El descarado intento del régimen cubano de apoderarse de un legado que no le pertenece, el del pianista Bebo Valdés

Por José Antonio Evora

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El músico cubano Bebo Valdés.
El músico cubano Bebo Valdés. (Archivo de Martí Noticias)

La política del gobierno cubano hacia los artistas que no comulgan con el régimen está convirtiéndose en una parodia cínica de viejos dogmas del catecismo revolucionario.

"Hasta después de muertos somos útiles", decía el líder comunista de principios del siglo pasado Julio Antonio Mella.

"Sólo después de muertos son útiles", patalea ahora Granma.

Hace rato le tocó a Virgilio Piñera en la literatura, y ahora le toca en la música a Bebo Valdés, el legendario pianista, compositor, arreglista y director de orquesta, padre de Chucho Valdés y a quien Paquito D´Rivera sacó del ostracismo en 1994 con el disco Bebo Rides Again.

El cineasta español Fernando Trueba lo incluyó después en su excelente documental Calle 54; el propio Trueba, Nat Chediak y Javier Limón lo empinaron con Diego El Cigala en el disco Lágrimas Negras, y Bebo ganó, ya a la altura de 2003, el reconocimiento que merecía desde siempre y que siempre hubiera tenido de no haberle faltado Cuba.

Se fue de la isla en 1960, se estableció en Suecia en 1963 y allí fundó una nueva familia. Ahora, cinco años después de su muerte, Granma viene a poner sobre la mesa un cheque en blanco que no tiene fondos desde hace más de medio siglo.

Dice cosas sorprendentes. Por ejemplo, que Bebo ¨desempeñó un papel de primerísimo orden en la cristalización del estilo orquestal con que la música vernácula alcanzó su más depurada expresión hacia la medianía del siglo pasado y, a la vez, aportó valores sustanciales al desarrollo de la descarga cubana, la variante más imaginativa y entrañable de la criollización del jazz¨.

O esto otro: "Entre Dámaso Pérez Prado, Chico O' Farrill y Armando Romeu, más el genio de Benny Moré como electrón libre y único que sin formación académica amoldó una banda a la medida de sus deseos, Bebo ocupa un lugar al que una y otra vez habrá que volver para hallar las claves de la altura alcanzada por la música insular y su proyección continental en los años 50".

Son textos sorprendentes no tanto por su densidad verbal y su apego a la verdad como por lo que delatan. Porque, ¿cómo es posible que alguien que hizo todo eso -porque de veras lo hizo- no se estudiara en las academias musicales de Cuba por orden de sus gobernantes?

¿Cómo es posible que no se mencionara en la prensa nacional durante décadas y décadas el nombre de Bebo Valdés, como tampoco los de Celia Cruz, Olga Guillot ni Guillermo Alvarez Guedes?

Fue precisamente con el sello Gema, de Alvarez Guedes, que Bebo grabó su primer disco en Cuba.

Cuando fue a Miami para presentarse con Diego El Cigala en el Gusman Center durante la campaña de promoción de Lágrimas Negras a mediados de noviembre de 2002, Chediak tuvo la gentileza de presentármelo en el hotel de Coconut Grove donde se estaba hospedando. Entonces pude hablar largo rato con él, cara a cara, pues antes ya lo había entrevistado por teléfono. En aquella conversación telefónica le dije que iba a darle una sorpresa y puse en línea a su amigo Alvarez Guedes, que de entrada le dijo: "Oye, el Cigala ese se sacó la lotería contigo".

Según Granma, ahora habrá que volver al lugar que Bebo Valdés ocupa para hallar las claves de la altura que alcanzó la música cubana en los años 50.

¿Por qué no lo dejaron tranquilo en el lugar que él ocupaba en La Habana de 1960?

"Como no quise integrarme, me botaron de todas partes", me dijo sentado en el vestíbulo del hotel. "Entraron a dirigir [los centros donde se producía música] individuos que de música no sabían nada, y que me tumbaban cuando yo les respondía que no cada vez que ellos me decían: 'Compañero, esto hay que hacerlo así y así".

Bebo evocaba aquellas insolencias como si hubieran ocurrido la víspera.

"Pasé al Habana Hilton y me tumbaron; al Habana Riviera, y me tumbaron; director de El Show de las 7 en Radio Progreso, y me tumbaron", dijo. "Al gobierno le molestó que yo, siendo de Cuba, fuera un compositor que no pertenecía a una sociedad cubana, sino americana. Les dije: 'Cuestión de negocios. Yo soy músico, no político'. Pero nada. No aceptas lo que ellos dicen y no te inscriben. Te quedas fuera y ya".

Después fue lapidario.

"¿Ellos no querían al hombre nuevo? Ahí lo tienen. Ahora van a tener que pasar cinco generaciones para que 'el hombre viejo' cubano pueda encontrarse con ese".

Le pregunté por qué había pasado tanto tiempo sin grabar.

"Hay dos factores principales, y el primero es que sabía que nunca más iba a volver a mi tierra", dijo, se quedó callado, y me hizo entender, o creí entender yo, que no le preguntara por el segundo. Ahora lamento no haberlo hecho.

La semana pasada llamé a Chediak y le pregunté qué le parecía la epifanía de Granma.

"Como viejo profesional al que le hacían la misma pregunta muchas veces", cuenta el coproductor de Lágrimas Negras, "Bebo siempre tenía una respuesta cuando le preguntaban por qué no regresaba a Cuba, y era: 'Yo salí de Cuba con Rolando Laserie y ambos juramos no regresar hasta que las cosas cambiaran. Rolando cumplió. Ahora me toca a mí".

Contó también Chediak que Bebo le dijo en Estocolmo a principios de los 2000 que por alguna vía las autoridades cubanas le habían ofrecido concederle la Orden Félix Varela si visitaba La Habana.

Y citó la respuesta de Bebo: "Les dije que no".

Bebo Valdés era libre y feliz como sólo pueden ser libres y felices los hombres que no se dejan administrar la libertad ni la felicidad. Hay que ser muy libre para estar dispuesto a pasarse el resto de la vida tocando el piano en un restaurante de Estocolmo después de haberle marcado el paso a las mejores orquestas de La Habana. Añádase esa lección de civilidad a las tantas de música que nos dio.

¿Que Bebo es de Cuba? Claro que sí, chico… ¿quién dijo lo contrario?

Publicado originalmente por Martí Noticias

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