
La risa como refugio, la ironía como escudo y la ternura como salvavidas: Julieta Cayetina vuelve a apostar por el humor para hablar de lo incómodo, de lo triste y de esas microtragedias cotidianas que, aunque duelen, rara vez nos transforman del todo. Al final las tragedias no mejoran a nadie, la comedia dramática que escribió, dirige y lleva a cabo con un elenco de lujo, regresa a Timbre 4 y promete hacer pensar y reír en partes iguales. En una charla íntima y exclusiva con Teleshow, Cayetina abre su universo creativo, revela cómo sus propios recuerdos y vínculos familiares se colaron en la obra y cuenta por qué confía en el humor como la mejor herramienta para atravesar la vida.
La historia nos traslada a fines de los años 80, donde Berta y Luisa, encarnadas por Miriam Odorico y Cinthia Guerra, dos viudas que sobreviven a fuerza de chismes y rutinas, heredan un hotel rutero venido a menos. Sus días, y sus certezas, se ven sacudidos con la llegada de Cecilia, una joven embarazada dispuesta a romper esquemas y a parir en ese lugar. La aparición de Cecilia, encarnada por Dalma Maradona, empuja a las protagonistas a tomar decisiones inesperadas, enfrentarse a sus propios límites y redescubrir, con humor y ternura, su sexualidad y sus ganas de vivir intensamente.
El reestreno de la obra es este sábado 7 de marzo en Timbre 4, el espacio cultural de Boedo que se ha convertido en uno de los polos teatrales más atractivos de Buenos Aires. Allí, Cayetina apuesta una vez más a la dramaturgia honesta, el trabajo en equipo y la posibilidad de generar identificación en distintas generaciones de espectadores. Y, con el regreso a las tablas, su creadora desmantela todas las intimidades y detalles del proceso creativo que llevó a cabo para darle vida.

—El título de la obra es muy fuerte y directo. ¿Cómo nació esa frase y qué significa para vos?
—En realidad tiene un doble sentido. Cuando se habla de tragedias no me refiero a las tragedias grandes de la vida, esos golpes fuertes, sino a las microtragedias, esas situaciones cotidianas que uno exagera y dice: “Uy, me pasó tal cosa” y se instala en esa sensación de tragedia. Pensás que va a cambiar la actitud de alguien, pero la persona sigue siendo la misma. Surgió en una charla con amigas, hablando de alguien que había pasado por una de esas microtragedias y todas decían: “Seguro que ahora va a cambiar”, pero al final seguía igual, haciendo lo mismo y lo malo. Así que un poco surgió de eso, de que al final las tragedias no cambian a nadie.
—En la obra aparecen situaciones difíciles atravesadas por el humor. ¿Por qué decidiste combinar esos elementos?
—En realidad es una comedia, no tiene drama. Toca temas que uno podría pensar como difíciles, como la viudez o la muerte, pero creo que todo depende del punto de vista. Yo quería hablar de esos momentos de la vida, mostrar que quedar viuda no significa que la vida se termina. La obra está situada a fines de los 80 porque me interesaba trabajar en otro contexto, incluir recursos de la época como los avisos fúnebres del diario, en vez de, por ejemplo, Tinder para buscar pareja. Yo soy de esa década, me crie con mis abuelas, la radio a todo volumen, leyendo el diario, y quería explorar esos recursos y esos momentos desde el humor.

—Le das la oportunidad a quienes no vivieron esa época de conocerla. ¿Pensaste para qué público era la obra?
—Sí, lo hicimos mucho en los ensayos. Estuve casi tres años escribiéndola y nos preguntábamos quién iba a venir a verla. Me sorprendió muchísimo la cantidad de gente joven que se acerca, le interesa la temática y disfruta la obra. Pensé que sería para público de cuarenta para arriba, pero viene mucha gente de veinte y de treinta años. Cosas como el teléfono fijo de dial para los más jóvenes es toda una novedad y les encanta descubrirlo.
—¿Qué fue lo que más te desafió a la hora de construir esta obra?
—Soy muy exigente y, aún con la obra en escena, sigo ajustando y mejorando cosas. Además, abrí el proceso a las actrices, para que pudieran aportar ideas y sugerencias. Me gusta mucho el trabajo en equipo. El mayor desafío fue abordar temas como la sexualidad o la muerte desde el humor, sin caer en lo burdo. Sabía que iba a dirigir la obra mientras la escribía, así que fui muy atenta a que el humor no fuera forzado ni básico, sino que tuviera gracia y que la gente se riera desde ese lugar.

—¿Te resultó sencillo combinar el humor con temas difíciles o cotidianos en el escenario?
—Para mí es algo natural, porque no solo trabajo con el humor, sino que es parte de mi vida. En mi familia siempre usamos la ironía y el humor para atravesar situaciones, incluso las difíciles. Me resulta más fácil escribir desde el humor que desde el drama. Hasta en mis textos más tristes le encuentro algún matiz humorístico, porque así veo la vida.
—¿Tuviste alguna inspiración particular para la trama o los personajes?
—Me crie con mi abuela y sus amigas. Siempre las acompañaba a cenar, al cementerio, a tomar algo. Era mi plan favorito y me llenaba de energía escuchar sus historias y anécdotas. Empecé a escribir ideas, frases, imágenes disparadoras que luego se transformaron en escenas. Estudié mucha dramaturgia y tuve la suerte de contar con la supervisión de dos grandes como Mauricio Kartun y Mariano Tenconi Blanco. Me ayudaron mucho, sobre todo a editar y a enfocarme en lo importante. Había mucho material y aprendí a recortar, a dejar solo lo que suma.

—¿Pensaste en tus actrices mientras escribías la obra?
—Sí, con Dalma (Maradona) somos amigas hace varios años y siempre quisimos hacer algo juntas. Atravesamos juntas los embarazos de nuestros hijos, nuestros hijos tienen la misma edad y también nos tomamos la maternidad con humor. Cuando escribí la obra, el personaje de Dalma, Cecilia, está embarazada y un día, en la radio, le dije: “Tengo una noticia buena y una mala”. Sabía que ella quería hacer teatro y este formato le iba a servir, porque con sus hijas tan chiquitas una obra comercial o de más días por semana se le iba a complicar. Le propuse hacer la obra y le avisé que iba a estar embarazada todo el tiempo sobre el escenario. Miriam Odorico es una actriz que admiro mucho, es súper exigente, siempre busca la excelencia y está predispuesta a trabajar en equipo. Este año se sumó Cinthia Guerra, que la vi en otra obra y me impactó su presencia escénica y su energía. Así que el trío es espectacular y la sinergia entre las tres es hermosa.
—¿Sentís que con esta obra lograron que el escenario sea un lugar para reírse de lo incómodo o lo triste, y que la gente salga pensando o con algo positivo?
—Nos pasa mucho que la gente nos escribe después de la función o deja comentarios muy lindos en Internet. Nos cuentan desde qué lugar la obra los movilizó. Viene gente joven que quiere traer a sus madres, o madres que quieren traer a sus amigas. Hay gente que ya vino tres veces. No me gusta decir que quiero dar una enseñanza, pero sí compartir mi mirada del mundo. Si a alguien le sirve para despertar algo, aunque sea una fibra, me llena de emoción y gratitud. Si lográs que alguien se quede pensando es espectacular, pero no escribo con esa intención, sino desde mi búsqueda y mis experiencias. Si eso toca a alguien, es un regalo.

—¿Cómo te sentís con el reestreno y qué esperás de esta nueva temporada?
—Estoy feliz del elenco, de estar en Timbre 4, de apostar a un reestreno. Hacer teatro no es fácil, pero tenemos la suerte de vivir en una ciudad con mucha oferta y precios accesibles. Para mí lo importante es que la sala esté llena de risas y que la gente pueda venir a disfrutar. Hago hincapié en las entradas accesibles porque quiero que todos puedan venir. Son pocos los que pueden vivir del teatro, pero la satisfacción no pasa solo por el número de venta, sino por ver la sala llena y la gente disfrutando, aunque sea con descuentos o invitaciones.
—¿Qué otros proyectos tenés a futuro?
—Estoy escribiendo un libro, aunque todavía no puedo contar mucho, pero ya tiene editorial y espero que pronto se publique. También estoy trabajando en proyectos audiovisuales y estudiando dramaturgia. Desde que fui madre, se despertó mucho mi necesidad de escribir y ahora me estoy dando el espacio para desarrollarme en eso, además de mis otros trabajos. Estoy muy contenta y agradecida por poder hacerlo.
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