
Las personas que se recuperan de la enfermedad COVID-19 buscan rehacer su vida normal. La mayoría de las personas (80%) que se contagian el coronavirus transita la infección y se recupera completamente.
Pero otros pacientes desarrollan complicaciones que pueden tener secuelas leves o moderadas que se prolongan por varios meses, por lo que necesitan un seguimiento médico. Así, expertos consultados por Infobae resaltaron la importancia de realizar un chequeo médico completo luego de transitar la enfermedad y para retomar las actividades habituales, así como también la actividad física o la práctica intensa de un deporte.
“En caso de haber padecido el COVID luego del alta médica se recomienda 15 días hasta volver progresivamente al deporte. El primer ejercicio recomendado es la bicicleta porque no requiere soportar el mismo peso del cuerpo. Cualquier actividad que nos permita hablar es el punto aeróbico ideal para comenzar con el ejercicio”, explicó el doctor Jorge Franchella, Director del Programa de Actividad Física para la Salud y el Deporte del Hospital de Clínicas.
El experto afirmó que para dar el alta del paciente, primero se revisa su historia clínica. “Los estudios que se piden para dar el alta y para volver al deporte son un examen físico y un electrocardiograma y los análisis de sangre de rutina”, indicó. Y agregó: “En el caso de querer volver al deporte, proponemos una ergometría o prueba de esfuerzos. La ergometría debe hacerse según las siguientes características: debe hacerse como es habitual pero, en el momento del informe, debe mencionarse una unidad que se llama MET (Equivalente metabólico del trabajo) que significa cuánto oxígeno consume el cuerpo para cada función que realiza. Ejemplos: el cuerpo en su estado normal consume 1 mets al dormir, 2 mets al estar sentados y 3 mets caminar activamente una cuadra. 4 mets las actividades del día. Pasar de 10 mets es ser francamente activo y por encima de 13 mets encontramos la mayoría de los deportes. Con esta prueba de esfuerzo se pueden saber los límites de cada persona”, concluyó Franchella.
“Los deportistas poseen el mismo riesgo de contraer la enfermedad por COVID-19 que la población general, pero con un riesgo bajo de complicaciones. Estas últimas consisten en el desarrollo de una respuesta inflamatoria exagerada con daño pulmonar, miocárdico y manifestaciones tromboembólicas. Debido a la compleja fisiopatología que trae aparejada esta infección, no debemos obviar la posibilidad de desarrollar otros cuadros tales como trastornos de la coagulación, trombosis venosa y eventual tromboembolismo pulmonar, más allá de las potenciales complicaciones miocárdicas”, dieron a conocer autoridades de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) junto a la Federación Cardiológica Argentina (FCA).

Caminar antes de correr
Los expertos recomiendan un regreso progresivo y por etapas al ejercicio después de haber tenido COVID-19, sugiriendo que, literalmente, se debe caminar antes de poder correr.
“Este enfoque es para asegurarse de que el sistema inmunológico del cuerpo no se vea demasiado desafiado demasiado pronto. Si tuvo síntomas mientras tenía COVID, eso significa que su sistema inmunológico ha tenido un poco de dificultad para controlar esta infección. Debe tener esto en cuenta durante la recuperación, incluso si ahora se siente bien. “Aunque la persona ya no muestre síntomas, no sabemos si el sistema inmunitario se restablece por completo o no”, explica el doctor Manoj Sivan, profesor clínico asociado en medicina de rehabilitación en la Universidad de Leeds.
Y agrega: “Si te excedes demasiado pronto, podrías retrasar tu recuperación. Cuando una persona se esfuerza de inmediato a ese nivel de actividad [pre- COVID], corre el riesgo de tener nuevos síntomas y empeorar los síntomas existentes. Creemos que se debe a que su sistema inmunitario aún no está preparado para ese tipo de desafío. Volver a su régimen de ejercicio habitual antes de una recuperación completa también aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades más graves como el malestar post-esfuerzo (PEM), según los consejos publicados por la Organización Mundial de la Salud. El PEM puede afectar sus niveles de energía, concentración, sueño y memoria y puede causar dolores musculares y articulares. Si lo experimenta, debe evitar la actividad extenuante y tratar de conservar su energía”.
Continuar esforzándose demasiado también tiene otros riesgos. “Después de la enfermedad, hay un período en el que debe tener mucho cuidado de no desafiar demasiado a su sistema inmunológico porque si continúa haciéndolo y sigue fallando, podría volverse disfuncional permanentemente, y eso es lo que puede conducir a problemas a largo plazo como el síndrome de fatiga crónica”, concluyó Sivan.

¿Cómo debemos hacer ejercicio de forma segura después del COVID-19?
Lo ideal es que antes de empezar a hacer ejercicio es no tener síntomas y estar recuperado. Una vez que se esté listo para volver a hacer ejercicio, se puede considerar seguir el plan de 5 semanas de la OMS, que brinda ejemplos de ejercicios que puede hacer para desarrollar su fuerza y recuperarse gradualmente.
“Las pautas de la OMS recomiendan usar la escala de Borg Rating of Perceived Esfuerzo (RPE), una evaluación de qué tan duro siente que está trabajando en una escala de 0 (sin esfuerzo en absoluto) a 10 (esfuerzo máximo). “Quizás se trata de organizar su regreso a la actividad en función de cómo se siente, e incrementarlo solo suavemente para que no se esfuerce demasiado”, precisó el doctor David Salman, becario clínico académico en atención primaria en el Imperial College.
La OMS recomienda permanecer en cada una de las 5 fases durante siete días y solo pasar a la siguiente fase si no experimenta ningún empeoramiento de los síntomas o ‘colapso’. Si experimenta fatiga excesiva o dificultad para respirar se recomienda que retroceda una fase. Hay que estar alerta a cualquier síntoma de bandera roja como: dificultad para respirar al descansar, dolor en el pecho, palpitaciones, mareos, empeoramiento de la “niebla mental” o confusión, debilidad en la cara, brazo o pierna, o problemas de salud mental. Si experimenta alguno de estos, la OMS recomienda que consulte a un profesional de la salud.

Además, la comunidad médica remarca que es muy probable que la inactividad física que se mantuvo, ya sea por haber cursado la enfermedad, como también en aquellos que no se ejercitaron debido a las medidas de confinamiento, tenga un impacto a mediano y a largo plazo en la salud física y el bienestar mental. Los especialistas recalcan la importancia de volver a ejercitarse, de retomar las rutinas saludables que teníamos antes de la pandemia, ante el preocupante avance del sedentarismo en la sociedad y las consecuencias negativas que tiene en las enfermedades no transmisibles.
La recuperación del coronavirus puede llevar un tiempo y hay síntomas que pueden acompañar al paciente tiempo después de haber sido dado de alta: fatiga, problemas respiratorios, dolor de pecho y tos son los más frecuentes. “También se observan dolores de cabeza, musculares, en las articulaciones, problemas para dormir y comer, diarrea y pérdida del gusto y del olfato. Además de los problemas físicos, después de recuperados, algunas personas todavía sufren problemas de depresión, ansiedad, memoria y dificultades para pensar de forma clara y para focalizarse. Debido a las secuelas pulmonares y cardíacas, es importante hacer un estudio exhaustivo antes de retomar las actividades a las que un paciente estaba acostumbrado”, comparte Laura Palermo, doctora en virología, especialista en la historia de las enfermedades y profesora en el Hunter College de Nueva York.

Reducción del ejercicio y pasos diarios
A nivel mundial, el SARS-CoV-2 ha tenido un gran impacto sobre la práctica habitual de actividad física. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), España, fue el país que más redujo el número de pasos diarios de la población –un 38% menos– durante el confinamiento; Argentina es el segundo, con un 24% de reducción. En América las cifras indican que Brasil redujo el 15%, México el 13%, Colombia el 18% (otros países de la región no informan datos.
Mikel Izquierdo, Catedrático y Director del Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad Pública de Navarra, es terminante: “El ejercicio físico y el deporte deberían ser actividades esenciales y más en pandemia. Las decisiones implicarán impacto en la sanidad pública. Este debería ser uno de los grandes retos de las políticas de salud pública y sanitaria en los próximos años.”
Los numerosos beneficios de la actividad física regular para adultos son bien conocidos. La (OMS) recomienda al menos 150 minutos de actividad moderada o 70 minutos de actividad vigorosa por semana para que esta práctica brinde beneficios para la salud. Algunos de los beneficios más importantes a nivel físico son la mejora de la composición corporal, imagen, nivel metabólico y capacidad cardiorrespiratoria, ayudando a prevenir enfermedades como morbilidad, sarcopenia, hipertensión e incluso cáncer. También produce un efecto psicológico positivo al reducir la tasa de enfermedad por ansiedad y depresión.
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