
Neidy Zambrano trabajó durante 20 años en una oficina de ingenieros hasta que resolvió montar su propia despacho junto con dos colegas. Cuenta que en 2019 “comenzó la debacle” de su empresa por la caída de los créditos bancarios, situación que la obligó a cerrar en 2020.
En medio de la pandemia, resolvió viajar a Ecuador para conocer a su nieto y abrazar a su hijo, al que tenía cuatro años sin ver. Estaba previsto que la visita se extendiera por tres meses, pero terminó quedándose tres años. Regresó a Caracas en octubre de 2023 y en diciembre ya instalaba un nuevo emprendimiento: un pequeño restaurante en un centro comercial afincado en una zona popular del oeste de la ciudad.

“El camino recorrido no ha sido fácil”, confiesa Neidy, de 50 años. “De hecho, tuvimos que entregar el local, no contamos con ayuda de ningún tipo, nunca conseguimos un crédito y ahora estamos operando desde nuestro apartamento y solo vendemos delivery”, detalla.
El alquiler del establecimiento era de 520 dólares al mes, una suma que a veces superaba ampliamente sus ganancias. “Nos endeudábamos pidiendo dinero aquí y allá, tocamos puertas solicitando créditos para emprendedores, pero te piden demasiados requisitos. Tienes que tener dinero propio porque no se cuenta con ninguna ayuda”, detalla su experiencia.
Su negocio lleva por nombre “El reino del sabor” y es netamente familiar con su esposo y tres sobrinos. Mientras continúa en los fogones, intenta retomar su proyecto de ingeniería. “Conozco a mucha gente que atraviesa la misma situación. Aquí nada es fácil y no se puede tener un solo trabajo porque no te da para vivir como uno quiere”, observa Neidy.
Caída libre
El informe GEM (Global Entrepreneurship Monitor) Venezuela 2025, elaborado por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y el Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA), concluye que un total de 2 millones de emprendedores salieron del mercado local desde 2023.
El análisis apunta que “77,8% de la actividad emprendedora se encuentra en etapa naciente (sin pagar salarios aún), lo que indica un sistema que intenta reiniciarse constantemente, pero no logra madurar”.
Otro dato llamativo: 8 de cada 10 emprendedores “sigue motivado por la escasez de empleos, confirmando que el emprendimiento en Venezuela es una estrategia de supervivencia individual ante la precariedad salarial”.
La Tasa de Actividad Emprendedora Temprana -que mide el porcentaje de población adulta que tiene un negocio naciente o con menos de 42 meses- se desplomó a un mínimo histórico de 7,7%. En 2023 había sido de 22,7% y en 2024 de 11,7%.
“Esta caída sugiere un agotamiento definitivo de los ahorros familiares utilizados para el autofinanciamiento (bootstrapping), elevando el costo de entrada al ecosistema más allá de las capacidades de la mayoría de la población”, sostienen los expertos.
El profesor Luis Lauriño, miembro del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la UCAB, expone que “el capital inicial de un emprendimiento en este momento está entre los 5.000 y los 20.000 dólares, y eso básicamente sale de ahorros, de capital familiar y de remesas. Eso explica por qué los emprendimientos cierran por falta de financiamiento”.
Morir al nacer
La evaluación revela que “la gran mayoría de las iniciativas están atrapadas en la fase de gestación y mueren antes de lograr operatividad real”. De hecho, apenas dos de cada 100 sobrevivieron más allá de los 3,5 años, estadística que mantiene a Venezuela “en los niveles de sostenibilidad empresarial más bajos del mundo”.
El “principal filtro mortal” que enfrentan los emprendedores es la “incapacidad de generar flujo de caja suficiente para pagar salarios más allá del tercer mes”, razón por la cual terminan en “la inactividad o la informalidad de subsistencia”.

Lauriño resume las causas del descalabro. “Convergen aspectos negativos: sanciones sobre la economía, inflación, asfixia tributaria y erosión del poder adquisitivo. Hay una fatiga económica que implica el cierre de un ciclo de un boom de emprendimiento, que comenzó en 2023, y esto se estrelló con una realidad de un mercado que se hacía cada vez más pequeño”.
En el marco de la peor crisis de su historia, la economía venezolana perdió 2/3 de su tamaño, sufriendo hiperinflación, megadevaluación, la desaparición del crédito y el descalabro de los servicios públicos. Las consecuencias de la política económica chavista luego se potenciaron por las sanciones que impuso Estados Unidos al país.
Sin ayuda
Juan Calor Sosa se cansó de escuchar en los bancos una promesa jamás cumplida: “Yo te llamo”. Ingeniero electrónico de 47 años, comenzó a emprender en 2011, tras nueve años de carrera corporativa. “Son casi 15 años desde que salí a buscar mi propio camino”, dice.
En este periodo ha lanzado diez emprendimientos. “Ocho han sido fracasos, uno ha madurado bien y está activo y otro está en proceso”, resume. Su larga experiencia le permitiría hacer un libro sobre los desafíos del emprendimiento en Venezuela.
“No solo se trata de construir una solución para un problema de la sociedad, es todo lo que viene después: facturación, nómina, inflación, manejo de flujo de caja, distintas tasas cambiarias, constitución de la compañía. Además, tienes que inscribirte en 17 entidades regulatorias, nada está claramente tipificado sino que te vas tropezando con las instituciones”, relata la carrera de obstáculos.

A pesar de su insistencia, jamás ha logrado tener acceso a un crédito bancario. “Te piden una cantidad de requisitos como si fueras una empresa constituida. Yo he presentado cualquier cantidad de solicitudes y siempre es lo mismo: ‘Yo te llamo’”.
El Índice Nacional de Contexto Emprendedor, utilizado por el GEM para evaluar el entorno de un país para emprender, ubica a Venezuela en el penúltimo lugar con 3,23% en una lista conformada por 52 naciones, solo por delante de Angola. En esa misma medición Argentina aparece con 4,19 en el puesto 38.
La investigación enumera entre las fallas las dificultades de financiamiento y la falta de programas gubernamentales para respaldar al emprendedor. Juan Carlos lo sabe porque lo ha vivido. “Aquí hay una ausencia de políticas públicas, el 70% de tus ingresos se van en compromisos fiscales y parafiscales y la brecha cambiaria genera distorsiones enormes. Es un ambiente muy hostil”. subraya.
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