
La administración repetida de drogas adictivas no predice, de manera confiable, la manifestación del trastorno por uso de sustancias. En las personas que sufren de adicción a las drogas, ciertos estímulos, ya sean personas, lugares o cosas específicas, pueden desencadenar fuertes ansias de uso repetido de una substancia. Con el foco en estos condicionantes, un nuevo estudio realizado por un grupo de especialistas de la Universidad de Michigan (UM) identificó señales cerebrales, tradicionalmente asociadas con la inflamación, que contribuyen a la vulnerabilidad de las personas a la adicción.
Las vulnerabilidades neuroconductuales, como las anomalías del circuito fronto-cortico-estriatal, la impulsividad y los déficits de control atencional, interactúan con los efectos psicobiológicos de las drogas adictivas para fomentar el consumo compulsivo. Es por eso que, al experimentar un consumo repetido de drogas frente a la misma exposición, algunas personas desarrollan una incapacidad para controlar su empleo, incluso ante consecuencias negativas.
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En ratas, los investigadores han demostrado que los animales con un control atencional deficiente (elegir a qué se le presta atención y qué se ignora) desarrollan fuertes antojos inducidos por señales. Se llaman rastreadores de signos. Los que poseen buen control atencional se consideran rastreadores de objetivos.

Sus hallazgos se acaban de publicar en eNeuro, la revista oficial de la Sociedad de Neurociencia, con sede en Estados Unidos. Hanna Carmon, estudiante de posgrado en psicología de la UM y autora principal del estudio, indicó que “los rastreadores de señales experimentan un mayor efecto gratificante del consumo de drogas y continuarán tomándolas incluso cuando haya consecuencias dolorosas. Los que persiguen objetivos detienen el consumo de drogas frente a las consecuencias”.
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Ella y sus colegas se centraron en la relación entre el transportador de colina del cerebro, una proteína en la membrana celular involucrada en el control de la atención, y las citocinas, proteínas que estimulan o ralentizan el sistema inmunológico, asociados a las diferencias entre los rastreadores de señales y objetivos.
En la presente investigación, los rastreadores de señales poseían más transportadores de colina que proporcionan disfuncionalidad, lo que contribuyó a su control atencional deficiente. También poseían citocinas elevadas.
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Cuando los investigadores hicieron que aumentaran los niveles de éstas, los rastreadores de señales experimentaron muy pocos cambios en la cantidad de transportadores de colina considerados disfuncionales; sin embargo, en los rastreadores de objetivos observaron un aumento esperado en ellos, haciéndolos parecerse más a los perseguidores de señales.
“Estos hallazgos indican que existe una interacción importante entre el aumento de la producción de citocinas y la disminución de la función del transportador de colina que contribuye a la interrupción del control de la atención y la vulnerabilidad a la adicción”, afirmó Carmon.
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Aunque es difícil probar si los rastreadores de señales humanos son vulnerables a la adicción, sí se sabe que tanto en ratas como en personas, quienes van detrás de los indicios exhiben varios comportamientos que demuestran un control atencional deficiente, incluida la distracción y la impulsividad. Los perseguidores de signos, por lo tanto, representan la vulnerabilidad de la adicción, mientras que los de objetivos representan la resiliencia de la adicción.

A medida que se realicen más investigaciones en este campo, los autores del estudio esperan que conduzca a mejores tratamientos personalizados para quienes luchan contra la adicción.
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“Los presentes resultados amplían la búsqueda de los fundamentos celulares. Dada la evidencia emergente que indica que las drogas de abuso per se pueden activar dichos moduladores neuroinmunes, las concentraciones elevadas de citoquinas cerebrales preexistentes pueden interactuar con el uso adictivo de drogas para potenciar la gravedad de la enfermedad, las características neuronales y conductuales de los rasgos de vulnerabilidad y, finalmente, la manifestación del consumo compulsivo de drogas”, concluyó Carmon.
Los otros autores del documento fueron el estudiante de psicología Evan Haley y Vinay Parikh, profesor asociado de psicología, ambos de la Universidad de Temple; y Natalie Tronson, profesora asociada de psicología de la UM, y Martin Sarter, profesor de psicología de la misma universidad.
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