Los millonarios que construyen búnkeres: qué temen y por qué se preparan para sobrevivir

El proyecto de un refugio autosustentable en 32.000 hectáreas de Mendoza, impulsado por empresarios argentinos y estadounidenses, refleja el temor de algunas grandes fortunas a una guerra nuclear y a un eventual colapso de la sociedad

El proyecto de un refugio autosustentable en 32.000 hectáreas de Mendoza, impulsado por empresarios argentinos y estadounidenses, refleja el temor de algunas grandes fortunas a una guerra nuclear y a un eventual colapso de la sociedad
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¿Qué haría alguien que tiene todo si creyera que el mundo puede dejar de funcionar? Para algunas de las personas más ricas del planeta, la respuesta no es solamente acumular más dinero, sino construir un lugar al que puedan escapar si las instituciones, los mercados y las reglas que sostienen la vida cotidiana dejan de existir.

El caso que puso esta tendencia en el centro de la escena en la Argentina es Wamani, un proyecto desarrollado sobre unas 32.000 hectáreas en San Carlos, Mendoza, adquirido por un grupo de empresarios argentinos y estadounidenses. La iniciativa contempla un refugio autosustentable con energía solar, agua de deshielo, producción de alimentos, ganado y una pista de aterrizaje.

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Uno de sus impulsores, el empresario Martín Varsavsky, contó al Financial Times que la propiedad fue adquirida como una protección ante una eventual catástrofe nuclear. Entre los participantes también se encuentran Alec Oxenford, actual embajador argentino en Estados Unidos, y Dan Lubetzky, fundador de KIND.

Más allá de las características del emprendimiento, el proyecto expone una preocupación que desde hace años aparece entre algunas de las mayores fortunas del mundo: cómo preservar la propia seguridad y autonomía si se produce una guerra, una catástrofe global o un colapso de las estructuras sociales. Fue justamente esa lógica la que analizó Martín Lousteau en Infobae a la Tarde.

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Amplio valle verde con colinas en el fondo, un arroyo serpentea y un rebaño de vacas de distintos colores con terneros pastorea
Wamani es un proyecto de búnker autosustentable en 32.000 hectáreas de San Carlos, Mendoza, impulsado por empresarios argentinos y estadounidenses (Wamani)

Cuando el dinero deja de servir

Para Lousteau, el problema central de estos refugios aparece cuando se lleva la hipótesis hasta sus últimas consecuencias. Si el escenario imaginado implica que las instituciones dejan de funcionar y el dinero pierde su valor, la riqueza deja de ser necesariamente una garantía de supervivencia.

En ese mundo en que se acaba todo, la guita no sirve para nada. Sobrevivís en base a tus aptitudes personales”, sostuvo.

Durante la conversación, el economista trasladó esa idea a cuestiones básicas que un grupo aislado debería poder resolver por sí mismo. “¿Alguien sabe ordeñar acá? ¿Alguien sabe cultivar algo que se pueda comer después? ¿Alguien sabe sacar una muela? ¿Suturar una herida? ¿Reparar un motor? ¿Asistir un parto? ¿Arreglar un panel solar?”, preguntó.

El planteo no apunta solamente a la autosuficiencia material. También cuestiona las relaciones de poder que surgirían dentro de un refugio pensado para preservar a personas acostumbradas a tener recursos ilimitados.

Es muy raro que un grupo de millonarios piense que se juntan en un lugar... y sobreviven. En un contexto donde la plata no vale, vale la violencia, vale la ley de la selva”, afirmó Lousteau.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El refugio en Mendoza contempla energía solar, agua de deshielo, producción de alimentos, ganado y una pista de aterrizaje para enfrentar una catástrofe global (Imagen Ilustrativa Infobae)

La paradoja es que incluso un refugio diseñado para resistir una catástrofe necesita personas que sepan hacerlo funcionar. Y esas personas pueden tener un poder que no depende de cuánto dinero tengan sus propietarios.

Lousteau lo llevó al extremo: “Vos sos millonario, pero el que tiene las armas y te está cuidando es otro. ¿Por qué no se te va a rebelar?”.

Una tendencia que va más allá de Mendoza

El fenómeno tampoco es exclusivamente argentino. Durante los últimos años, algunos multimillonarios tecnológicos adquirieron propiedades en lugares remotos o se interesaron por distintas formas de preservar su seguridad y autonomía ante escenarios extremos.

En la entrevista, Lousteau mencionó a Mark Zuckerberg y sus propiedades en Hawái y a Peter Thiel, asociado con Nueva Zelanda como uno de los destinos elegidos por algunas grandes fortunas.

La preocupación forma parte de una visión más amplia sobre el futuro que atraviesa a sectores de Silicon Valley. La tecnología aparece, en algunos casos, como una herramienta para reducir la dependencia de las condiciones sociales y materiales: inteligencia artificial, robótica, biotecnología, refugios privados y hasta proyectos vinculados con la expansión de la vida humana fuera de la Tierra.

Wamani, la estancia de Mendoza donde ceos de empresas tecnológicas planean sobrevivir al apocalipsis.
El refugio en Mendoza contempla energía solar, agua de deshielo, producción de alimentos, ganado y una pista de aterrizaje para enfrentar una catástrofe global (Wamani)

“Es un grupo que hace rato está pensando qué van a hacer para alargar su vida en cualquier circunstancia posible”, explicó Lousteau. Y lo resumió con ironía: “Si las cosas van bien, partes robotizadas; si van mal, búnker; si van muy mal, se quieren ir a Marte”.

Detrás de esas decisiones existe una pregunta más profunda: ¿por qué quienes tienen más recursos para modificar el futuro se preparan para escapar de él?

De las guerras mundiales a los refugios privados

Lousteau también recurrió a la historia para establecer un contraste con otras épocas. Recordó el papel que tuvieron algunos empresarios y grandes fortunas durante la Segunda Guerra Mundial, cuando parte de las élites económicas se involucró directamente en los esfuerzos de los Estados para enfrentar el conflicto.

Mencionó a Lord Beaverbrook, propietario del Daily Express, quien fue convocado por Winston Churchill para dirigir el Ministerio de Producción Aeronáutica británico. También recordó a Nelson Rockefeller, que durante la administración de Franklin D. Roosevelt estuvo al frente de la coordinación de asuntos interamericanos, en una estrategia destinada a limitar la influencia del nazismo en América Latina.

La comparación no implica idealizar a las élites del pasado. Lousteau también señaló que hubo empresas y familias empresarias que colaboraron con el régimen nazi. Su argumento apunta a una diferencia en la relación entre riqueza y poder: mientras algunos empresarios participaron activamente en la respuesta frente a las amenazas de su tiempo, una parte de las grandes fortunas actuales parece concentrarse en desarrollar mecanismos para protegerse individualmente.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El fenómeno de los búnkeres también alcanza a multimillonarios tecnológicos como Mark Zuckerberg y Peter Thiel, vinculados con propiedades en Hawái y Nueva Zelanda (Imagen Ilustrativa Infobae)

El planteo conecta con una discusión que atraviesa a las grandes empresas tecnológicas: la concentración de riqueza y de poder en manos privadas y la capacidad de sus principales accionistas para influir sobre cuestiones que exceden ampliamente sus negocios.

Durante la entrevista, Lousteau vinculó esa concentración con el debilitamiento del Estado. “A medida que esas reglas generaron una acumulación creciente, el Estado quedó debilitado. Y yo creo que esa es hoy la gran discusión”, sostuvo.

El fenómeno de los búnkeres, entonces, puede leerse como algo más que una extravagancia de millonarios. Es también una expresión de una determinada forma de imaginar el futuro: si existe la posibilidad de una catástrofe, quienes tienen recursos suficientes pueden intentar comprar una salida propia.

Pero esa estrategia contiene una contradicción. Un refugio puede garantizar energía, agua y alimentos; puede estar aislado y contar con tecnología suficiente para funcionar durante años. Lo que resulta mucho más difícil de asegurar es que las reglas que sostienen una sociedad puedan reconstruirse dentro de sus paredes.

Por eso, la discusión que comenzó con las 32.000 hectáreas de Mendoza termina siendo mucho más amplia que la construcción de un búnker. Qué temen las grandes fortunas cuando imaginan el futuro, qué están dispuestas a hacer para evitarlo y qué ocurre cuando el dinero, por primera vez, deja de ser suficiente.

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