
Desde que se declaró la pandemia, el coronavirus que causa el COVID-19 ha sido transmitido desde los seres humanos a gatos y perros domésticos, hámsteres y hurones, leones, tigres, leopardos de las nieves, hienas, hipopótamos, manatíes, visones de criadero, tití de cola negra, oso hormiguero gigante y visón silvestre cerca de criaderos de visones, entre otros animales. Hasta ahora 23 especies habían adquirido la infección según la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE). A la lista ahora hay que sumarle una especie más: el armadillo -que también llaman peludo o quirquincho-, un mamífero acorazado que habita en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay.
Investigadoras e investigadores de la Facultad de Ciencias veterinarias de la Universidad Nacional de La Pampa, las facultades de Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Nacional de San Martín, y el consorcio Proyecto País, que depende del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, realizaron el estudio, que incluyó secuenciación genómica de las muestras, que confirmaron que los armadillos tuvieron el COVID-19. Pero plantearon un misterio: ¿Cómo fue que se contagiaron con una variante del coronavirus que ya no circulaba en el país?

Los 4 animales, de 6 meses de edad, estaban viviendo en un edificio de la facultad en General Pico, provincia de La Pampa desde abril de 2021. Tres de ellos habían sido donados por trabajadores rurales de la zona, y el cuarto había nacido en las instalaciones. Estaban siendo criados como parte de un proyecto colateral relacionado con la neuroquímica cerebral. En ese momento se le habían hecho testeos y dieron negativo para COVID-19.
Pero en marzo de este año tres de los armadillos empezaron a tener secreción nasal y estornudos. Uno de ellos tuvo diarrea. Se tomaron hisopados de la faringe dos veces y se obtuvieron hisopos rectales cuatro veces. También se les tomaron muestras de sangre. En un trabajo que aún espera revisión de pares, los investigadores aseguraron que confirmaron que los 4 armadillos tuvieron COVID-19 a través del test PCR y por la medición de los anticuerpos específicos y neutralizantes por el método ELISA.

Tras confirmar la presencia del coronavirus, los investigadores consideraron que otro resultado fue “el más sorprendente”. Los animales estaban infectados con una variante del coronavirus Gamma, que circuló más el año pasado. Es decir, que cuando los animales tuvieron la infección en marzo pasado, ya Gamma (que también fue conocida como Manaos) no circulaba en la transmisión entre humanos en el país.
Según comentó a Infobae la doctora Ana Bratanich, docente e investigadora de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires y una de las coautoras del trabajo, “es un misterio cómo los armadillos se contagiaron la variante Gamma del coronavirus aunque tenemos algunas hipótesis”.

Se hizo un estudio sobre una colección de muestras de sangre de personas que habían tenido el COVID-19 y eran de General Pico y alrededores para ver si la variante Gamma estaba circulando allí en marzo pasado. Pero no se detectó a la variante Gamma en muestras de personas. En las muestras solo se detectó a la variante Ómicron, que pasó a predominar desde febrero pasado.
“Es muy poco probable que una persona haya transmitido el coronavirus a los armadillos. Tampoco se puede descartar que se hayan contagiado por el contacto indirecto a través de superficies contaminadas como ocurrió en el caso de los ciervos en los Estados Unidos. Otra posibilidad es que otras especies animales, como roedores hayan estado sin ser detectados por la instalación e incluso ser ingeridos por estos animales”, señaló Bratanich. Pero la fuente del brote de COVID-19 en armadillos aún no se ha podido comprobar.

El descubrimiento de los armadillos con el COVID-19 tiene implicancias para la vigilancia epidemiológica del virus. “Que esta especie como el armadillo haya tenido la infección por Gamma significa que existe la posibilidad de que esa variante u otras se instale en esa población y genere un reservorio. Podría ser un nicho del que pueden surgir nuevas variantes del virus”, sostuvo Bratanich.
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