Guillermo Coppola recordó la traumática primera noche que pasó en la cárcel de Caseros: "Quería que me apuñalaran"

Guillermo Coppola fue uno de los personajes más mediáticos de 1996. Representante de Diego Maradona por aquel entonces, fue detenido después de un allanamiento que había sido ordenado por una causa en la que se investigaba una presunta organización narco, y se sospechaba que él era el líder.

Fueron 97 días los que estuvo detenido, primero en Dolores y luego en la cárcel de Caseros, hasta que la Justicia comprobó que la causa había estado armada y los policías que investigaron en la misma terminaron presos.

Invitado el domingo pasado al programa Infama Recargado, Coppola recordó sus días en Caseros y relató un traumático episodio ocurrido el día en el que llegó, cuando otro recluso lo "invitó" a pelear con un cuchillo.

Según su relato, en su primer día en Caseros, se sumó a la fila para utilizar al teléfono público de la cárcel. "Estaban los presos de la 'calle', y los presos del 'pozo'. Yo era el tercero de la fila, estaba muy nervioso. Cuando dicen 'pase el tercero' voy al teléfono. Pero me grita uno de atrás: '¡Coppola, acá no hay privilegios!'"

"Le digo 'perdón' y me siento. Uno me explicó que habían llamado al tercero de la 'calle', yo era el tercero del 'pozo'. De repente, tres minutos después, aparece (el otro hombre) con una faca atada en la mano y me tira otra. Noble el tipo, me dio una faca. 'Arrancá si tenés nafta', me dijo", aseguró.

Y siguió con su relato: "En cinco segundos armaron una ronda para que no viera el guardiacárcel. Se me pasó la película en quince segundos de lo que estaba viviendo: qué hago acá, quién es esta gente. Y me agarró como algo de El Increíble Hulk: me agrandé. Pateé la faca y le dije de todo. Quería que me clavara para que me sacaran de ahí y me llevaran a otro lado".

Quería que me clavara para que me sacaran de ahí y me llevaran a otro lado

El ex representante de Maradona contó que los guardiacárceles se llevaron al otro hombre. "Veinte minutos después me llamaron y me pusieron un palo de escoba en el cuello. 'Pedile perdón', me dijeron. Pero yo no podía hablar por el palo de escoba. '¿Te vinimos a defender y no le querés pedir perdón?' Esas fueron mis primeras horas", contó.

Eso pasó hace ya mucho tiempo. Ahora su vida es totalmente diferente y eso se debe, también, a su manera de enfrentar los problemas: "A la vida generalmente le meto energía positiva. A la mañana me despierto y digo 'hoy decido ser feliz', como un ejercicio. Además, soy de ir a misa los domingos".

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