Sebastián Wainraich: “Extraño caminar en la calle y abrazar gente que no sea mi mujer ni mis hijos”

En plena cuarentena estrena “Casi feliz” que escribió y protagoniza. A solas con Teleshow el conductor de “Metro y medio” cuenta cómo vive el aislamiento, habla del vínculo con la fama y relata un sueño muy particular: “Venía en auto, bajaban unas vacas por Crámer, empezaban a correr, y yo corría con las vacas”

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Sebastián Wainraich estrena "Casi feliz"


“¡Se va a ver en casi todo el mundo!”, dice Sebastián Wainraich, que cuando baja a la Tierra, repasa el momento que está viviendo y siente que “es un sueño”. Este viernes, en medio de una pandemia que tiene en vilo a todo el planeta, estrena Casi feliz, una comedia de 10 capítulos de media hora que ideó junto a un amigo personal, el director Hernán Guerschuny, y que estará disponible en Netflix.

En diálogo virtual con Teleshow, el conductor de Metro y medio confiesa que espera ese momento “con mucha expectativa y felicidad”, y orgulloso de los actores que lo acompañan en el proyecto. Natalie Pérez, la coprotagonista, interpreta a la ex pareja de Sebastián en la ficción. Hugo Arana y Adriana Aizemberg son sus padres, Peto Menahem es el hermano, y Santiago Korovsky, su productor. Además de las participaciones especiales de Adrián Suar, Julieta Díaz, Carla Peterson, Juan Minujín, Pilar Gamboa, Dalia Gutmann y Benjamín Amadeo. “¡Un elencazo!”, celebra Wainraich.

Sebastián Wainraich en "Casi feliz"
Sebastián Wainraich en "Casi feliz"

La serie te lleva a otro mundo, un mundo donde eramos libres y salíamos a la calle”, cuenta el humorista, que pasa sus días de cuarentena en su casa, junto a Dalia Gutmann y sus dos hijos. “Esto va a pasar, pero vamos a recordar esta época como una verdadera locura”, reflexiona, mientras mira la ventana de la videollamada en la pantalla y descubre su reflejo: “Tengo mucha cara de dormido”, admite.

—Te toca una situación muy particular: estrenar en cuarentena.

—El 27 de abril era la presentación de Casi feliz en un teatro con colegas, prensa, familiares, amigos y todos los que trabajamos en el proyecto. Parece que lo planeamos en otra vida... A principio de marzo, un productor dijo: “Tal vez tenemos que suspender esa presentación”, y pensé: “Este es un paranoico, ¡¿de qué me está hablando?!”.

—Cuando te sentaste a escribir Casi feliz, ¿sabías que era un proyecto para Netflix?

—No. Fue hace más o menos tres años. Nos convocó Alejandro De Gracia, productor y distribuidor de cine. Con Hernán Guerschuny habíamos trabajado en Una noche de amor, y nos hicimos muy amigos. Entre los dos creamos el mundo de la serie: yo escribí los guiones y él la dirigió. Un día vino Alejandro y nos dijo: “La vamos a hacer en Netflix”. En esta computadora por la que estamos hablando, escribí los diez capítulos, y se armó algo espectacular.

—Debe ser fuerte saber que te van a ver en países que uno ni sueña conocer...

—Y más ahora que parece que no viajamos más. En 169 países se va a estrenar. Me mandan imágenes de Finlandia, España, Italia, Israel, Latinoamérica con la misma portada que acá, pero con letras raras de distintos países. No tomo conciencia.

Sebastián Wainraich junto a Natalie Perez, en una escena de "Casi feliz"
Sebastián Wainraich junto a Natalie Perez, en una escena de "Casi feliz"

—Hay un protagonista que hace radio, es hincha de Atlanta: se juega lo autobiográfico. ¿Cuánto hay de Sebastián Wainraich?

—Es un mundo similar porque está la radio, hay también cierta neurosis, está Atlanta... Pero no es autobiográfico: es imposible que lo sea. Me divierte jugar e histeriquear con eso. En definitiva, tampoco creo que sea tan importante si lo es o no.

—También habla de la fama. ¿Cómo te llevas vos con eso?

—No me hago demasiado rollo. A veces, cuando salíamos a la calle... ¡eramos libres!, si estoy con mis hijos y alguien me pide una foto, a ellos les puede llegar a incomodar, pero yo me llevo bien. La radio despierta un vínculo muy afectivo con el oyente. ¡¿Qué te puede molestar la fama?! Puede generar alguna incomodidad, pero también da beneficios: no nos hagamos los giles con eso. Canjes, recibir cariño, la mayoría de la gente es buena onda y, al ver que sos conocido, te quiere ayudar. No hay que dramatizar algo que no es dramático.

—Otra cara de la fama, que se ve en la serie, son los pedidos de la gente, el mangazo. ¿Te han pedido cosas raras en la vida real?

—Esta es una época en la que se está pidiendo mucho. Por un lado, hay pedidos que van muy en serio, de solidaridad, y que uno quiere ayudar. Hay otros un poquito menos urgentes pero que son lindos: “Cumple años tal persona, ¿le podés grabar un video que la va a pasar solo?”. Y después están los pedidos extraños, los que te dicen: “Che, ¿tendrías el teléfono del 9 de River que mi sobrino es fanático?” Creen que, porque trabajas en los medios, conocés a todo el mundo: “Va a hablar Alberto Fernández, ¿qué va a decir?”. ¡Qué sé yo! Está esa fantasía también.

La vida de Sebastián Wainraich en cuarentena


—Recién hablabas del mundo de la radio: ya son 13 años de programa, ¡es un hijo!

—Sí, nació el mismo año que mi hija, que cumple el 13 en agosto. Es un pedazo de mi vida, mi segunda casa. Esta época vino a reconfirmar lo importante que es la radio, la audiencia, y lo bien que estamos con el equipo. Hacer el programa así, por Zoom, desgasta mucho, cansa, no es lo mismo. Pero se ve la solidez del equipo y del programa.

—Están todos conectados, ¿no hay nadie en el estudio?

—Está Nacho, el operador, que es un héroe que va todos los días hasta la radio. Nosotros podríamos ir porque estamos exceptuados, pero como mensaje nos pareció bueno quedarnos en nuestras casas.

—¿Cómo te estás llevando con la cuarentena?

—Es una montaña rusa. Parto de la base de que no tengo urgencias económicas y estoy en una casa cómoda. Trato de explicarle eso a mis hijos, sin generarles culpa. “Nosotros estamos bien, hay muchísima gente que está peor que nosotros, no es culpa de ustedes”, les aclaro todo el tiempo, pero hay que tenerlo en cuenta. El ánimo va variando, estoy muy ocupado con las tareas domésticas, de los chicos, el trabajo y la prensa que estoy haciendo por la serie. Aún así, de vez en cuando me bajoneo y me agarra angustia. No soy un distinto por eso, todos estamos en una situación bastante similar.

—¿Cómo te llevas con las tareas virtuales escolares?

—Al principio se me complicó porque soy un aparato, pero ahora me llevo bien. Dalia se encarga de nuestra hija mayor y yo de nuestro hijo menor. No es fácil todos los días decirle: “Vamos a hacer la tarea”. Me gusta más cuando hacen Zoom con el colegio porque los entregás y ellos se divierten mucho más viendo a sus compañeros y a sus maestros. Obviamente, también estoy haciendo muchas más tareas domésticas de las que hago normalmente y es una buena lección.

—¿Qué cosas te dan placer en estos días de cuarentena?

Mi pequeño lujo es hacer un asado todas las semanas. Los sábados a la noche me voy a la parrilla, hago el fueguito, toda esa ceremonia, la carne; lo disfruto mucho. También les enseñé a mis hijos a jugar al T.E.G., que es un arma de doble filo: me gusta mucho ver cómo aprendieron y disfrutan jugando, pero son muy demandantes. Quieren jugar muchas veces.

—¿Qué es lo que más extrañas? ¿Qué es lo primero que vas a hacer cuando esto se termine?

Caminar en la calle y abrazar gente que no sea mi mujer ni mis hijos. No porque no los quiera a ellos… Somos un país en el que nos abrazamos mucho, a los cinco minutos ya somos todos amigos, nos gusta ir a tomar algo, a comer, hacer reuniones en casas. Además de todo el drama económico: me pregunto cómo será. Es un gran signo de pregunta que me genera cierta incertidumbre.

—¿Hace cuánto no salís a la calle?

—Salí el otro día. Tengo una verdulería pegada a mi casa y un (supermercado) chino enfrente.

—Cuando volvés, ¿sos maniático de la limpieza o te fuiste relajando?

Pablo Fábrega en la radio dice que hay que pegarle dos tiros a la ropa. Para mí, no es para tanto. Los primeros días era muy maniático. Hay unas zapatillas que, cual fecha de Reyes, están afuera todo el tiempo. También lavo todo lo que compro y tiro las bolsas a la basura. Está bueno ser exagerado y que después nos digan: “Te fuiste de mambo”, antes que te digan: “¿Cómo no te cuidaste?”.

—¿Estás durmiendo bien?

—Nunca duermo bien. El fin de semana no pude dormir absolutamente nada y también tengo sueños muy raros. La otra vez soñé que venía en auto y bajaban unas vacas por Crámer y empezaban a correr, y yo corría con las vacas. Supongo que tiene que ver con la culpa de no ser vegetariano.

—¿Estás haciendo análisis?

—No. Mi psicólogo me dijo de seguir por teléfono y le dije que por ahora no, pero antes del estreno le voy a pegar un llamado.

—¿Vas a ver los diez capítulos el viernes?

—Sí, el jueves a las 23:59, para que quede claro, va a faltar un minuto para el estreno y me voy a sentar ahí a verlos. Es una alegría muy grande saber cómo lo hicimos, cómo arrancamos, lo que costó... El rodaje terminó exactamente hace un año, el 30 de abril. Era impensado este presente, con el mundo así.

—¿Estás contento con Casi feliz y con lo que se viene?

—Muy contento y muy emocionado. Hicimos lo que quisimos, nos gusta el producto. Estamos trabajando en una plataforma mundial, pero somos independientes en lo artístico. Siempre supe que la historia tenía que ser puntual, particular y no intentar hacer una historia universal para gustarle a todos porque no le gustás a nadie de esa manera. Estoy ansioso. Vi los capítulos sin los retoques finales y los voy a ver definitivamente el 1 de mayo, con el público.

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