En los últimos días, una información comenzó a circular por diferentes medios y círculos de influencia de todo el mundo: era la que decía que los fundamentalistas talibanes tenían ahora en su poder un poderoso arsenal como consecuencia de la partida de las fuerzas de los Estados Unidos de tierra afgana. El número que comenzó a expandirse provocaba escalofríos: 85 mil millones de dólares en material bélico podría estar ahora en poder de los extremistas islámicos, de acuerdo a esa versión.
Pero, ¿qué hay de cierto en esa monumental cifra?
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La historia comenzó cuando el ex presidente Donald Trump emitió un comunicado en el que reclamaba a la administración del presidente Joe Biden sobre el destino de lo desplegado por el Pentágono en Afganistán en los últimos 20 años. El documento emitido por la oficina de prensa del ex presidente le pedía a la Casa Blanca que asegurara la devolución de “los 85 mil millones de dólares” invertidos en equipar militarmente a las fuerzas de seguridad afganas, o que “por lo menos bombardee fuertemente la zona”. El reclamo también circuló por las redes sociales lo que provocó su ponta viralización en cuentas afines al ex jefe de estado norteamericano. Sin embargo, estas afirmaciones difieren significativamente con la realidad de los hechos.
Si bien el número de 83 mil millones -que Trump redondea hacia arriba a 85- no está sacado de la nada , este se refiere a todo el dinero utilizado para equipar, entrenar y hasta alojar a las fuerzas armadas y a la policía afgana desde 2001 a esta parte. Es decir, lo utilizado estrictamente para comprar armas es solo una fracción de este número.
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Según un informe de la Oficina de Rendición Gubernamental de Estados Unidos, publicado en 2017, el 29% de los fondos fueron utilizados para comprar armas y transportarlas. Asumiendo que estos números se mantuvieron luego del año de publicación del informe, ya que no se cuenta con otro de este estilo, se puede suponer que el total destinado a equipar a las fuerzas afganas ronda los 24 mil millones de dólares. De esto, el 70% fue a parar al ejército afgano y el resto a la policía nacional; según la misma oficina gubernamental, según publicó The Washington Post.
Puntualmente, este dinero se utilizó para comprar 76 mil vehículos -incluidas 43 mil camionetas Ford Ranger, 22 mil Humvees y 900 MRAPs diseñados para resistir emboscadas y explosivos-, 600 mil armas y más de 200 aeronaves. Gran parte de este material, sin embargo, ha sido destruido o sera pronto inutilizable.
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Por ejemplo, en el caso de los aviones, un reporte afirma que solo 167 de los 211 disponibles están en condiciones de ser utilizados. Y, además, la Fuerza Aérea Afgana no cuenta con los suficientes pilotos calificados para operarlos. Sumado a esto, no hay en el país suficiente personal de mantenimiento para revisar y reparar los vehículos, lo que disminuye su vida útil a unos cuantos meses.
Por otro lado, el General Kenneth F. McKenzie Jr., jefe del Comando Central de Estados Unidos, afirmó que previo a su retirada el ejército procedió a “desmilitarizar” 70 MRAPs, 27 Humvees y 73 aeronaves. “Esos vehiculos nunca volverán a volar”, dijo. “Nunca podrán ser operados por nadie”. El proceso de desmilitarización de estos vehículos se hace, por lo general, utilizando explosivos para destruir componentes claves del equipo, según consignó el diario USA Today.
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Los vehículos dejados en Afganistán:
MRAPs
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Estos vehículos están diseñados para soportar minas y el impacto de artefactos explosivos improvisados, siendo así resistentes a posibles emboscadas. Según el Pentágono, su utilización salvo la vida y las extremidades de miles de tropas. Tienen un costo de 1 millón de dolares por unidad. Alrededor de 70 de estos quedaron en territorio afgano.
Humvees
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Estos son vehículos tácticos ligeros, que fueron reemplazados por los MRAPs cuando resultaron vulnerables a ataques de explosivos. Su costo por unidad es de un tercio del precio de los MRAPs, y quedaron 27 en territorio afgano.

Aeronaves
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En el aeropuerto quedaron 73 aeronaves, de las cuales no fue especificado cuántas son helicópteros y cuántas son aviones. Sin embargo, el Pentágono aseguró que dichos vehículos “nunca volverán a volar”. Los helicópteros de ataque Apache, que forman parte de este inventario, cuestan 30 millones de dólares cada uno.
Sistemas anti cohetes, artillería y morteros
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Estos artefactos, que cuestan 10 millones de dólares cada uno, detectan y derriban cohetes, artillería y morteros lanzados por el enemigo. No está claro cuántos de estos fueron dejados.

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