
Durante siglos, la humanidad ha dirigido su mirada hacia el cielo nocturno, asombrándose ante la belleza de la Vía Láctea. Lo que pocos imaginan es que esa apariencia nebulosa “esconde” una gran parte de lo que existe en el cosmos. Ahora, un proyecto internacional busca descifrar ese misterio: el Atacama Large Aperture Submillimeter Telescope (AtLAST), un telescopio revolucionario que promete revelar la mitad oculta del universo. Este observatorio se perfila como una herramienta decisiva para explorar regiones del espacio hasta ahora inaccesibles.
Un telescopio para ver lo invisible
La Universidad de Oslo y el consorcio internacional detrás de AtLAST han identificado una limitación fundamental en la observación astronómica: “Estamos perdiendo las regiones del espacio que están más cubiertas de polvo”, explicó Claudia Cicone, astrofísica y una de las responsables del proyecto. Las investigaciones demuestran que cerca de la mitad de la luz generada por las galaxias queda bloqueada por nubes de polvo interestelar.
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Los telescopios ópticos y las herramientas tradicionales solo pueden captar una fracción de la realidad. En las últimas décadas, instrumentos como ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array), situado en el desierto de Atacama, han permitido avances notables, pero su campo de visión es muy limitado. “ALMA puede ver un área miles de veces más pequeña que la superficie de la Luna en el cielo en cada observación”, explicó Tony Mroczkowski, del Institute of Space Sciences en España. AtLAST, por comparación, funcionará como una cámara de gran angular, capaz de mapear regiones del cielo hasta 16 veces el tamaño aparente de la Luna en una sola toma.

Más allá de los límites actuales
El proyecto AtLAST2, financiado por la Unión Europea y en fase de diseño hasta 2028, involucra a especialistas de Europa, Chile, Sudáfrica, Canadá, Taiwán, Tailandia, Nueva Zelanda, Japón y Estados Unidos. El objetivo es crear un telescopio de 50 metros de diámetro —el mayor en su tipo—, que permitirá detectar la radiación submilimétrica y penetrar las nubes de polvo que ocultan la formación de estrellas y galaxias.
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“Con los anteriores telescopios submilimétricos, solo estamos viendo la punta del iceberg”, sostuvo Cicone. Los científicos aspiran a responder preguntas fundamentales sobre la distribución de gas y polvo en el universo, procesos de formación estelar y el ritmo de evolución galáctica. De acuerdo con las estimaciones presentadas, el nuevo telescopio podría identificar hasta 50 millones de galaxias en 1.000 horas de observación, superando la confusión que actualmente impide distinguir fuentes individuales en regiones densamente pobladas.
Innovación tecnológica y sostenibilidad
El emplazamiento de AtLAST será el desierto de Atacama, cerca de las instalaciones de ALMA, donde la atmósfera seca y la altitud de más de 5.000 metros favorecen las observaciones astronómicas. El diseño prevé una estructura principal de acero y aluminio, con un espejo secundario de 12 metros, más grande que la mayoría de los telescopios existentes.
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Uno de los aspectos más destacados del proyecto es su apuesta por la sostenibilidad. “El telescopio funcionará íntegramente con energías renovables, utilizando un sistema híbrido de regeneración energética”, afirmó Cicone. El equipo está probando combinaciones de energía solar, almacenamiento en baterías y en hidruros metálicos, así como la recuperación de energía cinética, similar a la tecnología empleada en vehículos híbridos. Además, la fabricación de componentes empleará energía de bajo o nulo carbono para reducir la huella ambiental.
Un legado de ciencia colaborativa
La construcción de AtLAST marcará el inicio de una nueva era en la astronomía internacional. El proyecto une esfuerzos con países como Japón, que había considerado desarrollar su propio telescopio LST (Large Submillimeter Telescope), pero optó por sumarse a esta iniciativa global. “Nos dimos cuenta de que debíamos unir fuerzas”, señaló Cicone.
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El telescopio permitirá estudiar desde la atmósfera solar y la variabilidad de las fulguraciones hasta moléculas complejas en nubes moleculares, fundamentales para comprender el origen de la vida. “Con AtLAST podremos estudiar la atmósfera solar y la variabilidad de las erupciones solares como nunca antes se ha hecho”, destacó Cicone. Además, su capacidad para detectar eventos transitorios y efímeros en el rango submilimétrico abre la puerta a descubrimientos inesperados durante las próximas cinco décadas, vida útil prevista para la infraestructura.
El diseño modular y la posibilidad de actualizar el instrumental permitirán que futuras generaciones de científicos se beneficien de este avance. “La meta es que no sea solo un telescopio desechable, sino uno con larga vida útil y capacidad de mejora continua”, resumió Mroczkowski.
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