Patricia Giovanna Cantú (34), conocida en el mundo artístico como Paty Cantú, es una artista mexicana que lleva mucho tiempo peleando por un lugar en la música. Su lucha diaria, su voluntad y sobre todo su pasión la llevaron a recorrer el mundo y subirse a los escenarios mas prestigiosos de América Latina junto a grandes artistas. Hoy se encuentra llena de luz y energía para encarar un 2018 con muchos proyectos.

En el marco de su visita promocional a la Argentina, Paty Cantú anunció su primer show en Buenos Aires. El próximo 3 de agosto cantará en La Trastienda Samsung y presentará su último sencillo, "Natural", que será parte del álbum que lanzará este año: 333.

—Tenés más de 700 mil seguidores en Instagram. Podría ser la población de un país pequeño. ¿Te genera responsabilidad que tanta gente te siga?

—Antes me preocupaba mucho más por cosas que no deberían ser, como que siempre me vean feliz, perfecta. Y de pronto empecé a pensar que esa no es la realidad y no es a la gente que yo abandero: yo abandero a las mujeres que, aunque somos la mitad del planeta, peleamos por nuestros derechos todavía como minoría. Abandero a la comunidad LGBTT que se acerca a mí. Abandero a cualquier persona que se sienta no convencional porque así me siento yo. Entonces decidí que si tengo que estar triste, si hay días que no tengo que poner nada, si hay días que tengo que decir una letanía y una poesía, porque eso es lo que hay en mi corazón, lo hago. O me puedo reír de mí también.

—¿Cómo hacés para que el ojo ajeno no te perjudique?

—Intento reflejarme tal cual soy . No solo quiero mostrarme como una portada de revista.

—¿Te pasó que solo te evalúen por tu belleza y no por tu música?

—Sí. Como que alguien haya querido o creído que lo que hay por fuera es lo único que tengo. Duele. Y he luchado: lo demuestras con trabajo. Pero en la parte contraria, que es que no encajas en la perfección, en el 1.78 o lo que sea de estatura, a mí me da lo mismo. Me quiero como soy. Y si no me quiero como soy, estoy aprendiendo a quererme como soy. Y eso es lo que quiero proyectar a los demás.

—¿Cómo lograste esa seguridad?

—No sé. Pero creo que muchos encontramos en la música y en los personajes con los que nos identificamos un poquito más de valor. Cuando sientes que no eres el único que está pasando por algo, te animas a hacerlo ¿no? Me tomó mucho tiempo superar discriminaciones… sufrimiento de muy niña…

—¿En el colegio?

—En muchos sentidos. Siempre fui rara, desde chiquita, pero además cuando empecé en esto era muy tímida. Y al hacerlo sola me topé con un montón de prejuicios, de ideas que se habían hecho de mí sin conocerme, que tenían que ver con el hecho de ser mujer. Pero decidí no ofenderme y trabajar.

—¿Cómo para, siendo tímida, ser cantante y llenar estadios?

—Sé disimular, por el trabajo que tengo. Más bien es al revés: los dos lugares en los que soy totalmente yo son el escenario y el estudio. Cuando estoy componiendo me pongo muy en plan líder, en "sé lo que quiero y a dónde voy", y estoy jugando a la vez, me estoy divirtiendo. Y cuando estoy en el escenario es como que mis problemas dan igual: estoy con la gente. Y las canciones que estoy interpretando son de ellos y para ellos, y lo que ellos necesiten.

—¿Qué escribís a la noche antes de dormir?

—Sabes, ahora es un poco combinado entre canciones y redes sociales, con la esperanza de que nunca llegue el día en el que un hacker borre todo y no quede constancia de nada. Mis secretos viven en mis canciones, y mi poesía vive de alguna forma en las redes sociales. Aunque sea muy burdo, ese es mi diario.

—¿Te costó mucho cuando empezaste?

—Sí. De hecho mi familia me vio sufrir, me vio luchar, me vio creer, primero. Después tuvieron mucho miedo pero me dejaron volar porque sabían que lo iba a hacer, de alguna u otra forma. Este tatuaje que llevo acá de una abejita tiene que ver con mi mamá que decía que yo era la abejita de la casa, era la más pequeña. Tenía que ser trabajadora y producir bien, y no meterme con nadie porque si alguien se metía conmigo sacaría el aguijón. Esa era la filosofía.

—¿Quién no confiaba en vos?

—La gente a mí alrededor. Compañeros. Incluso maestros que se burlaban un poco del tema, y después terminaron pidiéndome canciones para usar en cosas de la escuela. Y acabaron pidiéndome perdón.

—¿Qué te decían?

—Se morían de la risa, básicamente. Una maestra una vez me dijo, literal, que si no me iba a estudiar a un internado y seguía con esto de la música y mis tonterías, iba a ser una perdida (risas). Ahora me da risa, pero en ese momento tienes 13 años y dices: "¿Por qué me están diciendo algo tan horrible?". Y mi mamá me ayudaba mucho. Hubo un momento en el que yo cantaba tipo nerd, en el coro de la escuela, pero era feliz. Y alguien llegó a decirme: "Ya no te puedes juntar con nosotros si sigues haciendo esto, eso no es algo cool". Y me salí. Mi mamá se acercó y me dijo: "Si vas a dejar de hacer algo que te gusta porque alguien más te lo dice, vas a estar infeliz el resto de tu vida". Reaccioné. Y regresé y seguí con la mía.

—¿Cómo venciste todos esos prejuicios?

—No dejas de luchar: es la única forma. En el proyecto anterior nos empezó a ir muy mal, y la persona que nos manejaba decía que nos iba muy bien, pero era una mentira. Y yo lo averigüé. Entonces me dio pretextos, por qué no vivía en la Ciudad de México si todo el negocio estaba centralizado, si nos íbamos allá todo se resolvería. Le dije: "Perfecto, nos vamos allá". Entonces fue todo un drama. pero fue de camioneta, casi con papel de baño…

—¿Te mudaste con tu familia?

—Fue decirles a mis papás: "En una semana me voy a vivir a la Ciudad de México". "Claro que no te vas a ir". "Me voy". Y fue todo un discurso, y mi papá enloqueció de preocupación con los tabúes, los clichés, el sexo, las drogas, la gente. Le dije: "Papá, confía en lo que me han enseñado, o me voy y no te tengo cerca, que me dolería en el alma". ""Te vas y nos tienes cerca". Y además les dije, porque no me lo pidieron ellos: "Me voy y yo me mantengo, ustedes no me van a dar ni un peso, pero yo me voy". Llegamos y entonces el dinero nunca aparecía. Tenía que ver con malos manejos. Y terminé viviendo en el sótano de la casa de alguien, durmiendo en el suelo con un perro, sin dinero. O sea, comía una bolsa de papitas fritas al día. Y así estuve. Y mis papás me decían: "¿Cómo vas, hijita?". "¡Increíble, padrísimo!".

—No les podías decir.

—Con mi ex compañero no nos hablábamos. Entonces yo estaba sola: 18 años, sin dinero, sin amigos, muerta de frío, sin casa, ya sabes… Y lo hacía porque estaba convencida de que este sueño iba a algún lugar. Pasaron siete u ocho meses y una día me levanté con mi chamarra de invierno en el suelo porque no podía del frío y empecé a llorar y dije en voz alta: "No, ya no. Dios, no puedo más sola, se acabó". Y fui a buscar al manager y le dije: "Me voy". Viene mi ex compañero, hablamos, nos arreglamos, nos damos cuenta de que tenemos que volver a perseguir la oportunidad. El me dice que hay dos mánagers en México muy grandes. Me topé con uno de ellos, Alex Mizrahi, me dijo que le encantaba nuestra música, y dije: "Nos vamos con él".

—¿Cuál fue el mejor consejo que te dieron?

—Si tu estómago y tu corazón lo sienten, ve a pelear por ello.

—¿Qué fue lo que más te afectó que dijeran de vos?

—Que no cantaba y que no componía.

—¿Cambiarías algo de todo lo que viviste?

—Me hubiera gustado sufrir un poquito menos, pero sé que si no hubiera vivido las cosas tal y como las viví, no hubiera aprendido. Sé que es un cliché decir eso pero es la verdad: lo que aprendí…

—¿Te hizo más fuerte?

—Sí, me hizo más fuerte porque definitivamente no me mató (risas).

—Cuando te ibas a dormir en esos momentos malos, ¿qué te imaginabas, con qué soñabas?

—Todas las noches: "Este disco es un buen disco, tiene buenas canciones, es cuestión de que el mundo se entere. Y voy a aguantar hasta que el mundo se entere". Todo cambió. Y se logró el objetivo.

—Seguramente del otro lado hay muchas chicas que se sienten identificadas, quizás no solo con la música sino también en otros trabajos. Si les hablás a ellas, ¿qué les decís?

Uff… Les diría que si realmente hacen las cosas por amor, aunque duela, vale la pena el sufrimiento. Que si la misma fórmula no está resultando, no sean unos locos y cambien de fórmula pero no pierdan el mismo objetivo. Pero no dejes de perseguir porque cualquier pequeño triunfo, si estás haciendo lo que realmente quieres, vale la vida entera. Eso les diría.