzando un 18%. Estas asociaciones se mantuvieron significativas incluso después de ajustar por factores como la edad, el nivel educativo, la actividad física y la adherencia a una dieta mediterránea.
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Los investigadores concluyeron que “la reducción en el consumo de alimentos ultra-procesados, junto con un aumento en los alimentos frescos y mínimamente procesados, podría tener beneficios significativos para la salud pública al reducir la mortalidad por diversas causas”.
Qué se recomienda

De acuerdo con los autores, los hallazgos refuerzan la recomendación del consumo de alimentos mínimamente procesados. Según el estudio, “el impacto negativo de los UPF en la salud podría deberse a su composición energética densa, altos niveles de grasas trans y azúcares, y la presencia de aditivos industriales”.
Este estudio proporciona una base sólida para entender el impacto del procesamiento de alimentos y destaca la importancia de cambiar hacia una alimentación más saludable a nivel individual y poblacional.
Consultado por Infobae, el médico César Casavola, jefe de nutrición del Hospital Alemán de Buenos Aires, valoró positivamente los resultados del estudio. “Estoy de acuerdo con que se debe disminuir el consumo de alimentos altamente procesados, clasificados como NOVA 4″, afirmó.

En tanto, Mónica Katz, médica especializada en nutrición y obesidad y ex presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN), consideró: “Obviamente hoy no hay dudas de que el consumo en exceso de ultraprocesados pueden causar daño en la salud. Si bien es valioso que se haya realizado, el nuevo estudio tiene varias limitaciones”.
Se debería hacer un estudio de intervención en el cual un grupo de participantes consuma productos mínimamente procesados durante un mes. Luego, deberían consumir productos ultraprocesados. Se deberían tomar datos de biomarcadores y de esta manera se podrían evaluar cuál es el impacto verdadero del consumo de los diferentes productos, señaló Katz.
Para reducir su consumo, Casavola, que es presidente de la Sociedad Argentina de Médicos Nutricionistas, recomendó “utilizar los mercados de vecindad: verdulerías, carnicerías, dietéticas y pequeños almacenes. Dan más libertad a la hora de elegir”. Advirtió: “Ya sabemos que los supermercados tienen una técnica precisa para atraer clientes hacia determinados productos”.

Otros consejos son:
- Comprar y consumir carnes sin procesar o eventualmente del grupo NOVA 3 por estar procesados para mantener su durabilidad.
- Comprar y consumir frutas y verduras en cantidades mínimas para mantener su frescura.
- Elegir aceite de oliva extra virgen.
- Adquirir frutos secos en dietéticas especializadas y fijarse que no tengan hongos.
- Saborizar naturalmente el agua, con frutas, jengibre, menta, pepino.
- Preferir las harinas integrales, que pueden usarse al hacer pan casero. Actualmente hay opciones muy naturales de panes artesanales.
- Aprender a preparar aderezos nos liberaría de aquellos que tienen mucha sal u otros conservantes.
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