
Las anguilas europeas protagonizan una de las migraciones más enigmáticas y largas del reino animal. Este recorrido, que suma en total 16.000 kilómetros de ida y vuelta, ha sido objeto de asombro y estudio por científicos a lo largo de los años.
Se sabe que las anguilas adultas viajan de los ríos europeos hasta el Mar de los Sargazos para desovar y morir, mientras que sus crías, conocidas como angulas, realizan el viaje de regreso a Europa después de nacer. Este mar, ubicado en el Atlántico al noreste de las Bermudas, es peculiar por ser el único que no tiene costa y está delimitado por varias corrientes marinas.
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A pesar de la falta de datos precisos durante mucho tiempo, un equipo europeo, con notable participación española, ha conseguido determinar por primera vez las rutas, horarios, depredadores y la velocidad de migración de las anguilas mediante el uso de transmisores. Javier Lobón-Cerviá, investigador del CSIC, explicó que esto ayudará a mejorar la gestión de esta especie que actualmente se encuentra muy amenazada. Los resultados de este estudio fueron publicados en la revista ‘Science Advances’.
El oceanógrafo danés Johannes Schmidt fue quien descubrió el lugar de desove de las anguilas. En expediciones entre 1904 y 1915, Schmidt observó que los ejemplares de angula eran más pequeños cuanto más se acercaban al Mar de los Sargazos, lo que confirmó que allí se reproducen. Además, Lobón-Cerviá añade que, gracias a esta metodología, se ha descubierto que las rutas de dos anguilas marcadas en el mismo lugar pueden ser similares pero no idénticas, con variaciones significativas en la velocidad de entre 3 y 47 kilómetros por día.
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En qué época del año desovan las anguilas
Recientes estudios han señalado que las anguilas desovan entre diciembre y febrero, periodo en el que padecen ataques de depredadores como cachalotes, tiburones y atunes. Este método de seguimiento ha revelado que cada anguila puede tardar hasta un año en completar su viaje al Mar de los Sargazos, y no cuatro meses como se creía anteriormente. “Gracias a las señales de los transmisores hemos descubierto que las anguilas siguen una rutina a la hora de trasladarse”, señala Lobón-Cerviá, explicando que durante el día se mueven en las profundidades del océano y, por la noche, en aguas menos profundas.
El Mar de los Sargazos, también conocido como un giro anticiclónico por su movimiento en el sentido de las agujas del reloj, ocupa dos terceras partes del Atlántico norte. Este mar señalado por la abundancia de algas flotantes crea un ecosistema único que ha despertado la curiosidad de biólogos durante años. El lugar alberga cerca de un millón de toneladas de biomasa, y, aunque no tiene costa, incluye las islas Bermudas en su espacio natural. La formación de este mar se remonta a la división de la antigua Pangea y se encuentra limitado por las corrientes del Golfo, Canarias y Ecuatorial del Sur.
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Angulas Roset destaca la importancia de este ecosistema como punto de parada para muchas especies en su ruta migratoria y enfatiza que, aunque se desconoce con precisión la ruta exacta de las anguilas, recientes estudios apuntan a que los ejemplares adultos recorren los ríos de Europa hasta las cálidas aguas del Mar de los Sargazos. Sus crías repiten el recorrido en sentido inverso hasta completar el ciclo en su fase adulta.
La investigación mencionada utilizó dos tipos de sensores: uno que se clava en la musculatura dorsal y envía señales después de seis meses, y otro más económico que se introduce en la cavidad peritoneal y se activa tras la muerte del animal. Lobón-Cerviá apuntó que ambos dispositivos registran la temperatura del agua y las coordenadas geográficas cada 15 minutos. Para realizar estos estudios, se equiparon 707 anguilas adultas con transmisores, permitiendo seguir el movimiento de 206 ejemplares.
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Aristóteles ya había expresado su asombro por las anguilas en su ‘Historia de los animales’, afirmando que ni eran fruto de apareamiento ni ovíparas. Esta confusión se debió al complejo ciclo migratorio que no pudo ser explicado correctamente hasta principios del siglo XX. Schmidt y otros científicos han ayudado a desvelar algunos de estos misterios con evidencia científica.

Sin embargo, sorprende que, a pesar de que infinidad de anguilas han ido a desovar al Mar de los Sargazos y allí han muerto durante millones de años, nunca se han encontrado sus restos en las profundidades marinas de esa zona. “El deterioro a gran profundidad, la putrefacción, debe ser enorme”, indica Lobón-Cerviá.
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El estudio reciente ha permitido aclarar muchos detalles de esta migración compleja y resulta crucial para mejorar las estrategias de conservación y gestión de la especie. Aún queda mucho por descubrir, pero los datos actuales ofrecen una base solida para futuras investigaciones. “Vamos a ver qué se puede hacer con ello”, comenta Lobón-Cerviá, refiriéndose a las miles de horas de datos obtenidos.
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