
Durante muchos años, la medicina sospechaba que el ejercicio físico podría ayudar a proteger contra el desarrollo de la demencia. Sin embargo, aunque habían observado un patrón general de riesgo reducido, los estudios sobre el tema siempre eran pequeños y cuestionados.
Éstos tenían poco consenso y se discutía qué tipo de ejercicio era beneficioso, la frecuencia o la intensidad que podría ser mejor. Pero tres importantes estudios a largo plazo publicados en los últimos meses han intentado caracterizar los tipos, intensidades y duraciones de la actividad física que confieren la protección más general contra la demencia.
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La particularidad que tienen estas investigaciones es que las personas que participaron del mismo fueron miles durante años, lo que finalmente ahora se puede confirmar que la actividad física regular, en muchas formas, juega un papel importante en la disminución del riesgo de desarrollar demencia. Pero no solamente el ejercicio vigoroso o moderado regular parece ser lo mejor para alcanzar esa meta. Incluso el ejercicio no tradicional, como hacer las tareas del hogar, es decir el trabajo doméstico, puede ofrecer un beneficio significativo al cerebro. Y, sorprendentemente, es casi igual de eficaz para reducir el riesgo en personas con antecedentes familiares de demencia.

Ejercicio y tareas domésticas
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En el primer estudio, publicado el 27 de julio de 2022 en Neurology, la revista médica de la Academia Americana de Neurología, los investigadores analizaron la información de salud de 501.376 participantes que no tenían demencia en una base de datos británica llamada UK Biobank para establecer vínculos entre la actividad física y el riesgo de desarrollar la enfermedad.
Una de las principales ventajas de esta base de datos fue que tenía “datos muy enriquecidos sobre la genética” de los participantes, dijo el doctor Huan Song, investigador del Hospital West China de la Universidad de Sichuan, quien fue uno de los autores del estudio. Esto incluyó un perfil de riesgo de los participantes en función de si tenían variantes genéticas asociadas con la demencia o si tenían familiares inmediatos con la afección. “Muchos estudios han identificado factores de riesgo potenciales para la demencia, pero queríamos saber más sobre una amplia variedad de hábitos de estilo de vida y su papel potencial en la prevención de la demencia”, dijo el autor del estudio, Huan Song, MD, PhD, de la Universidad de Sichuan en Chengdu.
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Al comienzo del estudio, los participantes completaron cuestionarios detallados sobre su participación en actividades físicas, como practicar deportes, subir escaleras o caminar, y si regularmente caminaban o iban en bicicleta al trabajo. También se les preguntó sobre varios factores del estilo de vida, incluida la frecuencia con la que completaban las tareas del hogar, como barrer, pasar la aspiradora, agacharse para limpiar, caminar hasta el supermercado para hacer las compras y otras más.

Una de las principales limitaciones de los estudios anteriores fue que “la definición de actividad física es bastante débil”, dijo el doctor Song. “Algunos usan la cantidad total y otros solo se enfocan en un modo de actividad”. Los cuestionarios británicos ofrecieron especificidad sobre exactamente qué actividades realizaban los participantes de manera regular.
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Los participantes fueron seguidos durante 11 años, tiempo durante el cual 5185 desarrollaron demencia. El estudio encontró que, en los participantes que realizaban actividades regulares y vigorosas, como practicar deportes o hacer ejercicio, el riesgo de desarrollar demencia se redujo en un 35 por ciento. Sorprendentemente, las personas que reportaron completar regularmente las tareas del hogar también experimentaron un beneficio significativo: tenían un 21 por ciento menos de riesgo.
“Nuestro estudio ha encontrado que al participar con más frecuencia en actividades físicas y mentales saludables, las personas pueden reducir su riesgo de demencia. Se necesita más investigación para confirmar nuestros hallazgos. Sin embargo, nuestros resultados son alentadores de que hacer estos simples cambios en el estilo de vida puede ser beneficioso”, dijo Song, que sugirió que hacer tres horas de tareas domésticas, estan bueno como si se hicieran 30 minutos de ejercicio aeróbico. Quizás lo más alentador fue que la asociación entre la actividad física y un menor riesgo de demencia se extendió a los participantes que tenían antecedentes familiares de demencia. “Es muy importante saber que si tiene antecedentes familiares de demencia, puede utilizar la actividad física para reducir el riesgo”, concluyó Song.
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Actividades que gustan
El segundo artículo, publicado la semana pasada en Neurology, recopiló 38 estudios para ver qué actividades de ocio estaban asociadas con un riesgo reducido de demencia. En total, los estudios siguieron a más de 2 millones de participantes sin demencia durante al menos tres años, tiempo durante el cual 74.700 desarrollaron esa enfermedad.
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Los investigadores encontraron que los participantes que hacían ejercicio con regularidad, definido como participar en actividades como caminar, correr, nadar, bailar, hacer deportes o ejercicio en el gimnasio, tenían un riesgo 17 por ciento menor de desarrollar demencia en comparación con los que no la desarrollaron. Los expertos que llevaron adelante la investigación afirman que la prevención de la demencia no se limita a una actividad, ni siquiera a un tipo de actividad. “Dada la diversidad de actividades físicas que realizan los participantes,”recomendamos a las personas que hagan el ejercicio que les gusta”, dijo Le Shi, investigador de la Universidad de Pekín y uno de los autores del estudio.

Ejercicio temprano
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En un tercer estudio publicado este mes, los investigadores siguieron a más de 1200 niños de entre 7 y 15 años durante más de 30 años. Aquellos con niveles más altos de condición física cuando eran niños tenían niveles más altos de funcionamiento cognitivo en la mediana edad, lo que sugiere que establecer un hábito de actividad física de por vida podría ser beneficioso para la salud del cerebro.
Juntos, estos estudios sugieren que las formas en que movemos nuestros cuerpos a diario podrían acumularse con el tiempo. También solidifican la noción de que la actividad física regular y de por vida, en todas sus formas, contribuye en gran medida a reducir el riesgo de demencia, incluso para las personas clasificadas como de alto riesgo. “Su cerebro es parte de su cuerpo y se beneficiará de cualquier cosa que haga que sea buena para su salud en general”, dijo el doctor Weintraub.
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En 1985, se evaluó la condición física (cardiorrespiratoria, potencia muscular, resistencia muscular) y la antropometría (proporción cintura-cadera) de los participantes de 7 a 15 años del estudio Australiano de Determinantes de la Salud de los Adultos en la Infancia. Los participantes fueron seguidos entre 2017 y 2019 (entre 39 y 50 años). Los compuestos de velocidad psicomotora-atención, aprendizaje-memoria de trabajo y cognición global. Se utilizó el análisis de perfil latente para derivar perfiles mutuamente excluyentes basados en la condición física y la antropometría. Los análisis de regresión lineal examinaron las asociaciones entre la pertenencia al perfil de la infancia y la cognición de la mediana edad ajustando por edad, sexo y nivel educativo.
En sus conclusiones finales, los especialistas afirman que las estrategias que mejoran el bajo estado físico y disminuyen los niveles de obesidad en la infancia podrían contribuir a mejorar el rendimiento cognitivo en la mediana edad.
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