
Jair Bolsonaro volvió a generar polémica este lunes luego de que Brasil registrara un nuevo récord de decesos por Covid-19 (474) y, con 5.017, superara la cifra informada oficialmente por China. Consultado sobre estas crecientes cifras y la aceleración de los contagios -el último parte registró más de 5.000 y el total es de casi 72.000- el mandatario respondió: “Lo lamento, pero ¿qué quieren que haga?”.
“¿Y entonces?”, agregó Bolsonaro frente a la insistencia de los periodistas, para agregar que, aún cuando su segundo nombre es Mesías, no es capaz de “hacer milagros”.
Bolsonaro también dijo lamentar la situación sanitaria del país y expresó su “solidaridad a las familias que perdieron seres queridos”. Pero, indicó, "así es la vida”.

“Mañana seré yo. Lógicamente, uno quiere tener una muerte digna y dejar una buena historia”, apuntó el presidente brasileño, uno de los mandatarios más escépticos del mundo en relación al coronavirus y quien llegó, en algunas ocasiones, a calificar a la COVID-19 de “gripecita”.
Asimismo, consideró que las 474 muertes comprobadas este martes pudieran corresponder a “personas que fueron infectadas hace dos semanas” y reiteró que, en su opinión, “el virus va a afectar al 70 % de la población”, lo cual “es infelizmente una realidad”.
Bolsonaro, quien se ha enfrascado en polémicas con gobernadores y alcaldes que han declarado cuarentenas y otras medidas de reclusión que él censura, destituyó hace diez días al hasta entonces ministro de Salud Luiz Henrique Mandetta, quien defendía esas medidas.
El nuevo titular de esa cartera, Nelson Teich, reconoció este martes que los últimos datos sobre la situación en Brasil indican que “la curva viene creciendo y hay un agravamiento, una evolución de la curva hacia arriba”, lo cual consideró que es “una tendencia”.
Bolsonaro declinó comentar directamente la declaración de Teich pero insistió en que “va a haber muertes” y subrayó que “nadie negó” que eso sucedería.

De acuerdo a los cálculos del Ministerio de Salud, el pico de la pandemia en Brasil se alcanzará entre mayo y junio próximos.
Sin embargo, en las regiones del sur del país, en las que bajan considerablemente las temperaturas durante el actual otoño austral, y aún más en el invierno que comenzará en junio, se teme que la incidencia del patógeno pueda prolongarse.
“Existe una preocupación real por los virus respiratorios que tradicionalmente circulan en otoño e invierno todos los años, y que, con la COVID-19, agravarán la crisis”, dijo hoy el secretario de Vigilancia del Ministerio de Salud, Wanderson Oliveira.
Con información de EFE
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