Román Sivori, más conocido como El Original, encontró su camino cuando mezcló cumbia villera con reguetón. Este estilo tan particular marcó la década del 2000 y lo llevó a ofrecer hasta catorce shows por noche con temas memorables como Tu maestro.
Sobre sus motivaciones durante aquella primera etapa, Román explicó que el interés económico y la atracción juvenil influyeron en su decisión de seguir la música: “Yo tenía 19 años: quería ganar un poco de plata para comprarme mi pilchita, ¿no? Y ganar mujeres. A esa edad uno piensa en otras cosas”. Hoy, la historia es otra, con su familia como eje central de su vida, como dice en esta nueva entrega de Nunca me Faltes.

Acá, los momentos más destacados de la charla:
—Bienvenido, Román, ¿en qué momento de tu carrera, de tu vida, te encontramos?
—Hoy es un momento tranquilo, más familiar, dedicado a mis hijas. Disfrutando más que nada de todo lo que logramos en tantos años.
—Con más de veinte años de carrera, imagino que tenés más chances de elegir qué hacer, qué no hacer, sean shows o lo que fuera...
—Sí, cambia mucho porque cuando yo empecé era como un empleado de la banda y hoy por hoy soy dueño de todo. Hoy las decisiones las puedo tomar yo solo.
—Pero con El Original -me acuerdo- ya la habían pegado... año 2005, 2006: estamos hablando de veinte años...
—Sí, fue una época muy linda esa...
—¿Y vos tenías... veintipico?
—Ya había cumplido veinte.
—¿Y cómo es pegarla con veinte años? Me imagino que debe ser fuerte toda esa fama y exposición de golpe, con cuarenta shows por semana...
—Y... no es fácil, no es fácil. Si bien uno es chico y tiene toda esa energía, las ganas, también hay otras cosas que no las sabés manejar... Pero bueno, de a poco uno va aprendiendo. Pero sí, me pasó, me pasó, me he mareado: el que dice que no se mareó te está mintiendo, a todos nos pasa. No hay un manual que te diga cómo tenés que manejarte, y mucho menos teniendo diecinueve o veinte años. No sabía manejar esos momentos de fama; salía con mi novia y no podía porque se me venían encima... También la gente cambió mucho, hoy es mucho más tranquila. A mí lo que me pasaba era que me daba vergüenza también, ¿entendés? Hoy la cumbia está mucho más posicionada, pero en esa época no era tan así. Estabas en un shopping, pasaba gente y te miraba como diciendo ”¿Y este quién es?“.
—¿Sos tímido?
—Soy muy reservado; muy de vez en cuando voy a un lugar donde no conozco, como que estoy tranquilo, soy observador, tengo que ver y por ahí cruzo dos palabras con vos si me caíste bien...
—Y en ese momento de euforia, ¿te acordás alguna locura que hayan hecho tus fans?
—Había una chica que llamaba, había conseguido el teléfono de mi casa...
—¿El fijo?
—El fijo; yo vivía con mis abuelos y mi vieja, y llamaba una chica diciendo que estaba embarazada de mí, ¿viste? Y mi mamá... yo soy hijo de madre soltera y yo con mi mamá tengo muy buena relación desde siempre, en el sentido de que hablábamos de todo: no me daba pudor ni a ella tampoco. Siempre fuimos muy compinches en eso. Y mi vieja sabía cómo era yo, cómo me manejaba, y sabía también cómo éramos nosotros al momento de trabajar, porque llamaba una chica y dijo: “No, porque Román tocó en un boliche y cuando terminó se fue conmigo y tuvimos una noche de pasión y hoy yo estoy embarazada”. Y también muchas averiguaban dónde vivía y te caían en tu casa. Mi abuela siempre las atendía a todas de diez, ¡era una genia mi abuela! Yo por ahí estaba, por ahí no y mi abuela me decía: “Te vinieron a buscar las chicas, tus fans”. También todos los fines de semana que trabajábamos salían dos o tres combis con chicas siguiéndonos a todos los shows de la noche.
—¡¿Hacían diez shows por noche y te seguían a los diez?!
—Sí, tenían un carné del club de fans; no pagaban las entradas en los boliches porque con ese carné entraban, veían el show y se iban. Ellas pagaban las Traffic, ¿entendés? Y era un dinero importante.
—La que reclamó por el embarazo, ¿te la cruzaste alguna vez?
—No, no sé ni quién es, pero me pasó. Obviamente estuve con un montón de chicas, pero yo siempre me cuidé: siempre, siempre. Siempre lo tuve acá eso. No solamente porque alguna chica podía quedar embarazada, sino por muchas enfermedades y cosas que pueden pasar.
—¿Cuántos shows llegaban a meter en una noche en aquel momento de éxito?
—Haciendo Pasión de sábado, ponele, creo que lo máximo que hicimos fueron catorce shows en una noche.
—¿Cómo hiciste para no caer en los excesos?
—No, yo con eso siempre me manejé bien, gracias a la la guía de Pepe y y de Claudio, mis mánagers. Cuando arranqué con esto, para mí era salir a hacer shows para ganar mujeres y un poco de plata, con eso estaba bien... Sí, tomaba alcohol, me he drogado, he probado cosas, pero al momento de trabajar no. Era una regla impuesta. Y gracias a que nos impusieron esas reglas, después fuimos muy bien vistos en todos los lugares, porque había grupos que... hacían sus cosas, digamos.
—¿Más descontrol?
—Más descontrol. Y nosotros éramos como más tranqui, ¿entendés? Más señoritos, llamale...
—¿Crees que eso, más allá del consejo de tus mánagers, un poco tiene que ver con tu crianza también?
—Sí, obvio, porque en mi casa siempre trataron de criarme de la mejor manera. A medida que uno va creciendo se va dando cuenta de lo que está bien y lo que está mal. En mi casa siempre me dijeron: “Mirá, la droga, esto, esto y esto; el alcohol, esto, esto y esto, nosotros confiamos en vos”. Mi vieja no era que me decía: “No te juntes con este, no andes con aquel...”. No, siempre me dieron la libertad. Ya cómo me manejaba después, eso dependía de mí y de cómo me habían aconsejado en mi casa.

—Me decías madre soltera, y criado también por tus abuelos... ¿A tu viejo lo conociste?
—No, no lo conozco. Sé quién es, pero no.
—No tenés trato.
—No, nunca tuve trato.
—Me surge preguntarte, cuando la pegaste, ¿no te buscó él tampoco?
—No sé si sabe quién soy... O sea, sabe que soy cantante, que soy Román. Él sabe que yo nací porque cuando hablé con mi mamá me contó que hasta que yo tuve cierto tiempo de bebé, él me vio. Después ellos tuvieron una pelea -él estaba con otra mujer- y mi mamá le dijo: “Olvidate de mí y olvidate de Román”. ¡Y se lo tomó en serio porque se olvidó! (Risas)
—Entonces me imagino que tu abuelo cumplió un rol de figura paterna, también. Te he visto emocionado recordando eso, y hoy vos también sos padre.
—Sí, tengo dos nenas, dos hermosas nenas: Giovanna, que tiene doce, y Joaquina, que tiene cuatro.
—Supongo que la partenidad ayuda también para combatir la posibilidad de descontrol de las giras, ¿no?
—Sí, y yo me tomo mis vacaciones; siempre que salgo de viaje es para hacer algo con mi familia, con mis hijas; para mí es importante el tiempo con ellas.
—¿Con tu pareja hace cuánto tiempo estás?
—Catorce años más o menos. Estamos llevando una vida juntos, formando una familia con dos nenas hermosas.
—También es un desafío una relación de tantos años para alguien con tanta exposición, ¿no? El otro día, los chicos de Un poco de ruido que te ponían en el ranking de los más facheros, pero hay un grupo de fanáticas muy intensas, ¿no?
—Bueno, cada uno tiene lo suyo. Yo me caracterizo también mucho por cómo bailo, ¿viste? Y a las chicas les gusta mucho eso. Yo siento que antes de ser cantante no tenía tanta suerte con las mujeres como tuve después.
—Podés decir que fue la fama...
—Obvio, yo creo que sí. Después uno va aprendiendo, se viste un poco mejor, se cuida de cierta forma. Yo ya tengo cuarenta y dos años, tengo que darle bola a eso. Y me gusta entrenar, hacer deporte para verme bien, para estar bien físicamente también.
—En algún momento te escuché decir que tuviste un mambo con el espejo, con tu cuerpo, ¿cómo fue eso?
—Sí, tuve mis épocas. Cuando arranqué era muy flaquito; después había subido mucho de peso, pero no se me notaba porque soy alto, ¿viste? Y siempre fui de vestirme con ropa más suelta. Después tuve mi época donde me vi muy bien.
—¿Entrenás todos los días?
—Entrenaba...
—¿Cuántas horas por día?
—Mínimo dos horas, y a veces doble turno, también; estaba muy metido en los fierros. Hoy me dedico más al boxeo y al fútbol.
—Hablemos de lo que generás en redes. ¿Te ofrecieron guita por sexo?
—Me ofrecieron guita por sexo varias veces...
—¡¿En serio?!
—Sí.
—No sé si te agarró estando soltero, pero ¿nunca lo pensaste siquiera?
—No, no (risas).
—Pará, sin meternos en la persona: vino alguien medio millo y te dijo: “¿Cuánto querés?”
—No, más que nada fue por redes. Tanto hombres como mujeres.
—¿Minas y chabones?
—Sí, me escriben mucho los hombres.
—¡Mirá! ¿te acordás cuánta guita te ofrecieron? ¿Una cantidad o...?
—No, bueno, me acuerdo que una chica me puso: “Tengo tres mil dólares para darte ya si me decís que sí”, me puso.
—¿Lo del meneo se entrena mucho o ya te sale automático?
—Siempre me gustó bailar. Cuando no era nadie, mi carta en los boliches era el baile. No en la jaula, pero por ahí me ponía a bailar al lado de un grupo de chicas y ya veías que te miraban.

—Escúchame, y con esto que generás en redes, ¿tu pareja también ha tenido un proceso de saber llevarlo, de que no generes celos, de que no haga ruido? ¿Cómo es esa historia?
—Nunca tuve problemas en ese sentido. Ella me conoció ya siendo cantante. Si bien no era una fan, era una amiga de mi primo, pero me costó levantarla...
—¿La tuviste que remar?
—¡Sí, mal! Igual, nunca me gustó lo fácil tampoco.
—¿Y cómo es un Román remador en esos casos? ¿Sorpresas, regalos?
—No, fue hablando, hablando, hablando. No me quería pasar el número. Y yo le decía a mi primo “Che, conseguime el número de tu amiga, dale”. “No, primo, no quiere”. Le digo: “Vos sos mi primo, me tenés que dar el número igual, amigo”. Me pasó el número y bueno, tiré mensajito, llegó respuesta y ahí fuimos hablando... Siempre me gustaron las chicas lindas, pero lindas en serio, ¿eh? Pero no siempre me daban bola. Me ha pasado que me han rechazado, obviamente. No me tienen que dar bola porque sea Román el Original, ¿entendés? Y nada, mi mujer es muy linda, muy linda en serio.
—Yendo a tu repertorio: ¿cómo es la historia de “Amor de chat”?
—Ese lo trajo Queque; él es cristiano y esa canción la había hecho para la iglesia, después lo modificamos un poquito y lo sacamos.
—Que no era el chat de ahora, aclaremos, época del Fotolog.
—Yo nunca tuve Fotolog, pero sí las chicas: “Che, Román, mirá que este se está haciendo pasar por vos y está pidiendo números de teléfono”. Me ha pasado que pedía fotos...
—¿Fotos hot?
—Sí, y yo enseguida “No soy”, para no tener problemas, olvidate.
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