
El microbioma intestinal es crucial para numerosos aspectos de la biología humana, incluida la digestión, el metabolismo y la función inmunitaria. Pero el microbioma también está influenciado por numerosos factores ambientales. Además, los microbios intestinales pueden influir en las personas a través de su efecto sobre las vías hormonales e inmunológicas.
El comportamiento de ejercicio voluntario, definido como una locomoción que no está motivada por ningún factor externo ni es necesaria para la supervivencia, juega un papel clave en la salud de los mamíferos. Aunque muchos estudios han demostrado que el ejercicio puede afectar el microbioma intestinal, no se comprende bien cómo el microbioma afecta el comportamiento del ejercicio. Investigando sobre este espacio aún no desarrollado, un nuevo estudio demostró que al matar las bacterias intestinales esenciales, los antibióticos hacen estragos en la motivación y la resistencia de los atletas. El estudio con ratones dirigido por la Universidad de California acaba de publicarse en la revista Behavioral Processes.
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“Creíamos que la colección de bacterias intestinales de un animal, su microbioma, afectaba los procesos digestivos y la función muscular, así como la motivación para varios comportamientos, incluido el ejercicio -expicó Theodore Garland, fisiólogo evolutivo Departamento de Evolución, Ecología y Biología de Organismos de la Universidad, en cuyo laboratorio se realizó la investigación-. Nuestro estudio refuerza esta creencia”.

Los investigadores confirmaron a través de muestras fecales que después de 10 días de antibióticos, las bacterias intestinales se redujeron en dos grupos de ratones: algunos criados para altos niveles de carrera y otros que no. Ninguno de los grupos mostró signos de comportamiento de enfermedad por el tratamiento con antibióticos.
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Por lo tanto, cuando se redujo en un 21 % el funcionamiento de las ruedas en los ratones atléticos, los investigadores estaban seguros de que el daño en el microbioma era el responsable. Además, los ratones corredores no recuperaron su comportamiento de carrera incluso 12 días después de que se detuviera el tratamiento con antibióticos. El comportamiento de los ratones normales no se vio afectado significativamente ni durante el tratamiento ni después.
Entre las conclusiones a las que arribaron, se destaca la idea de que eliminar el microbioma intestinal normal podría compararse con una lesión. Una forma en que el microbioma podría afectar el ejercicio en ratones o en humanos es a través de su capacidad para transformar los carbohidratos en sustancias químicas que viajan por el cuerpo y afectan el rendimiento muscular.
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“Los productos finales metabólicos de las bacterias en el intestino pueden reabsorberse y usarse como combustible -señaló Garland-. Menos bacterias buenas significa menos combustible disponible”. En el futuro, a los investigadores les gustaría identificar las bacterias específicas responsables del aumento del rendimiento deportivo. “Si podemos detectar los microbios correctos, existe la posibilidad de usarlos como una terapia para ayudar a la gente promedio a hacer más ejercicio”, explicó Garland.

Se sabe que la falta de ejercicio es un factor de riesgo importante para los aspectos de la salud mental, incluida la depresión, así como para la salud física, incluido el síndrome metabólico, la diabetes, la obesidad, las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y la osteoporosis. Muchos en la comunidad de salud pública quisieran promover el ejercicio, pero pocos han encontrado formas de hacerlo con éxito.
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“Aunque estamos estudiando ratones, su fisiología es muy similar a la de los humanos. Cuanto más aprendamos de ellos, mayores serán nuestras posibilidades de mejorar nuestra propia salud”, continuó Garland.
Ciertos alimentos también pueden aumentar las bacterias intestinales deseables. Mientras se desarrolla la investigación sobre los “probióticos”, Garland recomienda que “aquellos interesados en promover la salud en general mantengan una dieta balanceada además del ejercicio regular. Sabemos por estudios anteriores que la dieta occidental, rica en grasas y azúcares, puede tener un efecto negativo en la biodiversidad del intestino y probablemente, por extensión, en la capacidad atlética y posiblemente incluso en la motivación para hacer ejercicio”, concluyó Garland.
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