
En una época en la que las resoluciones de año nuevo suelen centrarse en reducir excesos o adoptar hábitos percibidos como “saludables”, el escritor Sami Reiss propone algo radicalmente diferente: beber más café.
Según explica en un artículo publicado en GQ, esta decisión surgió tras un episodio de fatiga que lo sorprendió, a pesar de mantener una rutina de sueño, ejercicio y alimentación cuidadosamente diseñada para optimizar su salud.
La única variable que identificó como posible causa fue una baja ingesta de café en los días previos.
Lejos de ser una ocurrencia fortuita, su reflexión toca un tema de fondo: ¿es posible que estemos subestimando los beneficios del café debido a prejuicios pasados y patrones de consumo malentendidos?
En su análisis, Reiss examina cómo esta bebida, amada por muchos y demonizada en otras épocas, podría desempeñar un papel positivo en nuestra salud y bienestar.

Durante décadas, el café fue objeto de estudios que lo asociaban con riesgos para la salud, como enfermedades cardíacas y asma.
Sin embargo, muchas de estas investigaciones se basaron en poblaciones con altos índices de tabaquismo, lo que sesgó los resultados.
Con el tiempo, nuevos estudios han revaluado esta narrativa, revelando que el consumo moderado de café (hasta cinco tazas diarias) puede reducir el riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardíacas e incluso ciertos tipos de cáncer.
Además, esta infusión no es solo una bebida estimulante, sino una constante cultural y alimenticia que ha acompañado a diversas civilizaciones durante más de mil años.
¿Podría ser que no es el café el problema, sino cómo lo hemos consumido en épocas recientes?
La modernidad ha traído consigo una nueva forma de entender el consumo de café, influenciada por figuras de la ciencia del bienestar como Andrew Huberman.
Este enfoque sugiere retrasar la primera taza al menos 90 minutos después de despertar para aprovechar mejor los ritmos naturales de energía del cuerpo.
También se aconseja evitar el café al menos 10 horas antes de dormir, para no afectar la calidad del sueño.

Aunque estas pautas pueden ser útiles, Reiss cuestiona si son prácticas para quienes no llevan un estilo de vida ideal.
¿Es realmente necesario abstenerse de un espresso después de la cena o de una taza extra durante una jornada laboral exigente?
Para el autor, la rigidez de estas reglas puede ser innecesaria, sobre todo si el café se disfruta con moderación y en equilibrio con otros hábitos saludables.
Reiss comenta que hay disfrutar del café y el té de forma equilibrada y saludable. Prioriza la calidad sobre la cantidad, eligiendo bebidas bien preparadas y evitando opciones de baja calidad.
Además, propone que para cuidar el sistema digestivo, evites tomar café negro en ayunas.
Otro de sus consejos es que acompañes cada taza con una bebida hidratante y controlar el uso de leche y azúcar, usándolos con moderación para no convertir la bebida en un postre líquido. Estas prácticas promueven el disfrute sin comprometer la salud
El café como puente entre cultura y bienestar
La reflexión de Reiss también nos invita a reconsiderar la relación entre nuestras elecciones alimenticias y los valores culturales.
El café fue históricamente un espacio de encuentro, creatividad y productividad. Desde las casas de café del siglo XVII en Europa, donde nacieron movimientos intelectuales, hasta las modernas cafeterías urbanas que hoy sirven como puntos de socialización, esta bebida fue un hilo conductor en la vida de millones de personas.

Adoptar un consumo consciente de café no solo puede mejorar nuestra salud, sino también ayudarnos a reconectar con estas tradiciones culturales.
En lugar de demonizar esta bebida o encasillarla como un mero estimulante, podemos redescubrirla como una herramienta para el equilibrio físico y emocional.
Otra de las preguntas que Reiss plantea es si aumentar el consumo de café podría ser una solución viable para manejar el estrés en la vida cotidiana.
A diferencia de las bebidas energéticas industriales, el café puro tiene un impacto cultural y nutricional más amplio.
Sin embargo, el autor también advierte contra el abuso. Consumir café no debe convertirse en una excusa para ignorar otros aspectos de la salud, como el sueño adecuado o una dieta equilibrada.
En última instancia, Reiss no busca imponer reglas universales sobre el consumo de café, sino explorar cómo esta bebida puede integrarse de manera saludable en su vida diaria.
Su resolución para beber más café en 2025 no es solo un experimento personal, sino una invitación a reconsiderar nuestras propias ideas preconcebidas.
¿Y si el café, consumido de manera consciente, pudiera ofrecer tanto placer como beneficios para la salud?
Quizá, como sugiere Reiss, sea hora de mirar más allá de las viejas normas y redescubrir el potencial de esta antigua bebida en el ritmo acelerado de la vida moderna.
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