
Bien sabidos son los efectos de la contaminación ambiental en el aire, el agua, así como las consecuencias que genera en el cambio climático. Pero poco se habla de las secuelas que el fenómeno ocasiona en la salud de las personas. Sin embargo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se calcula que cada año la exposición a la contaminación del aire causa siete millones de muertes prematuras y provoca la pérdida de otros tantos más millones de años de vida saludable.
Ahora, un reciente estudio realizado por investigadores de la Universidad de Columbia Británica y la Universidad de Victoria demostraron que los niveles comunes de contaminación del tráfico pueden afectar la función del cerebro humano en cuestión de horas.
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Los hallazgos del trabajo revisado por pares, y cuyos resultados fueron publicados en la revista Environmental Health, muestran que sólo dos horas de exposición a los gases de escape de diesel provocan una disminución en la conectividad funcional del cerebro, una muestra de cómo la función cerebral se ve alterada por la contaminación del aire.
“Si bien se sabe que la exposición a la contaminación del aire relacionada con el tráfico causa un enorme daño global en la salud humana, los fundamentos neurobiológicos siguen siendo difíciles de alcanzar. El presente estudio aborda este vacío en el conocimiento”, comenzaron argumentando los investigadores lo que los motivó a realizar el trabajo. Y respecto a sus hallazgos ampliaron: “Observamos disminuciones atribuibles a la contaminación a corto plazo en la conectividad funcional de la red en modo predeterminado. Las disminuciones en la conectividad cerebral provocan muchos efectos perjudiciales para el cuerpo humano, por lo que este hallazgo debería guiar el cambio de política en la regulación de la exposición a la contaminación del aire”.
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Consultado por Infobae, el médico neurólogo Conrado Estol (MN 65.005) consideró que “este estudio es de enorme importancia porque confirma algo que si bien se sabe desde hace muchos años no se le ha prestado la debida atención”. “Es tan simple como que mueren siete millones de personas por año en forma atribuible a la polución del aire; estamos hablando de más del 10% de todas las muertes del planeta y desde hace un tiempo se sabe que la combustión de los autos, y la emisión de carbono que estos provocan es uno de los principales contaminantes que contribuyen a estas muertes”.
“Curiosamente -continuó explicando el neurólogo- la mayor parte de las personas piensan que la mayoría de esas muertes son atribuibles a enfermedad pulmonar. Y no es así: las partículas de aire contaminado entran al pulmón y pasan a las arterias generando aterosclerosis y por eso causan infartos y muertes por infarto, además de ACV, arritmia y otras complicaciones vasculares, incluso muerte súbita”.
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Asimismo, “se pueden producir trastornos cognitivos y alteración de la función cerebral con poco tiempo de exposición a esto como lo han mostrado muchas publicaciones, que hablan de asistencia a guardias o servicios de emergencia por trastornos de todo tipo -que incluyen los cerebrales- en ciudades especialmente de Asia, donde la contaminación llega a ser hasta 100 veces el valor aceptado por la OMS. Entre estas se destacan ciudades capitales de la India y de China, que es el principal contribuidor a la emisión de carbono en la atmósfera del planeta”.
Para el estudio, que se realizó en el Laboratorio de Exposición a la Contaminación del Aire de la UBC, ubicado en el Hospital General de Vancouver, los investigadores expusieron brevemente a 25 adultos sanos a gases de escape diesel y aire filtrado en diferentes momentos en un entorno de laboratorio. La actividad cerebral se midió antes y después de cada exposición utilizando imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI).
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El doctor Chris Carlsten es profesor y director de medicina respiratoria y presidente de investigación de Canadá en enfermedades pulmonares ocupacionales y ambientales en la UBC, además del autor principal del estudio, y destacó: “Durante muchas décadas, los científicos pensaron que el cerebro podría estar protegido de los efectos nocivos de la contaminación del aire. Este estudio, que es el primero de su tipo en el mundo, proporciona nueva evidencia que respalda una conexión entre la contaminación del aire y la cognición”.
Es que los investigadores analizaron los cambios en la red de modo predeterminado (DMN) del cerebro, un conjunto de regiones cerebrales interconectadas que desempeñan un papel importante en la memoria y el pensamiento interno. La fMRI reveló que los participantes habían disminuido la conectividad funcional en regiones extensas de la DMN después de la exposición al escape de diésel, en comparación con el aire filtrado.
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“Hace varios años se hizo un estudio muy similar a este en el que se hacía respirar de caños de escape de diesel a personas durante dos horas, con intervalos de descanso de dos horas, y se vio que durante la inspiración aumentaba significativamente la presión sistólica y diastólica de los individuos”, agregó Estol a la actual evidencia. Para él, “esto confirma que los cambios de la polución no son solamente acumulativos a lo largo de los años, llegando a producir toda la enfermedad vascular y pulmonar ya descrita sino que también son inmediatos”.
Y agregó: “Otro estudio realizado en Francia midió el ozono y se vio que la aspiración de este gas produjo infarto agudo de miocardio en personas que si bien tenían enfermedad coronaria, los investigadores concluyeron que el infarto no tuvo otra explicación que la asociación con picos de ozono en la atmósfera. Esto se confirmó para otros gases y partículas, y se sabe que estos eventos pueden ser precedidos por alteraciones cerebrales y cognitivas como las descritas en el trabajo actual”.
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De allí que para el neurólogo consultado por este medio, “la importancia de todo esto llega al punto de que las sociedades médicas decidieron considerar en los últimos años a la polución del aire como un factor de riesgo vascular más, igual o equivalente a la diabetes, el exceso de peso, el colesterol, la hipertensión, entre otros. Y se sabe perfectamente que hay una relación directa entre los factores de riesgo vascular y la función cerebral”.

Y si bien los cambios en el cerebro observados en el reciente estudio fueron temporales y la conectividad de los participantes volvió a la normalidad después de la exposición, el doctor Carlsten especuló que los efectos podrían ser duraderos cuando la exposición es continua. En ese sentido, instó a las personas a “tener en cuenta el aire que respiran y tomar las medidas adecuadas para minimizar su exposición a contaminantes del aire potencialmente dañinos, como los gases de escape de los automóviles”.
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“Es imperioso llegar a una emisión de carbono cero en las próximas dos a tres décadas, lo cual es muy difícil viendo los resultados mínimos de grandes esfuerzos que están haciendo muchos países, obviamente por los intereses económicos de todas las fuentes que emiten carbono”, enfatizó Estol, quien celebró acciones como la del estado de California, “que ya anunció que en un futuro cercano no va a permitir la venta de autos que no sean eléctricos”.
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