
La relación entre costo y beneficio de las redes sociales ha sido puesta en duda últimamente: desde la malversación de los datos personales hasta el abuso sexual infantil, pasando por las operaciones de agentes rusos en las elecciones estadounidenses. Una nueva investigación advirtió que el efecto adverso de las experiencias negativas causa mucho más daño psicológico que el bienestar que pueden dar las experiencias positivas.
El estudio de casi 1.200 adultos de 18 a 30 años, realizado por la Universidad de Pittsburgh en Pennsylvania, demostró que cada 10% de aumento en las experiencias negativas en Facebook, Twitter o Instagram —entre otras redes— crecían en un 20% las probabilidades de síntomas depresivos. En cambio, las experiencias positivas arrojaron una influencia mucho menor: por cada incremento del 10%, las señales de depresión menguaban en un 4 por ciento.

"Encontramos que las experiencias positivas en las redes sociales no se relacionaban, o se relacionaban levemente, con una baja de los síntomas depresivos. Sin embargo, las experiencias negativas se asociaban con fuerza y consistencia a más síntomas depresivos", dijo al sitio de la universidad Brian Primack, director del Centro de Investigación de Medios, Tecnología y Salud.
"Nuestros hallazgos pueden motivar a la gente para que preste más atención a sus intercambios en línea", agregó. "De cara al futuro, estos resultados pueden ayudar a que los científicos desarrollen modos de intervenir y contrarrestar los efectos negativos, a la vez que se fortalecen los positivos".

En diálogo con Reuters, Primack agregó que los resultados son coherentes "con el modo en que vemos las cosas en el mundo offline". Las cosas negativas tienen más peso que las positivas. "Si uno cursa cuatro clases, aquella en la que le va peor seguramente absorberá toda su energía mental". La diferencia es que la negatividad en las redes es mucho más alta que en la vida física como consecuencia de una característica de lo virtual: el anonimato posible en las plataformas.
Este trabajo es el más reciente en una serie sobre el impacto del uso de las redes sociales en la salud mental, algunos de ellos realizados por el mismo Primack, como el que halló vínculos entre pasar mucho tiempo en las plataformas y desarrollar sentimientos de aislamiento y, por fin, depresión. La realidad muestra una paradoja: se supone que las redes sociales ayudan a una mejor comunicación entre las personas.

"En otras investigaciones, participar de algún modo en redes sociales ha mostrado una mejora en la comunicación y la conexión social", dijo el autor del trabajo. "Por cierto, hay muchas situaciones en las cuales conectarse con otros de este modo puede, efectivamente, reducir los síntomas depresivos. Sucede que no fue el hallazgo principal de este estudio".
Un punto central fue que los 1.179 participantes —de los cuales 62% fueron mujeres, 28% no-blancos (afroamericanos, latinos, asiáticos) y 51% solteros— pudieron definir individualmente qué consideraban interacción positiva y qué interacción negativa.

Estudios previos habían demostrado la falta de consenso sobre el punto, de modo tal que si alguien consideraba que bloquear a alguien en Snapchat era catártico en lugar de dañino, se respetaba su sentimiento: lo que evaluó el trabajo fueron, precisamente, los sentimientos. Los participantes también completaron el cuestionario estándar con el que se evalúan los síntomas de depresión en los Estados Unidos.
Primack señaló al sitio de la Universidad de Pittsburgh que los profesionales de la salud podrían comenzar a utilizar estudios como este para educar al público sobre los peligros de las interacciones negativas en las redes sociales. También ilustró que el ciber-bullying no ocurre solo entre adolescentes, sino ampliamente entre adultos.

En el caso de pacientes que ya sufran de depresión, estos estudios sugieren a sus médicos que hablen con ellos sobre estrategias para mejorar la calidad de las experiencias en línea, como restringir el tiempo que se pasa en las plataformas y dejar de ser amigos o seguir las cuentas de personas o grupos que tienden a generar experiencias negativas.
Otros puntos destacados del trabajo revelaron que, en comparación con los varones, las mujeres presentaban una posibilidad del 50% mayor a desarrollar síntomas depresivos, y que identificarse como minoría étnica y no haber terminado la universidad también aumentaban la tendencia.
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