En Caracas, el ambiente se transformó tras la captura del dictador Nicolás Maduro por fuerzas especiales de Estados Unidos, acción que desencadenó una ola de represión en Venezuela.
Según The Washington Post, la noticia del arresto provocó reacciones inmediatas: mensajes de euforia circularon por grupos de chat, algunas familias descorcharon botellas guardadas para ocasiones especiales y se instaló una esperanza contenida de un futuro distinto tras muchos años bajo el régimen.
La celebración inicial fue efímera. El régimen respondió de inmediato, desplegando una ofensiva nacional para impedir manifestaciones públicas de apoyo a la caída del exdictador.

Esta operación incluyó la detención de al menos 14 periodistas y trabajadores de medios, entre ellos 11 de medios internacionales, según datos del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa citados por el diario estadounidense.
La mayoría de las detenciones ocurrieron cerca de la Asamblea Nacional y estuvieron acompañadas por revisiones de teléfonos a cargo de agentes de contrainteligencia militar.
El lunes, Delcy Rodríguez asumió como presidenta interina en la Asamblea Nacional. Altos mandos militares le juraron lealtad, lo que evidenció que, aunque cambió la figura de poder, la estructura estatal seguía intacta.

El decreto de “estado de conmoción externa” permitió a las fuerzas policiales arrestar a cualquier persona que apoyara o promoviera el ataque armado estadounidense y suspendió el derecho a protestar, además de autorizar restricciones a la circulación y reunión.
El temor se afianzó en las calles. Los colectivos, grupos paramilitares progubernamentales, establecieron puestos de control en avenidas claves.

Varios residentes indicaron a The Washington Post que eran detenidos, interrogados y obligados a entregar sus teléfonos para inspección en busca de mensajes favorables a la intervención estadounidense. Uno relató: “Se oye: ‘No vayas por ahí, están parando autos con ametralladoras’”.
La represión se extendió a otras regiones. En Mérida, dos personas de unos 60 años fueron arrestadas por gritar consignas contra el régimen y celebrar la captura de Maduro y la primera dama Cilia Flores, según la policía estatal.

Las restricciones no tardaron en impactar la vida cotidiana: BBC Mundo describió una Caracas con supermercados más vacíos de lo habitual y estantes con faltantes, principalmente de frutas y pan.
Además, se observaron largas filas para ingresar a los establecimientos de alimentos, donde numerosos ciudadanos aguardaban durante horas con la esperanza de adquirir los productos básicos.

En este contexto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que su país dirige Venezuela, aunque evitó precisar el alcance de esa influencia sobre Caracas.
Además, hoy sugirió que el régimen planea cerrar El Helicoide, centro de detención utilizado para encarcelar y torturar a disidentes. El Foro Penal informó que más de 860 presos políticos siguen bajo custodia estatal.

En este contexto, la líder opositora María Corina Machado calificó la represión como “realmente alarmante” en una entrevista con Sean Hannity, de Fox News, e instó a Estados Unidos y a la comunidad internacional a vigilar los acontecimientos. Además, responsabilizó a Rodríguez de la persecución y la corrupción.
Las noches en la capital estuvieron marcadas por disparos cerca del palacio de Miraflores y la difusión de videos en redes sociales con hombres armados en las calles. Algunos residentes especularon sobre un posible golpe de Estado.

El Ministerio de Comunicación e Información emitió un comunicado en el que afirmó que la policía realizó tiros de advertencia tras detectar drones, asegurando que “todo el país está en completa calma”.
Mientras tanto, la vida cotidiana intentó restablecerse. CNN informó que, a pesar de la tensión por las detenciones de periodistas y episodios de violencia, los venezolanos buscan recuperar cierta normalidad.
En barrios alejados de Caracas, la situación era distinta. El mismo medio informó que el hambre persiste y que, en ciudades del este, los comercios retiraron los precios ante la volatilidad económica. Las principales preocupaciones de la población giran en torno a la alimentación diaria y la posibilidad de trabajar sin ser detenidos.
(Con información de The Washington Post, BBC Mundo, CNN)
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