
Lula da Silva deberá pasar doce años en prisión. Será por un delito frecuente en el resto de los Gobiernos de la región: la corrupción. En el caso del ex presidente brasileño, se lo encontró culpable -entre otras cosas- de haber aceptado un departamento como parte de un soborno de una empresa constructora. Su próximo destino será el penal de Curitiba, donde deberá purgar sus años de cárcel.
La sentencia fue resuelta por el juez Sérgio Moro y elevada por el Tribunal Regional Federal para la 4ª Región. El dirigente sindical y jefe del Partido de los Trabajadores (PT) deberá entregarse a las autoridades de la Policía Federal esta tarde.
Lula tiene la exclusividad de ser el primer presidente brasileño en no haber sido encarcelado por cuestiones políticas, ideológicas o por defender la democracia, sino por un hecho de corrupción.

El primero de los ex jefes de Estado que sufrió prisión fue Hermes da Fonseca, primer magistrado de Brasil entre 1910 y 1914. Pero años después, durante la gestión de Epitácio Pessoa, Fonseca fue encarcelado por haber cuestionado la intervención electoral que el gobierno central había hecho sobre Pernambuco en 1922. El ex presidente fue detenido por medio año y la institución que presidía, el Club Militar, cerrado durante seis meses.
Fonseca fue liberado luego de que sus abogados interpusieran un recurso de habeas corpus ante el Tribunal Superior Federal por no haber condena firme y siendo una detención de índole política.

El siguiente presidente preso fue Washington Luis, quien cayó el 24 de octubre de 1930 tras el golpe que llevó a Getúlio Vargas al poder. El hecho fue conocido como la Revolución del 30, y el mandatario y sus ministros fueron trasladados al fuerte de Copacabana, Río de Janeiro, ciudad donde por entonces estaba la sede de la presidencia.
Tras un tiempo, Washington Luis negoció con sus captores su liberación. Prometió abandonar el país y exiliarse en Europa primero y luego en los Estados Unidos. Retornó a Brasil en 1947, cuando la dictadura de Vargas concluyó. Tenía 77 años y se refugió en su residencia de San Pablo. Moriría diez años después.

Pero no sería el único ex jefe de Estado que esa "revolución" se encargaría de perseguir y encarcelar. Dos años después del comienzo del régimen de Vargas, sería Arthur Bernardes quien cayera en desgracia. El dirigente había conducido Brasil entre 1922 y 1926. Lo detuvieron el 23 de septiembre de 1932 en Araponga. Fue acusado de intentar un levantamiento en apoyo al movimiento paulista contra el régimen. El 4 de diciembre partiría al exilio, en Portugal.

El quinto mandatario de Brasil que fue apresado fue Juscelino Kubitschek. jefe del Estado brasileño entre 1956 y 1961, el presidente bossa nova condujo a la nación a la industrialización y abrió las puertas al capital extranjero. Pero con el nuevo golpe de 1964, JK -como se lo conocía- fue, en principio, privado de sus derechos políticos para, finalmente, ser detenido. Ocurrió el 13 de diciembre de 1968. Estuvo unos días en un cuartel para luego ser privado de su libertad en su propio domicilio. ¿Su delito? Pedir la restauración democrática.

Jânio Quadros, efímero presidente en 1961, también fue encarcelado en 1968. Estuvo 120 días en Corumbá, según recuerda en su edición de hoy el diario O Globo. Era otra de las víctimas de la dictadura militar recientemente instalada.

Pero el caso de Lula da Silva, presidente durante ocho años entre 2003 y 2010, es diferente. Es la primera vez en la historia de Brasil que un ex jefe de Estado es condenado y sentenciado por un delito común. Por corrupto. Los cargos por los que se lo imputó son el de lavado de dinero y corrupción pasiva. Todo como consecuencia de aceptar como soborno un tríplex en Guarujá. Ese "regalo" fue hecho por la constructora OAS, que había ganado contratos de Petrobras.
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