
Se han adoptado una variedad de estrategias de contención y mitigación para responder adecuadamente al COVID-19, con la intención de aplazar las oleadas importantes que, por lo general, se basan en evaluaciones de riesgo nacionales que incluyen la estimación del número de pacientes que requieren ingreso hospitalario y la disponibilidad de camas y asistencia respiratoria.
A nivel mundial, los programas de vacunación han demostrado ser seguros, eficaces y salvar vidas. Sin embargo, la mayoría de las vacunas no confieren una protección del 100% y no se sabe aún cómo evitarán la transmisión futura del SARS-CoV-2, dadas las variantes emergentes. La proporción de la población que debe vacunarse contra el COVID-19 para alcanzar la inmunidad colectiva depende en gran medida de las variantes actuales y futuras. Este umbral de vacunación varía según la respuesta del país y la población, los tipos de vacunas, los grupos priorizados para la vacunación y las mutaciones virales, entre otros factores.
Se ha demostrado que las intervenciones de salud pública (o no farmacéuticas) son beneficiosas para combatir las infecciones respiratorias transmitidas por contacto, gotitas y aerosoles. Dado que el SARS-CoV-2 es altamente transmisible, es un desafío determinar qué medidas podrían ser más efectivas y sostenibles para una mayor prevención.
Siguiendo este objetivo, un análisis de estudios en todo el mundo reveló que usar una máscara, lavarse las manos y distanciarse social son algunas de las formas más efectivas de prevenir contraer COVID-19 y propagar la enfermedad.

The BMJ, un medio global de atención médica, acaba de publicar una revisión masiva a cargo de una decena de especialistas de la Universidad Monash, el centro de estudio público de Melbourne en Australia, que analizó 72 estudios de todo el mundo para evaluar cómo las medidas de salud no farmacéuticas redujeron los casos de COVID-19. Los investigadores encontraron que medidas como lavarse las manos, usar máscaras y el distanciamiento físico redujeron significativamente la incidencia de COVID-19.
Los especialistas apoyaron con fortaleza las vacunas, pero, indica Stella Talic, profesora de epidemiología clínica y salud pública de dicho centro académico, y primera autora de la investigación “también es esencial considerar la inmunidad colectiva en varios sentidos. El primero esta dado porque que el umbral para lograrlo varía mucho según el país y la respuesta de su población a las vacunas, los tipos de vacunas disponibles y los grupos de población que tienen prioridad para recibir una vacuna, la cantidad de personas que efectivamente deciden vacunarse y lo que los Estados realizan para promover que efectivamente los sujetos accedan a la protección que necesitan”.
Para los investigadores, considerando estos escenarios no certeros ni ideales, su masivo documento resalta que también se ha demostrado que “las estrategias de prevención de salud pública son beneficiosas para combatir las infecciones respiratorias”. Los investigadores, en su rastreo de otros 70 documentos científicos publicados y revisados por pares, localizados en diferentes sitios del mundo y publicados en los medios de relevancia como The Lancet, Cell o Nature, encontraron que mantener el uso de una máscara podría reducir la incidencia de COVID-19 en un 53 por ciento.

Un experimento en 200 países mostró un 45,7 por ciento menos de muertes relacionadas con COVID-19 en países donde el uso de mascarillas era obligatorio, según el estudio. En EE.UU., por ejemplo, un estudio informó una reducción del 29 por ciento en la transmisión de COVID-19 en los estados donde se requería el uso de mascarillas.
El distanciamiento social también ha demostrado ser efectivo, y los investigadores encontraron que un análisis de cinco estudios diferentes indicó una reducción del 25 por ciento en la incidencia de COVID-19.
Se confirmó también que lavarse las manos es otra medida preventiva crucial. En este sentido, en este masivo relajamiento los especialistas encontraron que hubo una reducción estimada del 53 por ciento en la incidencia de COVID-19. Aunque los investigadores dijeron que esto era sustancial, su análisis final encontró que no era estadísticamente significativo.
“Al implementar medidas de salud pública, es importante considerar las necesidades socioculturales y de salud específicas de las comunidades y sopesar los posibles efectos negativos de las medidas de salud pública con los efectos positivos para la población en general”, escribieron los investigadores en el documento.
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