
Las personas que sufren dolor habitualmente parecen sentirlo con más intensidad por la noche. Pero la razón por la que esto ocurre ha seguido siendo un misterio. Ahora un equipo de investigadores de Francia encontraron una pista: el ritmo circadiano, y lo publicaron en la revista especializada Brain.
Desde los primeros tiempos de la medicina, médicos y pacientes han observado que muchos tipos de dolor tienden a empeorar por la noche. Hasta ahora, la mayoría de las investigaciones han tratado de relacionar el aumento del dolor nocturno con la falta de sueño o con su interrupción. Pero no había demasiadas pruebas.
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Los investigadores dirigidos por Claude Gronfier, del Centro de Investigación en Neurociencias de Lyon, en Francia sugirieron que el reloj circadiano determina en gran medida estos cambios en el dolor, con un pico y un mínimo característicos de intensidad en diferentes momentos del día. Los ritmos circadianos son procesos biológicos que influyen en casi todos los sistemas corporales.
El trabajo del doctor Gronfier y su equipo reveló la influencia de estos ritmos en el dolor al demostrar que un estímulo térmico corto y doloroso se percibía como más doloroso alrededor de las 3 de la mañana y como menos doloroso aproximadamente a las 3 de la tarde.
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Los investigadores franceses siguieron un “protocolo de rutina constante”, en el que todo se mantiene constante -luz, temperatura, acceso a la comida- y es imposible saber qué hora es. Los participantes deben permanecer tumbados en posición semiacostada en una habitación poco iluminada durante al menos 24 horas. No se les permite dormir, salir o levantarse para ir al baño. La comida sólo se da en forma de pequeños tentempiés cada hora.
Los participantes pueden charlar con los miembros del equipo del estudio, pero el personal tiene estrictamente prohibido mencionar nada relacionado con el tiempo. Según el protocolo, nada en el entorno ni en el comportamiento de los participantes es ya rítmico, explicó Gronfier. Así que si los investigadores detectan una medida biológica que tiene un ritmo de 24 horas, ese patrón emana del interior, y precisamente del sistema de cronometraje circadiano.
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Para descubrir la naturaleza rítmica del dolor, el equipo de Gronfier reclutó 12 hombres jóvenes y sanos que aceptaron someterse al protocolo durante 34 horas. Cada dos horas, el equipo comprobó su sensibilidad al dolor mediante un dispositivo colocado en el antebrazo que aumentaba lentamente la temperatura en un grado centígrado hasta que informaban del dolor. Los participantes solían detener el dispositivo antes de que alcanzara unos 46 grados. Los participantes también fueron sometidos a pruebas con el dispositivo ajustado a temperaturas específicas (42, 44 y 46 grados), y luego se les pidió que calificaran en una escala visual el nivel de dolor que sentían.
Antes de poder buscar ritmos en estos datos, el equipo tuvo que obtener una medida del reloj corporal de cada persona. Si bien los ritmos de cada persona siguen un ciclo diario, algunos están desviados al principio o al final del día, lo que hace que haya “alondras matutinas”, “búhos nocturnos” y todos los demás.
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Para eso, el equipo recogió muestras de saliva cada hora para evaluar el aumento de melatonina, una hormona que se libera unas dos horas antes de la hora normal de acostarse, y luego utilizó esta información para sincronizar los ritmos de todos con un único reloj de 24 horas. Entonces surgió un claro ciclo de dolor. Por término medio, la sensibilidad alcanzó su punto máximo entre las 3 y las 4 de la madrugada en esta medida estandarizada, antes de llegar a su punto más bajo unas 12 horas después.
El equipo también demostró que estos ritmos eran específicos de los estímulos dolorosos. Los participantes también realizaron una tarea en la que la temperatura aumentaba lentamente hasta que detectaban calor, pero en estos umbrales no dolorosos, no había ningún patrón rítmico en la intensidad de lo que la gente sentía.
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Como no se permitió a los participantes dormir toda la noche, los investigadores también pudieron averiguar si cualquier aumento del dolor estaba relacionado con la privación del sueño, la teoría predominante antes del nuevo trabajo. El equipo del estudio razonó que cualquier aumento de la sensibilidad al dolor causado por la privación del sueño se acumularía lentamente de forma lineal a lo largo de la noche a medida que aumentara la presión para dormir. Esto contrastaría con un patrón de crecimiento y disminución impulsado por el sistema circadiano, por lo que los investigadores utilizaron un modelo matemático para ver hasta qué punto los cambios en la percepción del dolor de los participantes parecían explicarse por un aumento lento frente a un cambio rítmico.

Los resultados fueron una victoria impresionante para el sistema circadiano: el 80 por ciento de los datos podían explicarse por el impulso circadiano, y sólo el 20 por ciento por el impulso del sueño. “Nos sorprendió esa proporción. De hecho, pensaba que tendríamos mucho más impulso del sueño”, afirmó Gronfier. “Pero eso no significa que el sueño no sea importante, porque hicimos nuestro estudio en personas con muy buen sueño”, añadió. Repetir el estudio en personas con privación crónica de sueño o con un trastorno del sueño, podría mostrar que la necesidad de dormir tiene un impacto mucho mayor en el dolor para algunas personas.
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También será necesario repetir el estudio en una muestra de mujeres. Como se sabe que las hormonas, como el estrógeno, afectan a los ritmos circadianos, es posible que los investigadores no encuentren el mismo patrón de ritmicidad del dolor. Aunque el estudio publicado en Brain fue pequeño, con una muestra de sólo 12 hombres, los efectos rítmicos fueron fuertes. Por eso se evidencia que el equipo descubrió una verdadera influencia circadiana en el dolor, que ahora puede estudiarse en poblaciones de mayor edad y en personas de diferentes etnias.
En el futuro, se espera que el estudio de la naturaleza circadiana del dolor causado por enfermedades -por ejemplo, el cáncer o el herpes zóster- repercuta en el tratamiento de ese dolor. Se estima que puede ser que sea mejor dar tratamientos contra el dolor basados en el reloj interno del cuerpo.
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