Después de meses de bajo perfil y de atravesar una de las experiencias más intensas de su vida, Rocío Marengo reapareció en Intrusos (América TV) y habló a corazón abierto sobre su maternidad. Emocionada, movilizada y sincera, compartió cómo vivió el nacimiento de su hijo Isidro, fruto de su relación con Eduardo Fort, y el difícil paso del pequeño por neonatología.
Desde el inicio de la entrevista dejó en claro que los últimos meses no fueron sencillos. “Los últimos meses del embarazo estaba con pérdidas y no pude dar notas”, contó, explicando su ausencia mediática. Aunque recibía invitaciones y propuestas laborales, decidió priorizar su salud y la del bebé. “No quería bajarla diciéndolo, pero fueron meses de estar complicadita”, reconoció.
Isidro se adelantó un mes. Sin embargo, según relató, nació en buen estado: “Se adelantó un mes, pero súper sanito, despierto, movedizo. La verdad que me tocó un hijo espectacular. Toco el cielo con las manos, es una alegría enorme”.

Pero el nacimiento trajo consigo un desafío inesperado: la internación en neonatología. Para una mamá primeriza, ese escenario fue impactante. “Lo de neo fue algo totalmente nuevo para mí. Es un mundo desconocido. Nadie me habló de que existía eso o que se podía complicar tanto en determinados casos”, confesó.
En ese contexto, destacó el acompañamiento que recibió: “Caí en neo y conocí unas mamis divinas, un equipo espectacular. Fue una contención muy linda”. Según contó, pasaba prácticamente todo el día junto a su hijo y no quería despegarse. “Empezaba el día ahí y me tenían que decir: ‘Mami, a casa, a descansar’, porque yo no me quería ir”.
Incluso reveló una anécdota que refleja la angustia que atravesó en esos días. “Cuando nació Isidro yo me recuperé rápido. Me puse un jean y me fui a neo. Una enfermera me dijo que si me veían tan bien me iban a dar el alta. Corrí, me volví a poner el pijama y estiré la internación para estar cerca de él”, relató entre risas, aunque con la emoción a flor de piel.

Sin embargo, hubo un momento que la marcó profundamente y que quedó sintetizado en una frase que estremeció al estudio: “Nunca lloré tanto como cuando llegué a mi casa sin panza y sin Isidro”.
La imagen —volver al hogar sin el bebé en brazos— fue, según describió, desgarradora. Para quienes no atravesaron una internación en neonatología, explicó, es difícil dimensionar lo que se siente. “Irte a tu casa sin el bebé es fuertísimo”, coincidieron en el piso del programa.
Durante esos días también debió enfrentar comentarios en redes sociales. En una oportunidad, compartió una foto saliendo a comer y recibió críticas por mostrarse arreglada mientras su hijo seguía internado. Lejos de dejarse afectar, respondió con firmeza: “Siempre hay alguno que tira mala onda, pero ni me llegó. Yo sé lo que soy como mamá y lo que hice desde el día uno por él”.
Además, explicó que los propios médicos suelen recomendar a los padres que salgan y se distraigan un poco para poder sostener emocionalmente el proceso. “No es un campamento, no te podés quedar a dormir en un pasillo. Yo lo hubiese hecho feliz”, aclaró.

El alta de Isidro llegó el 24 de diciembre, después de tres semanas en neonatología. A través de sus redes sociales, Marengo compartió ese momento especial con una imagen del bebé dormido en el sanatorio junto a un peluche. “Mi amorcito, llegó el día… ¡Hoy nos vamos a casa!”, escribió entonces, colmada de emoción. “Gracias a todos los que acompañaron este camino con buena energía y amor. No puedo más de la emoción”.
Hoy, la realidad es otra. Con su hijo ya en casa, la conductora disfruta de cada instante. “Isidro es un ángel, está todo recontra lindo”, aseguró con una sonrisa que lo decía todo.
También destacó cómo la llegada del bebé impactó positivamente en la familia ensamblada que formó con Eduardo Fort. “Isidro vino a traer una unión, algo generó entre nosotros que estamos con una vibra muy linda”, expresó. Y agregó: “Cuando hay nenes chiquitos en la familia te renueva. Para mí que lo quieran a Isi es todo”.
En medio de risas, emociones y anécdotas, Rocío Marengo mostró una faceta distinta, más íntima y vulnerable. Lejos de los escándalos y las polémicas que muchas veces rodearon su figura mediática, esta vez eligió compartir su lado más sensible.
Entre lágrimas y sonrisas, resumió lo que significó este proceso: una montaña rusa de emociones que hoy tiene un final feliz. Porque después de atravesar el miedo, la incertidumbre y el dolor de volver a casa sin su bebé, ahora puede abrazarlo todos los días. Y esa, según dejó en claro, es la mayor felicidad de su vida.
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