
Un estudio realizado en Australia concluyó que alimentar a leones africanos en zoológicos con cadáveres enteros bajo un esquema de ingesta abundante y ayuno favorece conductas más cercanas a las de la vida silvestre.
La investigación, difundida por Phys.org a partir de un trabajo de la Universidad de Adelaida y Monarto Safari Park, analizó durante 3 meses la respuesta de 3 machos adultos alojados en ese parque del sur australiano.
En los primeros datos del reporte, el experimento incorporó cadáveres enteros cada 9 días dentro de una rutina alimentaria que ya alternaba estos períodos. El estudio, publicado en ScienceDirect, se centró en cómo esa modalidad alteró los tiempos de alimentación, descanso, actividad y otras expresiones de comportamiento.
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La autora principal, Lesia Hryhorenko, de la Escuela de Ciencias Animales y Veterinarias de la Universidad de Adelaida, explicó que “los leones salvajes no comen a la misma hora todos los días”. Y añadió que “experimentan períodos naturales de alimentación y ayuno dependiendo del éxito de la caza”.
Un experimento seguido con cámaras

De acuerdo con el artículo, el equipo de investigación incluyó también a la estudiante belga de maestría Florence Demoulin, de la Universidad de Lieja. Los especialistas observaron a los leones antes y después de introducir la nueva modalidad de ingesta.
Durante la fase experimental, los cuidadores ofrecieron a los animales cerca de 200 kilogramos de cadáveres, equivalentes a 441 libras, que permanecieron disponibles hasta por 3 días. Luego de ese período se abría una etapa de reposo y digestión.
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El seguimiento se apoyó en ocho cámaras infrarrojas activas de forma permanente. Ese sistema permitió construir un registro continuo de 24 horas y generó uno de los conjuntos de datos más completos reunidos hasta ahora sobre estos ejemplares africanos bajo cuidado humano sometidos a un régimen de alimentación.
Más tiempo para comer y descansar

Los resultados mostraron que en los días de suministro la actividad alimentaria aumentó de forma marcada. Los leones pasaron casi tres veces más tiempo comiendo que en condiciones habituales, con sesiones más frecuentes y más extensas.
La investigación indicó que los animales desgarraron, arrastraron, manipularon y consumieron los restos con una variedad más amplia. Tras las comidas, permanecieron acostados durante lapsos más largos y luego la movilidad volvió a crecer de manera gradual a medida que avanzaba el ayuno.
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Hryhorenko sostuvo que “el suministro de canales entero cambia mucho más que el contenido nutricional de la dieta” porque ofrece la posibilidad de desplegar acciones que forman parte de la ecología natural del león.
Qué ocurrió con el pacing y la agresividad

El equipo también examinó el pacing, una conducta repetitiva que suele asociarse con la anticipación en carnívoros bajo cuidado humano. Aunque ese comportamiento aumentó de manera leve durante el análisis, los autores no encontraron una suba sostenida durante las etapas de ayuno.
En cambio, los picos aparecieron alrededor de momentos rutinarios, como la llegada de los cuidadores o los traslados dentro del hábitat. Esa secuencia sugirió que el accionar estuvo más vinculado a señales previsibles de manejo que al hambre, según el medio.
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Los investigadores tampoco observaron un incremento de la agresividad ni señales de inestabilidad social alrededor de los episodios de alimentación con restos de animales. Ese punto formó parte de los hallazgos destacados del trabajo, ya que el cambio de régimen no derivó en conflictos visibles entre los machos estudiados.
El valor del seguimiento prolongado

La coautora Alexandra Whittaker, profesora asociada, señaló que la investigación aporta evidencia sobre la utilidad del monitoreo continuo y de largo plazo para evaluar prácticas de manejo y el comportamiento animal.
“Muchos estudios realizados en zoológicos se centran únicamente en lo que sucede inmediatamente después de que se les proporciona la comida”, afirmó Whittaker.
También indicó que los resultados muestran que los horarios y la modalidad de suministro pueden influir durante varios días, por lo que el análisis del comportamiento debería abarcar el ciclo completo y no un único episodio de ingesta. Esa perspectiva surge de la observación sostenida y de la comparación entre fases previas y posteriores a la provisión de comida.
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Los investigadores plantearon que futuros estudios podrían combinar observaciones conductuales con mediciones fisiológicas para evaluar con mayor profundidad cómo distintos regímenes de alimentación inciden en el bienestar animal.
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