
Adentro queda un cuerpo,
la bengala perdida se le posó,
allí donde se dice gol
Era una noche fría de agosto de 1983. La Argentina vivía los últimos días de gobierno de la sangrienta dictadura militar. Se aceleraban los preparativos para las elecciones del 30 de octubre en las que Raúl Alfonsín ganaría con el 51,7 % de los votos y la vuelta de la democracia ya era casi una realidad.
El país estaba pendiente del hecho histórico y se abrazaba ante el cambio de época. Sin embargo, la violencia en los estadios no mermaba -lamentablemente nunca lo haría- y esa jornada sería recordada como una de las páginas más tristes de nuestro fútbol.

Roberto Basile tenía 25 años y había organizado el plan perfecto: asistir a la Bombonera para ver jugar a su amado Racing frente a Boca. Su novia lo esperaba en una cantina cercana al estadio para cenar juntos tras el encuentro. Lo esperó y lo esperó pacientemente pero él nunca llegó.
Miembros de la barrabrava del club local -comandados por José Barrita, alias "El Abuelo", quien hacía poco tiempo había asumido el liderazgo- lanzaron bengalas de señalización marina hacia la popular visitante. Un par de ellas no llegó a destino pero una si. Cruzó todo el campo de juego e impactó en el cuello de Basile, quien murió en el acto. La agresión fue antes de comenzado el partido, que se disputó como si nada hubiera pasado y terminó 2 a 2.

Dejaron todo bajo el vendaval,
y huyendo del lodo no se supo más.
Bajo la lluvia el chasis se pudrió,
y allí también la criatura de Dios
Unos años después de ese triste episodio se encontraban juntos Luis Alberto Spinetta y Fito Páez en un hotel de la capital de Córdoba. Era la época de La La La (1986), el disco que grabaron a dúo y que tocaron por varios lugares.
De acuerdo a lo que narró el periodista Carlos Polimeni en su libro El día que Charly saltó (y otras crónicas salvajes de rock), al hotel Nogaró, de la calle San Jerónimo, se acercaron hinchas de Rosario Central -club del que Fito es simpatizante- para charlar con los músicos. El equipo estaba en la ciudad para jugar ante Instituto de Córdoba y, por esa razón, sus fanáticos deambulaban por las calles hasta que observaron a los artistas.

El rosarino accedió encantado al encuentro pero el "Flaco" miró con cierta desconfianza y no tenía ganas de conversar con los hinchas. Allí fue cuando les dijo lo que pensaba acerca de sus comportamientos y, uno de ellos, le respondió que todo lo que hacían era "por los colores".
Por un color, sólo por un color,
no somos tan malos, todo va a estallar
Evidentemente ese diálogo quedó en la memoria del músico y, unido a lo que había ocurrido en el '83, le disparó la necesidad de escribir "La bengala perdida", un crudo relato que habla de estos acontecimientos que referenciamos.

Spinetta amaba el fútbol pero le indignaba que las hinchadas se pelearan y provocaran destrozos. No entendía que haya muertes en los estadios.
Inútilmente no se vuelve aquí y es que algo habrá,
el cielo sólo quiere jugar,
no quiero un valle de catacumbas nunca más,
no quiero que me llenen de sal
("La bengala perdida")
Polimeni, en el citado libro, consigna otro hecho que inspiró la canción. Se trató del secuestro y asesinato del empresario Osvaldo Sivak, quien perdió su vida a manos de una banda que integraban ex policías y servicios de inteligencia. Su cuerpo fue hallado en noviembre de 1987, enterrado en un campo ubicado a un costado de la ruta 2 pese a que su familia había pagado más de un millón de dólares por el rescate.
Esto provocó el estupor de Spinetta, para quien la situación -en palabras del periodista- le "fulguraba como una prueba concreta de que la violencia sin sentido seguía dominando una parte de la lógica social argentina".

"La bengala perdida" formó parte del álbum Téster de violencia, que se editó en 1988 y fue considerado, por el propio Spinetta, como un disco conceptual con el eje puesto justamente en la violencia. "Desde Durazno Sangrando que no puedo conceptualizar varios temas y ponerlos todos al servicio de una misma temática", expresó el músico en una entrevista con Gloria Guerrero en marzo de ese año.
"El Flaco" siempre siguió de cerca lo que ocurría a su alrededor y esta canción, tan dura como real, es una muestra más de ello.
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