10 vinos para lucirse en la mesa de Pascua

Si bien las roscas y los huevos de chocolate son los grandes protagonistas, hay comidas tradicionales que requieren de su bebida ideal para mayor disfrute

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Manos sosteniendo dos copas de vino, una con tinto y otra con blanco, brindando frente a una mesa con una rosca de Pascua y huevos de chocolate oscuro.
La mesa de Pascua reúne a familias y amigos, donde los vinos seleccionados potencian el sabor y el ambiente festivo (Imagen Ilustrativa Infobae)

La celebración de la resurrección de Jesucristo -al tercer día después de haber sido crucificado, según se relata en el Nuevo Testamento de la Biblia- es una ocasión para reunirse en familia y reflexionar. También para almorzar o cenar en familia. Y si bien son los dulces (roscas y huevos de chocolate) los grandes protagonistas, hay comidas tradicionales que se sirven ese día, y tienen sus vinos ideales para ser más disfrutados.

Como se sabe, la Pascua es una celebración religiosa y como tal supone un momento más de retrospección y reflexión que de festejo. Pero lo cierto es que el día de Pascua -también conocido como Domingo de Pascua, Domingo de Resurrección, Domingo de Gloria o Domingo Santo- es la coronación de un fin de semana largo que, en la sociedad actual, todos aprovechan para descansar y reunirse en familia o con amigos, incluso aquellos que viajan. Por eso, más allá del significado religioso para los católicos, es un momento de encuentro donde todos se reúnen alrededor de la mesa.

La tradición de prohibir el consumo de carnes impuesta por la Iglesia hizo que se multiplicaran en los menús hogareños platos con verduras y pescados, al igual que diferentes maneras de preparar los dulces. Así, la empanada gallega y las empanadas de vigilia -se pueden preparar con atún, mezclas de pescados, con espinaca o acelga- invaden las mesas. Además, son deliciosas, grandes y muy hojaldradas.

También las pescaderías se llenan como nunca y muchos en casa se esmeran para hacer una paella de mariscos, mientras los más gourmets se animan con el bacalao. También valen las pastas (canelones y ravioles de verdura) y la tarta pascualina, entre los platos populares más tradicionales. Todo vale, con tal de ese día no consumir carne y respetar la tradición, por más que la religión no sea lo más importante.

Una persona sostiene una copa de vino blanco junto a una sartén de paella de mariscos humeante, decorada con limón y romero, sobre una mesa de balcón.
Blancos frescos y rosados vibrantes armonizan con entradas ligeras como mariscos, empanadas de pescado y tartas pascualinas (Imagen Ilustrativa Infobae)

En general, todos esos platos y preparaciones se lucen más con vinos blancos y rosados. También con espumosos. Pero la idea acá no es maridar a la perfección sino pasarla bien, rodeado de los seres queridos y, si se puede, disfrutar más de la comida.

Por más habilidades que demuestren los anfitriones en la cocina, suele suceder que lo más esperado llega siempre al final, incluso después del postre. Porque todos esperan los huevos de Pascua y las roscas. Y como todo lo que se come, también estas delicias dulces tienen vinos ideales para acompañarlas.

Dedicación y creatividad en la mesa

El almuerzo de Pascua exige el mismo esfuerzo que cualquier otra ocasión en la que se desea agasajar a los suyos, aunque teniendo en cuenta las tradiciones que se celebran. Por lo tanto, la misma dedicación y creatividad que se pone en la mesa hay que ponerla en lo que se servirá en las copas.

Al ser una ocasión más de reunión familiar, el vino no será el protagonista sino un complemento más de la buena mesa. Pero se puede ser original sin llamar tanto la atención, sirviendo etiquetas que acompañen muy bien cada paso.

Mesa con botellas de vino blanco, tinto y rosado, un cordero asado, patatas, zanahorias, espárragos, panecillos hot cross y una tabla de quesos variados.
La selección de vinos originales y equilibrados suma valor a los encuentros familiares, destacando la calidez y sencillez de la Pascua (Imagen Ilustrativa Infobae)

Seguramente, el anfitrión conoce los gustos de sus familiares y elegirá, en base a ellos, los vinos que considere mejor acompañen la comida. Esto significa que no es una ocasión para el gran descorche, sino para elegir vinos que fluyan y gusten.

Siempre se puede empezar por un rosado o un blanco, frescos y equilibrados, que sirvan tanto de aperitivo antes de llegar a la mesa, como de compañero de la entrada. Si la estrella del plato principal es pescado se puede seguir con blanco, pero esta vez con uno de más cuerpo, para que se note el cambio. También se puede optar por un tinto suave, a base de Pinot Noir o Malbec.

Pero más allá de la comida, el o los tintos que se sirvan deben privilegiar la tomabilidad a la concentración y la agradabilidad a la complejidad. Así, todos van a poder disfrutar más, pero sin preocupaciones, de lo que beben y comen.

Seguramente muchos van a estar esperando ansiosos el momento del postre. Y es ahí donde también se los puede sorprender con vinos dulces, fortificados o de cosecha tardía, ideales para acompañar la pastelería y los chocolates.

Tanto la rosca como el huevo de Pascua son dulces, por eso, todos los vinos que se pueden servir para acompañarlos deberán ser dulces. Es cierto que la rosca puede quedar muy bien con los espumosos, pero mejor va a maridar con un vino dulce natural o cosecha tardía.

Vinos dulces para la sobremesa de Pascua

Si bien todos los vinos son naturales, producto de la fermentación total o parcial del jugo de uva o mosto, cabe destacar que, si la fermentación no llega al final, el vino quedará con menos alcohol y por consiguiente con más azúcar residual, natural proveniente del jugo de la uva.

Primer plano de una rosca de Pascua argentina entera, mostrando detalles de crema pastelera en espiral, azúcar blanca espolvoreada y cerezas rojas brillantes.
La sobremesa de Pascua resalta con vinos dulces y fortificados, perfectos para postres típicos como rosca pascual y huevos de chocolate (Imagen Ilustrativa Infobae)

Suelen ser vinos tan simples como agradables de tomar: bien frescos, fluidos y vivaces, con el plus de la dulzura, que nunca llega a ser tanta. Por eso, son vinos que fluyen bien en el paladar sin llegar a ser densos. Esto hace que no sean tan concentrados en sus expresiones, pero ideales para acompañar esas roscas de Pascua más secas y coronadas con frutas abrillantadas.

Por su parte, y como su nombre lo indica, los vinos de cosecha tardía nacen de uvas que permanecieron más tiempo en las plantas. Porque una vez pasado el punto óptimo de madurez, los granos no generan más azúcar. Por efectos de la deshidratación del sol, las bayas pierden agua y el azúcar se concentra.

Al hacer un vino con estas uvas, se llega a un alcohol de entre 12 y 14 grados, pero con azúcares importantes, superiores a 120gr de azúcar por litro, y más. Eso no solo se aprecia en el gusto sino también en la densidad. Es por ello que los vinos de cosecha tardía son postres en sí mismos o bien compañeros ideales de delicias muy dulces.

El dulce del plato se equilibra con el mismo dulzor en la copa. Y si bien la clave de estos vinos está en su elevada acidez, que evita las sensaciones de empalago, por cuerpo y características pueden acompañar muy bien roscas de Pascua más sofisticadas, con agua de azahar y frutos secos en su composición.

Los más producidos, reconocidos y consumidos son los blancos, aunque existen algunos tintos, pero no es fácil equilibrar su dulzor con las texturas de los taninos. Sin embargo, cada vez son más las bodegas que se animan a incursionar en la categoría.

Una mesa de madera con un festín de Pascua. Se ven varias botellas de vino (blanco, tinto, rosado), copas, empanadas, pescado, garbanzos y pan.
Tintos elegantes como Pinot Noir, Malbec joven y Garnacha ofrecen suavidad y acompañan platos principales de intensidad media (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hay Malbec, obviamente por ser el cepaje emblema, pero también porque gracias a sus características se pueden lograr buenos exponentes de tintos dulces naturales. Pero no es la única variedad, ya que también hay de Pinot Noir producido en la Patagonia, entre otros. Se elaboran igual que los blancos, pero la gran diferencia acá es la maceración. Es de los hollejos que se extrae el carácter de los tintos, aunque el dulzor viene en la pulpa.

Los enólogos deben lograr un gran equilibrio entre todos los componentes. No es algo tan visto como vino de postre, pero va muy bien con los huevos de pascua más simples, donde el chocolate con leche es el gran protagonista.

Por último, están los vinos fortificados, que son vinos más fuertes porque se “fortifican” o “encabezan” con el adicionado de alcohol de origen vínico. Es decir que se elaboran como vinos - generalmente tintos- pero cuando el producto fermentado llega a los 10 grados alcohólicos -y le quedan unos 4 más aproximadamente- se frena el proceso agregando alcohol. Así, el resultado es un vino de una graduación alcohólica aproximada de 20 grados que, para suavizar todos sus matices, se suele criar en roble por mucho tiempo.

El ícono de la categoría es el Porto. Y emulando ese vino -tal como se intentó con los Champagne- surgieron algunos tintos fortificados nacionales. La mayoría con el Malbec como protagonista, pero hay otros a partir de blends. Por sus características, son ideales para acompañar los huevos de pascua elaborados con chocolate amargo.

Diez vinos para lucirse en la mesa de Pascua

Vinos blancos:

  • Don Nicanor Sauvignon Blanc (Nieto Senetiner, Mendoza, Valle de Uco), $19.600

Es una novedad y una variedad que le gusta mucho al hacedor, a pesar de no haberla vinificado tanto. De aromas delicados y herbales que delatan su tipicidad. Paladar franco, con buen volumen, su trago es mordiente y franco, con leves notas de maracuyá verde. Bien logrado y con nervio final que invita a seguir tomando.

  • Casa Boher Agrelo Viognier (Rosell Boher, Mendoza, Luján de Cuyo), $22.500

Elaborado 100% con uvas de la finca de Agrelo, la misma que rodea el Rosell Boher Lodge, un pequeño paraíso en Mendoza. Es un blanco que vuelve a sorprender por lo bien lograda que está su tipicidad. Porque sus aromas florales nítidos hablan bien de la variedad. En boca es amable sin llegar a ser untuoso, gracias a su buena frescura. De paladar franco y con buen cuerpo, ideal para lucirse en la mesa con platos a base de carnes blancas.

Vino rosado:

  • Carmela Cabernet Franc Rosé (Benegas, Mendoza, Maipú, Cruz de Piedra), $13.000

No solo es uno de los vinos rosados más consolidados del mercado, sino el primero en apostar al Cabernet Franc. De aromas bien afrutados con suaves dejos herbales que hablan de la variedad. Paladar amplio y fresco, de trago amable pero cierto carácter resaltado por sus texturas. Su final es persistente y agradable.

Vinos tintos:

  • Conclave Gran Corte (Piccolo Banfi, Mendoza, Luján de Cuyo, Agrelo), $19.300

Por haber sido el primer vino de la casa, capta mucho la atención de Matías Ibáñez, enólogo de la bodega. Una combinación de Cabernet Franc y Malbec que varía de proporciones dependiendo de la añada. Hay un carácter reconocible de fruta negra con especias. De paladar franco y fresco, expresivo y amable, con suaves dejos herbales en el final de boca, bien combinados con el aporte de la crianza.

  • Kaiken Ultra Pinot Noir (Kaiken, Neuquén, Añelo), $26.800

La búsqueda de mantener el estilo y la calidad de una línea de vinos tan clásica como consistente (Kaiken Ultra) obligó a los hacedores a salir de su zona de confort para encontrar uvas con el carácter deseado. Y llegaron hasta Patagonia. Su aspecto es inconfundible de Pinot Noir y sus aromas, algo perfumados. De paladar “cremoso”, con buen agarre y una frescura que resalta su tipicidad.

  • El Esteco Old Vines Criolla (El Esteco, Salta, Valle de Cafayate), $34.000

A partir de un viñedo plantado en 1958, Alejandro Pepa (enólogo) concibe un vino tradicional pero actual. De aspecto tenue y brillante, con tonos rojo cereza, sus aromas se sienten integrados a frutas rojas y especias secas. En boca es franco y limpio, con agarre y buen cuerpo. Llena la boca con gracia y su carácter persiste en boca. Acompaña muy bien las empanadas salteñas y algunas comidas picantes.

  • Pepa Wines Garnacha (Pepa Wines, Salta, Alto Valle Calchaquí, Cafayate), $37.800

Vino orgánico, elaborado con 30% racimo entero de un viñedo ubicado en Chimpa (del otro lado del río Santa María), por padre (Alejandro) e hijo (Ramiro). Ambos lograron un tinto de aromas expresivos, bien apoyado en la fruta. La frescura se siente bien integrada, con taninos finos. Y son sus texturas las que resaltan el carácter de frutas rojas sobre el final de boca.

Vinos dulces:

  • Quinto Dulce Natural (Riglos Wines, Mendoza, Valle de Uco, Gualtallary), $22.000

El Sauvignon Blanc es una de las variedades que mejor se expresan en Gualtallary, tanto para vinos blancos varietales como para blends e incluso para vinos de cosecha tardía, como este flamante Quinto. De paladar fresco, con buen carácter frutal y trago amable, su dulzura casi cítrica lo convierte en compañero ideal de la pastelería seca.

  • Malamado Malbec (Malamado Wines, Mendoza), $24.000

La familia Zuccardi creó este vino en 2002, un “Malbec a la manera de Oporto”, es decir fortificado y con crianza en barricas. Eso explica su buen cuerpo y dulzura. Sus aromas remiten a frutas maduras y confituras. De paladar amable y franco, su dulzor se percibe equilibrado. Ideal para acompañar chocolates.

  • Alta Yari 4 Nevadas Dulce Natural Torrontés (Alta Yari, Mendoza, Valle de Uco, Gualtallary, 500 cc), $96.000

Blanco dulce y natural, de aromas muy perfumados a jazmín. Posee buen volumen y su trago es equilibrado, con notas de frutas blancas y miel. No es muy profundo, pero sí expresivo y con cierta densidad para acompañar postres de pastelería o un plato.