
Brian Fonseca, director del Jack D. Gordon Institute de la Universidad Internacional de Florida, sintetizó el alcance de la operación militar que el país norteamericano ha puesto en marcha en el Caribe, según detalló en una entrevista concedida con NTN24.
“Es la primera vez en mucho tiempo que Estados Unidos reúne instrumentos militares de poder para dirigirse a organizaciones criminales en América Latina”, dijo Fonseca.
El despliegue, que involucra a más de 4.500 marineros y 2.200 infantes de marina a bordo de tres buques anfibios —el USS San Antonio (LPD 17), el USS Fort Lauderdale (LPD 28) y el USS Iwo Jima (LHD 7)—, marca un punto de inflexión en la estrategia de Estados Unidos frente a las organizaciones narcoterroristas que operan en América Latina y el Caribe.
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Estas fuerzas partieron desde la Base Naval de Norfolk, en Virginia, con la misión de patrullar y ejercer presión sobre redes criminales transnacionales, entre las que se encuentra el Cartel de los Soles, bajo el liderazgo de Nicolás Maduro, jefe del régimen de Venezuela.

La Marina de Estados Unidos confirmó el miércoles el inicio de la carga de unidades militares en el USS Iwo Jima (LHD 7), embarcación que encabeza la flotilla destinada a operar en el mar Caribe.
Este movimiento representa un despliegue sin precedentes en la región, tanto por la magnitud de los recursos involucrados como por la naturaleza explícita de su objetivo: combatir de manera directa a las organizaciones criminales que han consolidado su influencia en el hemisferio occidental.
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En su análisis para El Informativo USA de NTN24, Brian Fonseca subrayó la singularidad de la operación, al señalar que Estados Unidos no había reunido en mucho tiempo un conjunto tan amplio de capacidades militares para enfrentar amenazas no estatales en el continente.

La decisión de movilizar tres buques anfibios y miles de efectivos responde a la creciente preocupación de Washington por la expansión de redes narcoterroristas que, según las autoridades estadounidenses, representan un desafío directo a la seguridad regional y a los intereses estratégicos del país.
El despliegue de estas fuerzas en el Caribe, con el USS Iwo Jima (LHD 7) como buque insignia, implica una demostración de fuerza orientada tanto a la disuasión como a la acción directa contra estructuras criminales. La presencia de más de 4.500 marineros y 2.200 infantes de marina en la zona, refuerza la capacidad de respuesta de Estados Unidos ante eventuales crisis y envía un mensaje inequívoco a los actores involucrados en el tráfico ilícito de drogas y otras actividades delictivas transnacionales.
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La operación, que se desarrolla en un contexto de tensiones crecientes con el régimen de Venezuela y la consolidación de organizaciones como el Cartel de los Soles, evidencia un cambio en la postura de Estados Unidos respecto a la seguridad hemisférica. La decisión de emplear recursos militares de esta envergadura para enfrentar amenazas criminales en América Latina y el Caribe constituye, en palabras de Brian Fonseca, un hecho sin precedentes en la política de defensa estadounidense reciente.
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