“Mi truco es hacer todo con miedo”: Gastón Edul revela su método para animarse, confiar en sí mismo y salir de la zona de confort

En La Fórmula Podcast, el periodista repasó los seis meses de preparación para La Velada y reveló qué aprendió sobre sus propios límites después de subirse al ring. También habló de su desembarco en el streaming, su marca personal y sus planes para seguir explorando nuevos formatos

Gastón Edul comparte en "La Fórmula" su método personal para enfrentar las inseguridades. Descubre por qué actuar a pesar del miedo es la clave para sentirse verdaderamente vivo.
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En un nuevo episodio de La Fórmula Podcast, el periodista deportivo Gastón Edul repasó su recorrido desde una infancia marcada por la cultura del esfuerzo hasta convertirse en una de las figuras más reconocidas de la cobertura de la Selección Argentina. Habló sobre cómo rompió con el modelo tradicional para acercarse al streaming y a nuevas audiencias, y contó cómo fueron los seis meses de preparación para La Velada, una experiencia que lo llevó a poner a prueba sus límites, reorganizar sus prioridades y descubrir el impacto que tuvieron en su vida la alimentación, el entrenamiento y la meditación.

Además, reflexionó sobre la confianza en uno mismo, el miedo a salir de la zona de confort y la importancia de no perder la capacidad de sorprenderse frente a los logros. También habló de su faceta empresarial, la consolidación de su marca personal y sus planes para seguir desarrollándose profesionalmente. En una charla atravesada por la búsqueda del equilibrio entre ambición y disfrute, Edul compartió una frase que resume buena parte de su filosofía: “El que quiere puede”. El episodio completo se puede escuchar en Spotify y YouTube.

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Gastón Edul es periodista deportivo y una de las caras más reconocidas de la cobertura de la Selección Argentina en TyC Sports. Comenzó su carrera siguiendo el fútbol local y ganó notoriedad por su trabajo junto a la Albiceleste, especialmente durante la Copa América 2021 y el Mundial de Qatar 2022, cuando su presencia diaria y sus informes lo convirtieron en una referencia para los seguidores del equipo de Lionel Scaloni.

Con el tiempo, amplió su perfil más allá del periodismo deportivo tradicional y sumó participaciones en televisión y plataformas de streaming, además de desarrollar una fuerte presencia en redes sociales. También es autor, junto a Alejandro Wall, de La tercera, una crónica sobre el Mundial de Qatar, y de Revolución Messi. En 2026, tras cubrir nuevamente a la Selección, Edul protagonizó un nuevo capítulo de su carrera al participar de La Velada del Año 6, el evento de boxeo organizado por Ibai Llanos, donde enfrentó al periodista español Edu Aguirre.

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Hombre sonriendo, traje gris, camisa blanca, corbata gris, pin en solapa, fondo azul con formas amarillas, bandera de Argentina, texto WE ARE, numero 2026
Gastón Edul construyó su carrera en el periodismo deportivo desde una infancia atravesada por el trabajo de su familia

—Quiero que empecemos por tu infancia. ¿Cómo era tu casa? ¿Cómo está compuesta tu familia?

—Soy hijo de inmigrantes. Mi papá es sirio y nació en Yabrud. Mis abuelos eran argentinos —ella es mi única abuela viva—, aunque los padres de ellos sí eran sirios. Entonces, de un lado está la migración que acá se llamaba “turca”: no son turcos, sino sirios. Y del otro lado, totalmente tanos, italianos: mis nonos —los papás de mi mamá, Gaitano y Bonina— y mis tíos. Mi mamá es marplatense, se vino a vivir a Buenos Aires y conoció a mi viejo acá. Así que, de un lado, sirio; del otro, italiano, y así nos criamos.

—¿Qué aspecto de la historia de tus papás, lo que conocés de la historia de tus papás, crees que influyeron en la manera que te criaron a vos y a tus hermanos?

—La parte laboral, 100%. De mucho esfuerzo. Mi abuelo tano, carpintero; mi abuela hacía vestidos de novia, como sastrera puntual. Y de parte de mi viejo, mi abuelo siempre tuvo un bazar en Parque Patricios que primero manejó él. Cuando murió, lo empezó a manejar mi abuela. Hoy ella tiene 90 años y sigue trabajando, detrás del escritorio cobrando, comprando, vendiendo y repartiendo. A mi viejo lo vi hacer lo mismo.

Nosotros siempre fuimos de clase media con vaivenes, algunos momentos mejores y otros peores, pero creo que lo que más me influyó no es la ambición, sino el laburo del día a día. Si querés tener algo, tenés que sacrificarte y dedicarle horas de tu vida. Eso creo que fue lo que más me marcó. Ellos te hacían ver el esfuerzo que habían aportado para que tengas tal cosa, sin recriminación alguna, sino para que le tomemos valor. Creo que por eso me gusta trabajar.

Después, por ejemplo, explicarle a mi viejo —sirio y comerciante— que el periodismo era una profesión de la que podías vivir era imposible. Mi hermano Esteban abrió ese camino, el de demostrarle a mis viejos que se puede vivir del periodismo. Como a él le fue bien, era mucho más fácil verlo en mí. Dijeron: “Esteban está viviendo de esto, Gastón quizás puede lograrlo”. Después, las carreras se van desarrollando de diferente manera.

Gastón Edul revela en "La Fórmula" que la clave de su éxito es la confianza en sí mismo, un pilar fundamental construido gracias al amor y apoyo de sus padres durante su infancia. Descubre la importancia de la autoestima para forjar una carrera.

—Hablame un poco de tu proceso para La Velada. Quiero que me lleves a ese momento de la preparación. ¿Fueron seis meses de entrenamiento?

—Sí, fueron seis meses. Estoy agradecido de haberlo hecho, pero tampoco voy a caretear y decir: “No, siempre estuve seguro”. Hubo vaivenes porque fue durísimo. Cuando me llamó Ibai para preguntarme si quería participar de La Velada, le dije: “Bueno, dame tres semanas”, como algo normal para un proyecto semejante en el que te exponés. Era un lunes. Me acuerdo de que era lunes porque él me dijo: “No, ¿qué tres semanas? Necesito que confirmes el miércoles”. “¿En dos días?”. “Sí”.

Lo que más me costó fue asimilar que iba a estar mucho menos tiempo con el celular, que iba a responder menos mensajes y que tenía que encerrarme en mí para priorizar esto. Ya no podía estar al 100% para el resto de mis proyectos. Entrenaba doble turno, de 9 a 11 de la mañana. En el medio salía al aire en TyC Sports o iba a Olga. Después volvía a entrenar, volvía a trabajar y terminaba durmiendo seis horas por día.

No tomé alcohol por seis meses. Entrenaba todos los días, cuatro de ellos a doble turno. Iba al kinesiólogo tres veces por semana y al nutricionista una vez por semana. En un momento, cuando me estaba pesando todo —yo siempre fui a terapia—, dije: “Bueno, dejo”, pero era todo lo contrario: tenía que ir más que nunca. Yo estaba convencido de que me iba a funcionar y de cómo iba a repercutir, pero, sobre todas las cosas, quería estar realmente preparado.

Y además estaba el Mundial. Ese mes y medio fue duro porque ahí de verdad no hay planificación posible que te salga bien: 20 vuelos, siete u ocho ciudades diferentes, gimnasios que no conocíamos —viajé con mi entrenador— y tiempos que no teníamos. Llegábamos a Alabama, Oklahoma —donde hicimos los amistosos—, Dallas, Arlington o Miami, y teníamos que buscar qué gimnasio de boxeo nos quedaba cerca. Era difícil.

Figura humana de perfil exhala bruma azul grisácea que se enrolla en espiral y forma líneas ondulantes. Fondo acuarelado con tonos azules, grises, verdes y ocres.
La meditación pasó a formar parte de los hábitos de Gastón Edul después de la preparación para La Velada, primero con acompañamiento guiado y luego de forma individual, como una práctica para ordenar ideas, concentrarse, registrar lo que le ocurre y afrontar la ansiedad de una rutina con programas y transmisiones (Imagen Ilustrativa Infobae)

—¿Qué cosas sacaste y te diste cuenta de que, al final, no eran tan relevantes en tu vida?

—A mí me escribe mucha gente todos los días y voy agendando cosas para más adelante. A veces, como también soy periodista y trabajo en los medios, entiendo a la persona que busca algo de vos y entiendo qué significa para un medio o un programa. Pero dije que no a todo. Llegó un momento en el que también me daba escozor quedar como maleducado por no responder, pero estás tan desbordado que si no te priorizás y no desactivás la culpa de: “Che, no respondo, no pasa nada”, es jodido. Dejé de responder muchos mensajes de WhatsApp, salvo los de la gente más cercana.

Eso en primer lugar. Después, explicarle a TyC Sports que mi energía iba a estar muy repartida, y a Olga que no iba a poder estar la cantidad de veces que necesitan o yo quiero estar. Porque aparte, cuando te preparás para algo así —lo fui aprendiendo ahora—, no es solo el tiempo que entrenás: es el tiempo en silencio, el rato para reflexionar lo que entrenaste, hacia dónde vas y qué querés hacer. Por suerte salió como quería. Veía algo estratégico en participar porque es el evento de streaming más importante del mundo.

En La Velada, obviamente, no participan boxeadores profesionales, no podés aprender a pelear en seis meses. Las peleas no salen estéticas, porque ¿quién aprende a pelear en ese tiempo? Ni yo ni mi rival, es obvio. Pero no me quedo con eso. Me quedo con que, aunque no soy ni voy a ser deportista profesional ni me pongo en ese lugar, muchos chicos me escribieron diciéndome: “Che, me motivaste. Qué bueno, si vos podés hacer todo, ¿por qué yo no?”. Muchos productores, sonidistas o empleados me piden saludos porque me ven en streaming. Uno quiere estudiar periodismo por vos y a otro le hacés compañía de noche cuando está triste. Ojalá no se termine nunca.

—¿Crees que estos seis meses de entrenamiento que tuviste cambiaron tu relación con cómo entendés vos tus propios límites, la incomodidad?

Hay cosas que sigo procesando porque peleé hace menos de dos meses, pero ya me doy cuenta que hay cosas que me quedaron.

Gastón Edul, un hombre sin camiseta con pantalón corto y vendas de boxeo, sostiene una bandera argentina delante de una pared lisa. Se observa una interfaz de Instagram
Edul participó en La Velada del Año 6, el evento de boxeo organizado por Ibai Llanos

—¿Por ejemplo?

—Lo hablé el otro día con mis amigos de toda la vida en un asado. Yo tomo alcohol semanalmente como una persona normal, no sé, vino los fines de semana, un día de semana, un día de fin de semana. Y le dije a mis amigos: “No saben lo bien que me sentí sin tomar alcohol por seis meses”, pero de verdad bien. Y cómo me sentí comiendo bien. Es un salto de calidad de vida que vos no tomás conciencia hasta que no lo experimentás por lo menos una vez. Yo no sabía que me podía sentir así.

Y me decís: no tenía sueño, tenía mucha energía, tenía fuerza, me sentía bien. Y algo increíble es que tenía una lucidez extrema para pensar cosas de mi laburo. Con mucha más lucidez o claridad. Y todo eso porque mi cuerpo estaba muy sano. Yo creo que hay cosas que a nosotros nos dan placer y nos gustan, o por lo menos me di cuenta de eso, que creemos que no pasa nada porque es en pequeñas dosis, pero la verdad un poquito te perjudican.

Fueron seis meses donde realmente no tuve tiempo para conocer gente. Y yo estoy soltero y hace seis años estoy soltero y obvio que le dedico una parte de mi tiempo, de mis ganas y mi ocio a conocer gente. Y ahí no conocía a nadie o casi nadie. Y me di cuenta que si reservás un poco de energía también te sentís mejor. Que te drena energía conocer gente. Y eso también lo fui viendo ahora.

Esas cosas, o encontrar un espacio de meditación, que antes no meditaba y empecé a meditar y vi cómo meditar te ordena las ideas, te da un momento de respirar profundo, de reflexionar lo que te pasa, porque a veces en el trajín, hacés tantas cosas que no te detenés a pensarlas. Es como, bueno, hice esta entrevista con vos, estuve en la fórmula, bueno, pasó otra cosa y después pasó otra cosa. Si vos te tomás un tiempo para procesar cada cosa que hacés, tiene más sentido.

El periodista deportivo ganó reconocimiento en la cobertura de la Selección Argentina para TyC Sports, en especial durante la Copa América 2021 y el Mundial de Qatar 2022  /EFE/EPA/FRIEDEMANN VOGEL
El periodista deportivo ganó reconocimiento en la cobertura de la Selección Argentina para TyC Sports, en especial durante la Copa América 2021 y el Mundial de Qatar 2022 /EFE/EPA/FRIEDEMANN VOGEL

—¿Por qué tomás la decisión de empezar a dedicarle tiempo a la meditación, si lo que no te sobraba era tiempo en esa preparación?

—Por estar en contacto con deportistas, vi que le dan un lugar cada vez más importante a la meditación: a tener un momento, sea media hora, 10 minutos o 20 minutos, para estar con uno mismo. Entrenando me di cuenta de por qué: te balancea. Me considero una persona bastante estable emocionalmente, pero en momentos en los que me desbalanceaba —mientras entrenaba, se acercaba La Velada, tenía que viajar, grabar publicidades, salir al aire y pensar cuándo entrenar—, la meditación te alineaba y te bajaba al llano.

Lo empecé a implementar después de La Velada. Ahora ya no tengo esa exigencia, pero si tengo un programa el sábado en Telefe o cuatro streams, medito. Llegás y estás más presente. Para nuestra generación, a la que si algo le sobra es ansiedad y le cuesta ver una película de corrido, encontré un hábito muy saludable. De todo lo que te dije, es el que creo que más va a perdurar en mí: es un rato para mí.

—¿Es algo que hacías solo? ¿Es guiado, es un ejercicio puntual, es respirar?

—Al principio lo hice con una persona que me ayudaba a meditar de forma guiada —que no es específicamente terapeuta ni deportólogo—, y después lo empecé a hacer solo. Guiado significa que hay guías que te ayudan a marcarte el pulso de la respiración: inhalar, exhalar, qué tratás de imaginarte con los ojos cerrados o en qué parte de tu cuerpo te concentrás. Te enseñan a dejar ir los pensamientos y tener la mente en blanco: viene un pensamiento, lo dejás ir y no te enganchás.

O cuando te das cuenta de que estás distraído: “Uy, estoy pensando en algo. Bueno, afuera”. Es un ejercicio, como trabajar en el gimnasio: si hacés piernas todos los días, tenés más fuerza y reconocés más los músculos. Con la meditación es lo mismo, es muy sano.

Después me di cuenta de que gané la concentración que había perdido. De los 17 a los 26 o 27 años, durante 10 años de corrido, siempre tuve un espacio de lectura diaria de libros que en los últimos tiempos perdí: no leo un libro hace un año y medio. Me da vergüenza decirlo porque siempre leí mucho, pero es la verdad. Con esto me volvieron las ganas de leer, puedo hacerlo sin distraerme con el celular y puedo ver una película de corrido. Mirá lo que te digo.

Ilustración de un hombre de espaldas con mochila frente a un horizonte con sol, nubes y trazos curvilíneos abstractos.
La relación con el miedo ocupa un lugar central en la manera de asumir nuevos desafíos, según Edul (Imagen Ilustrativa Infobae)

—¿Recordás algún libro que te transformó, que te cambió?

—Sí. Mi género favorito es la literatura latinoamericana, siempre me gustó más. La empecé a leer y me adentré en ese mundo cuando estudiaba Periodismo Deportivo. Hay un profesor extraordinario, Ariel Elger, que siempre te invitaba a pensar más que a hablar de algo en particular. Él nos decía que leamos, que el que lee mucho sabe escribir y el que sabe escribir, por ende, sabe hablar.

Me acerqué una tarde después del curso y le dije: “Ariel, ¿qué puedo leer? ¿Me recomendás un libro?”. Y me contestó: “No se puede recomendar un libro. Sí te puedo recomendar diez y que sean un punto de partida”. Yo pensé: “¿Por qué uno no y diez sí?”. Después lo entendí. Me hizo una lista en un bloc con diez libros, me los dio y me los fui comprando de a uno. Leí los diez. ¿Por qué diez? Porque un libro me llevó al otro.

Me metió en un mundo de escritores donde muchos eran periodistas o habían nacido como tales para después convertirse en algo más grande, autores de ficción o de no ficción. Eso me formó en la comunicación. Leí todo de Rodolfo Walsh. Si alguien me marcó, fue él, porque inventó un género: la novela de no ficción. Básicamente, eran investigaciones periodísticas noveladas, como “Operación Masacre”. El mundo pensó que lo inventó Truman Capote —que fue extraordinario—, pero un par de años antes ya lo había hecho un argentino. Después pasé a “El caso Rosendo”, “Variaciones en rojo” y un montón más. Walsh me llevó a Gabriel García Márquez.

García Márquez trabajó en diarios y tiene columnas buenísimas con las que arrancó antes de convertirse en Premio Nobel de Literatura: “El otoño del patriarca”, “El coronel no tiene quien le escriba”, “Relato de un náufrago”, “Cien años de soledad”, “Ojos de perro azul” o “Memoria de mis putas tristes”. Él me llevó a Osvaldo Soriano; Soriano a Jorge Amado, el brasileño, con “Capitanes de la arena”. Después descubrí a Julio Cortázar, y de Cortázar pasé a algo más moderno como Eduardo Sacheri o Pedro Mairal.

Una cosa me fue llevando a la otra hasta que, cuando me di cuenta, había leído 40 o 50 libros entre relatos de periodistas y escritores que te forman. Primero, por el léxico, la sinonimia y la dicción, para incorporar palabras que te robustecen la manera de hablar. Y después, por la curiosidad: te ejercita ser detallista, mirar y aprender a ver. Pero todo eso con lo que me formé y que me ayudó a trabajar mejor, me di cuenta de que en los últimos años lo había dejado de ejercitar, de leer y de observar en el día a día.

Acuarela de manos de una periodista. Sostiene dos micrófonos y escribe en un cuaderno. Fondo aguamarina. Ilustración.
Edul da entre ocho y 12 charlas por año en facultades de periodismo y periodismo deportivo, donde plantea que los estudiantes no deben esperar la obtención del título para sentirse periodistas (Imagen Ilustrativa Infobae)

—¿De observar qué?

—La vida, el día a día, todo: cuando estaciono el auto, quién pasa por delante mío, si hay una persona sentada en un banco en la esquina, si hay una mamá saliendo de la mano con su hija del colegio, si se cae una hoja de un árbol o si una cafetería está llena o vacía. Observar lo que te pasa por delante.

—¿Cuál creés que es esa característica tuya que, si no la tuvieras, hoy no hubieses llegado hasta acá o no estarías construyendo esta carrera?

—Creo mucho en mí. Te lo digo porque es lo que me dijeron toda la vida mis hermanos y mis amigos. Tengo una anécdota: tenía 14 años y, en un recreo del colegio... Mis amigos de toda la vida son ellos, con los que hoy a la noche me voy a comer un asado, literalmente. Son mis ocho amigos desde los tres años, son mis hermanos. Y a dos de ellos, Pato y Dibu —a Agustín le decimos Dibu—, les firmé un autógrafo a cada uno que decía: “Para Pato, para Dibu, de parte de Gastón Edul”, con la firma de TyC Sports.

Estaba a 15 años de trabajar en TyC Sports. Creo que en ese juego de niños había algo. Hace tres o cuatro años, después del Mundial de Qatar, la mamá de Pato me mandó una foto y me dijo: “Mirá lo que encontré en el cajón de la mesita de luz de Pato”. Era la firma. Cuando me la mostró, me generó algo. Siempre estuve seguro de quién quería ser y de cómo quería serlo. ¿Es una fórmula de éxito? No, ni loco.

Hay gente que quiere ser algo y lamentablemente no tiene la posibilidad económica de estudiar hasta que se le dé, tiene que salir a trabajar antes y eso desvía el camino. Pero, en mi caso puntual, creo en mí. Por eso estoy seguro de hacer cambios: cuando tuve que salir del rol más formal, lo hice y no tengo drama con eso.

Como creo en mí y me gusta lo que hago, a la popularidad no me la tomo tan en serio. Y como no me tomo tan en serio la popularidad, tampoco me tomo tan en serio el hate. No voy a decir que no me afecta: somos personas y me duele, pero no le doy un lugar importante ni al halago ni a la crítica, solamente a lo mío.

Hombre joven con camisa negra y camiseta blanca sonríe, parado junto a un poste de madera. Fondo borroso con personas y luces de colores
En los últimos dos años, Gastón Edul afirmó que aprendió a sentirse cómodo al hablar de su propia experiencia

—¿De dónde creés que nace esa confianza?

—Siempre digo algo clave: mis viejos nos criaron con muchísimo amor y cariño. Para mí eso es fundamental, porque cuidar la autoestima de una persona cuando es chica y se está formando es muy importante. Hay gente que no tiene esa suerte y de chica tiene que atravesar situaciones que le dañan el ego o la confianza por cosas que le dijeron o por cómo actuaron con ella. Mi vieja, sobre todo, nos crio con muchísimo cariño. No hablo solo de que llegues del colegio y te dé un plato de comida o te arrope, me refiero a hacerte sentir o decirte: “Vos sos suficiente”, “vos podés hacer lo que quieras”.

Eso te genera una autoestima tal que, ante los primeros fracasos laborales o universitarios, no creés que está todo mal. Te sirve más para sobrepasar los fracasos que para construir el éxito.

Otra cosa que me pasó: la primera vez que fui al programa de Mirtha Legrand, hace dos años más o menos, fue la única vez en mi vida que llevé a mi mamá a un estudio de televisión. Cuando tenía 16 o 17 años, estábamos en la cocina de mi casa mirando el televisor chiquito —siempre tomábamos mates ahí porque era más cómodo— y estaba almorzando Mirtha. Mi vieja me dijo: “Este programa nunca pasa de moda, siempre es lindo”. Y yo le respondí: “Ma, cuando vaya, te llevo”. Era un chiste, un juego, pero me dijo: “Listo, llevame”. Ella siempre me impulsó. Eso es la confianza: no me decía “estás loco, nene”, sino “listo, me llevás”.

—Hay un montón de factores que hacen que a uno le vaya bien y logre construir una carrera exitosa, pero estoy segura de que ninguna de las personas que lo lograron llegó hasta ahí sin tener esta confianza. Después tienen que pasar mil cosas más, pero este factor tiene que estar, porque es lo que te mantiene persistente.

—Totalmente. Por eso les trato de ejercitar esto a los chicos: siempre que puedo doy charlas en facultades de periodismo y periodismo deportivo. Doy todas las que puedo, entre ocho y doce por año. Les digo que no esperen a recibirse para sentirse periodistas, porque el título no te valida —está buenísimo y es el premio al esfuerzo—, pero este es un oficio y tenés que ir a buscarlo. Por eso, cuando los pibes me buscan en la puerta de Olga o de TyC Sports para pedirme notas, se las doy todas: se están moviendo y esa es la manera. Tenerte confianza y salir a buscarlo, hacer.

Otra clave que para mí funciona mucho es no sobrepensar. Si querés arrancar algo, no lo pienses tanto: arrancá. En la acción es donde pasa, no en el pensamiento. Te diría que seas hasta un poco inconsciente al hacer: fijate qué te sale y qué no, ahí es donde se produce la magia. No hay que enroscarse en sobrepensar.

Guido, mi hermano mellizo —mi persona favorita y mi gurú en todo porque es mi cable a tierra y no le importa un carajo nada de lo que hago—, me dice que tengo que aprender a aburrirme y estar en mi casa sin hacer nada, algo que no sé hacer pero que es importante. Y yo le respondo: “¿Sabés qué pasa? Si estoy tirado en el sillón, pienso demasiado y no me gusta”.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La literatura latinoamericana fue parte de la formación de Gastón Edul durante sus estudios (Imagen Ilustrativa Infobae)

—Así como tenés esta confianza que te llevó a buenos lugares en tu vida, ¿cómo resolvés o afrontás que una inseguridad no te paralice?

—Mi truco para eso es hacer todo con miedo: permitirme tener miedo y hacerlo igual. Para hacer La Velada estaba cagado de miedo. Decía: “¿Qué tengo para ganar? ¿Hacer un papelón? ¿Que te fajen? ¿Cómo se lo va a tomar la gente?”. Y lo hice con miedo. Cuando salí al aire en TyC Sports por primera vez lo hice con miedo, y cuando voy a un lugar diferente donde salgo de mi zona de confort, también me da miedo.

¿Cómo no paralizarte? Con lo mismo que te dije: acción y no sobrepensar. “Tengo miedo”, “Joya, lo hago igual”. Re cagado, voy transpirado a un lugar, medio con palpitaciones, pero voy y lo hago igual. Esa es la clave, no es no sentir miedo, porque al final, ¿cómo no vas a sentir miedo ante algo que desconocés? Es un mecanismo natural del cuerpo, es normal.

Entrenar para La Velada me conectó con el miedo. Le decía a mis amigos: “Me estoy dando cuenta de que hace mucho tiempo no sentía miedo”. ¿Cómo me daba cuenta? Tenía un día normal en el que hacía una nota acá con vos, después salía al aire o tenía un stream, y mi entrenador me decía: “Che, mirá que hoy a las siete de la tarde no hay entrenamiento en la bolsa: hacés sparring con un pibe que traje de González Catán”. Estaba todo bien, pero media hora antes me subía un fuego, porque al final era pegar y no dejar que te peguen. Y lo hice con miedo. No digo que sentir miedo sea lindo, pero cuando lo hacés igual, la sensación que le sigue a haberlo logrado es sentirse vivo de verdad. Es la sensación más adictiva y más linda del mundo.

—Te escuché decir que empezaste a ir por más porque cosas que uno o dos años atrás hubieran sido un sueño ya no te generaban tanta novedad o emoción. ¿Cómo trabajás eso que nos pasa a todos de acostumbrarnos rápido a lo bueno, para no perder la capacidad de asombro?

—Eso es excelente. Hay una frase de Maradona —que estaba adelantado a todo intelectualmente— que decía: “Nunca hay que perder la sorpresa”. Pasa en nuestro trabajo y en lo que sea. En los últimos años me sucedieron cosas con las que hubiese soñado toda mi vida y las disfruto, obvio, pero me tendrían que generar más de lo que me generan: lo tomo como un tema más para grabar o algo más para hacer.

Eso sí lo traté en terapia. Un buen cachetazo para darte cuenta de que te tiene que emocionar es, justamente, estar con la gente. Por eso creo que también me gusta que me pidan fotos. La semana pasada tuve una mañana donde me dieron dos o tres noticias de laburo que no salieron y me pusieron de mal humor. Dije: “Me voy a la mierda, sigo en un rato. Me voy a la esquina a comprarme un café”.

En el trayecto me crucé a un grupo de diez chicos que salían del colegio y les alegré el día —y ellos a mí— cuando sacamos una foto. Después, mientras pedía el café, salía una madre con su hijo de un club cercano y me dijo: “Mi hijo te ve todos los días, a veces se acuesta tarde y lo reto porque va al colegio para ver el stream”. Volví a mi casa y, aunque obviamente no hay que depender emocionalmente del reconocimiento ajeno para estar bien, en esa cuadra dije: “¿Ves? Esto es lo lindo, esto es lo que me tiene que emocionar. Por esto es groso lo que estás generando”. Eso me hace verlo.

La marca en la cara de Gaston Edul antes de su pelea de boxeo
El periodista explicó que los seis meses sin alcohol y con una alimentación ordenada le permitieron percibir cambios en su energía, descanso, fuerza y concentración

—¿Qué es lo último que estás aprendiendo o aprendiste de vos mismo?

—Esto es capcioso porque hablé mucho de la confianza que tengo en mí, pero lo que aprendí en el último tiempo es que el periodista tiene el chip de siempre hablar de otra cosa: el contenido de un periodista es dar una información, una opinión o una entrevista. Y hoy, en el mundo del streaming, el contenido sos vos: lo que hiciste, lo que hacés, lo que pensás o algo que te pasó. A mí me costó darme cuenta de que hay gente a la que le interesa saber de mí: de Gastón Edul, no de lo que pienso del retiro de Messi o del viaje que voy a hacer dentro de 20 días a cubrir un partido de Inter Miami. De mí, puntualmente.

Aprendí a sentirme 100% cómodo, sin culpa, sin sentirme un ególatra y sin que me haga ruido hablar de mí. Eso es lo que fui aprendiendo. Si bien hoy el 95% de las cosas son para mí y para mi propia empresa, hay un 5% en el que estoy en relación de dependencia con TyC Sports, que es el lugar que amo, donde me formé y al que le debo muchas cosas. Al mismo tiempo, aprendí a no sentir culpa los últimos dos años si laburo para mí, porque hay algo que excede a trabajar para un solo lugar. Aprendí a ser un poco nómade en mi día a día y a sacarle provecho a eso: hacer cosas para diferentes personas y, sobre todo, para mí.

—Gastón, te voy a despedir con la última pregunta que les hago a todos los invitados, que más que una pregunta es un espacio para que nos dejes algo que te parezca valioso: un libro, una película, una frase que te acompañe en momentos difíciles, algo que te hayan contado, hayas visto y te haya conmovido. Puede ser lo que quieras.

—Mi frase favorita —pero tiene que estar bien contextualizada, porque hay contextos diferentes— es: “El que quiere, puede”. ¿Por qué digo que tiene que estar contextualizada? Porque muchos me dirán: “Hay gente que quiere y no le dan las oportunidades”. Tienen razón, pero voy a algo más general: si vos querés algo, vas a encontrar la manera de acercarte, de iniciar un camino, de soñarlo y de moverte para hacerlo. Si alguien quiere verte, va a encontrar la manera; entonces tenés que ir por eso.

Cuando digo que el que quiere, puede, es querer con miedo, querer con menos chances o querer sin confianza. Pero si querés, de alguna manera vas a poder. Parece una frase de libro de autoayuda, pero me baso en eso y a la larga da resultado. Cuando querés algo, se vuelve visible: tu cerebro empieza a encontrar un camino para acercarte. ¿Nunca te pasó que desde que te quisiste comprar un auto te lo cruzaste en todos lados? Siempre estuvo ahí, solo que tu cerebro lo empezó a identificar. Es lo mismo con lo que querés lograr. Querer es poder. Ir para adelante, aunque estés cagado de miedo, esa es la clave.

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