Una investigación reveló que cuando hay dinero de por medio, muchas parejas no son honestas a la hora de hablar sobre sus gastos y hábitos económicos (Shutterstock)
Una investigación reveló que cuando hay dinero de por medio, muchas parejas no son honestas a la hora de hablar sobre sus gastos y hábitos económicos (Shutterstock)

El manejo del dinero dentro del vínculo de pareja es uno de los temas que se debe enfrentar llegada la etapa de convivencia. Hacer un “pozo” común, distribuir los gastos, aportar y dejar que el otro se encargue de administrar, ahorrar lo que sobra y disponerlo en forma individual a gusto y piacere de cada uno, son algunas de las opciones más frecuentes. No obstante, no todo se dice, no todo se “blanquea”, dando lugar a ocultamientos y mentiras.

De hecho, según una reciente investigación de la Universidad de Notre Dame, existe un tipo de infidelidad de la que se habla poco: la financiera. Tras realizar una serie de 10 evaluaciones a más de un centenar de parejas y analizar los movimientos de sus cuentas bancarias, los expertos descubrieron que cuando hay dinero de por medio, muchas parejas no son honestas a la hora de hablar sobre sus gastos y hábitos económicos. “La infidelidad financiera es llevar a cabo comportamientos que la pareja desaprobaría, por lo que estos, se ocultan intencionalmente", explican los expertos en su estudio.

“Algunas parejas o integrantes deciden engañar porque en el fondo hay una sensación de duda o de un pronóstico reservado acerca de cómo puede seguir esa relación o prosperar en el futuro. En mi opinión, no se puede considerar una infidelidad, pero sí denuncia una crisis de confianza de la pareja. Al final del día es una crisis y un modelo de pareja en donde la confianza no es el pilar más fuerte”, dijo a Infobae el psicólogo y especialista en vínculos, Sebastián Girona.

Muchas personas ocultan sus gastos de sus parejas (Shutterstock)
Muchas personas ocultan sus gastos de sus parejas (Shutterstock)

Lo cierto es que la representación del dinero en la subjetividad personal y social tiene que ver con la seguridad, la autoafirmación, la autonomía, el poder y la dominación. En la sociedad de consumo actual, poseerlo en más o en menos, simboliza estar incluido dentro de un sistema de intercambio de bienes que además repercute en la autoestima y el área emocional. Sin embargo, tener algunos billetes en los bolsillos o en la caja de ahorro no es garantía de placer o disfrute.

“Lo ideal es que los dos tengan la misma posición sobre cómo quieren gastar dinero. Lo importante es que ambos dos se pongan de acuerdo y se comuniquen con el otro ya que habla de la confianza como pareja que tienen uno con el otro”, dijo a Infobae Beatriz Goldberg, psicóloga y autora del libro Dime cómo te lleva con tu dinero y te diré quién eres.

La representación del dinero en la subjetividad personal y social tiene que ver con la seguridad, la autoafirmación, la autonomía, el poder y la dominación (Shutterstock)
La representación del dinero en la subjetividad personal y social tiene que ver con la seguridad, la autoafirmación, la autonomía, el poder y la dominación (Shutterstock)

“El dinero dentro de la pareja se encuentra entre los cinco problemas más frecuentes. Y es que el valor monetario tiene la particularidad de presentar un conflicto cuando hay y cuando no. Muchas veces también se considera como una herramienta de poder sobre el otro integrante. Sin embargo, no hay una forma correcta de manejar la economía de la pareja; cada pareja debe encontrar su propia fórmula y manera de manejar el dinero”, aseguró Girona.

Lo cierto es que podría pensarse que cuando se ocultan cuestiones de dinero en una pareja, también se están ocultando otras cosas; así como no se entrega información acerca de los bienes materiales también puede existir una falta de entrega amorosa. En todos los vínculos hay una lucha de poder y la relación de pareja no está exenta de esto.

Para Walter Ghedin, no es lo mismo el valor de intercambio de dinero durante el noviazgo que durante la convivencia. Sin embargo, los problemas suelen comenzar cuando las parejas organizan previamente lo que será la vida en común: búsqueda de un lugar para vivir, fiesta de casamiento, compra de electrodomésticos, entre otros.

Las parejas deben llegar a un acuerdo en cuanto a los gastos (Shutterstock)
Las parejas deben llegar a un acuerdo en cuanto a los gastos (Shutterstock)

Señales de alarma

Durante el noviazgo pueden empezar a aparecer algunos rasgos de comportamiento que oscilan entre la prodigalidad y la avaricia. A veces el bolsillo del hombre no tiene reparos para salir con amigos o para solventar la deuda de algún familiar en apuros y en cambio sí los tiene para salir con la novia o ahorrar para el casamiento. La mujer que quiere convivir con su pareja insistirá con más ahínco en guardar dinero y promoverá acciones para que se concrete la unión.

A la hora de ahorrar los hombres destacarán el esfuerzo productivo, lo que determina que cada peso que se guarde lleve la impronta de “me lo gané con el sudor de mi frente”. Las mujeres trabajadoras valoran el “sacrificio” que conlleva el trabajo, pero también gozan de más capacidad para deleitarse. Los hombres con rasgos obsesivos son tercos, obstinados, esquemáticos, avaros y no saben disfrutar del ocio o de la recreación; se enojan cuando sus mujeres gastan en “estupideces” o planean salidas para salir de la monotonía.

Los engaños financieros llevan a pensar que la pareja también esta engañando en otros aspectos (Shutterstock)
Los engaños financieros llevan a pensar que la pareja también esta engañando en otros aspectos (Shutterstock)

Las mujeres con rasgos narcisistas suelen ocultar los gastos que conlleva pertenecer a cierto estatus social, excepto que sus parejas saquen partido de la apariencia. En fin, los rasgos de personalidad influyen también en la distribución del dinero, sobre todo cuando este es sinónimo de poder, seguridad o sacrificio.

Durante la convivencia cada pareja debe encontrar cuál es la mejor forma para administrar el dinero. Todo depende de la libertad para comunicar los acuerdos y desacuerdos, en el instante y el tiempo justo. Guardarse comentarios o malestares sólo provoca conflictos, agravados por lo que no se dijo en su momento. Las conductas de dominación y sumisión generan vínculos asimétricos, basados en la desigualdad, sobre todo cuando uno ejerce el poder con el dinero.

En este contexto, las infidelidades monetarias:

Infidelidad monetaria asimétrica

En los vínculos laboralmente asimétricos (uno trabaja, el otro se queda en la casa) es frecuente que quien dispone del dinero lo ceda en cuentagotas, día por día. La desigualdad en la distribución de los roles, sobre todo cuando uno “domina” con el poder de los billetes, lleva a que el otro, se “someta” a las determinaciones del primero, cuando en realidad aparecen algunas transgresiones. El que tiene el dinero pone las reglas y el otro las cumple en parte.

“En estos casos el ocultamiento o la mentira aparecen como opciones salvadoras: guardar una parte de la cuota diaria para un gusto personal, ayudar a los hijos, hacer terapia, prestar plata a un familiar o a un amigo, o bien, ir ahorrando para una indecisa y futura separación, pueden ser algunas de las alternativas”, aseguró Ghedin.

En los vínculos laboralmente asimétricos (uno trabaja, el otro se queda en la casa) es frecuente que quien dispone del dinero lo ceda en cuentagotas, día por día (Shutterstock)
En los vínculos laboralmente asimétricos (uno trabaja, el otro se queda en la casa) es frecuente que quien dispone del dinero lo ceda en cuentagotas, día por día (Shutterstock)

Infidelidad monetaria simétrica

La simetría laboral plantea sus particularidades. Si los dos trabajan, ambos tienen derechos y obligaciones en el manejo de las ganancias. Muchas parejas acuerdan poner los ingresos en un “pozo común” del cual surge el dinero para los gastos mensuales y el resto, es decir, lo que sobra, se ahorra, se emplea en gastos de excepción o se destina a lo que cada uno quiere. Cuando uno gana más que el otro se puede llegar a un acuerdo distributivo: el que más gana asume los consumos más abultados.

La infidelidad monetaria patológica

“Los egresos de dinero ‘no blanqueado’ pueden ser inducidos por cuadros psiquiátricos: juego patológico o ludopatía, trastorno bipolar en ciclo maníaco, uso de drogas, compulsión por las compras o adicciones sexuales. En estos casos, la persona, tanto hombre o mujer, miente, esconde, o no se da cuenta de los descalabros económicos que provoca. Cada uno de estos cuadros clínicos tiene sus particularidades, pero todos cursan con impulsos que llevan a la persona afectada a gastar más de la cuenta o a hipotecar sus bienes”, concluyó el especialista.

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