La muerte de Daniel La Tota Santillán dejó de luto al mundo de la música tropical. Según fuentes de la investigación, liderada por el fiscal Patricio Ventricelli, el presentador falleció por asfixia. Así lo determinaron los resultados de la autopsia, cuyo informe reveló que el 90% de su cadáver estaba quemado y que no se encontró ningún signo compatible con una maniobra de defensa.
Previo a su trágico final, el productor musical reconoció haber atravesado problemas de salud, en especial luego de ser diagnosticado con bipolaridad. Según indicó, este fue el motivo de una de sus últimas internaciones en una clínica privada, donde fue contenido tras una crisis nerviosa. “Si no lo hacía, me moría”, aseguró ante el equipo de Estamos a tiempo (América TV), a mediados de 2022.
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“Soy una persona bipolar y no lo necesité por eso. Cuando entré a esos lugares no fue por droga o alcohol, sino por no tomar la medicación para mi condición. No terminar de tomar los remedios”, aseguró.
Poniéndose como ejemplo, Santillán explicó: “Para salir de esa situación, tenés que tomar medicación. Incluso, para terminar con las adicciones hay que tomarla, lo demás que dicen es mentira. En mi caso, me daban una inyección que, en un principio, me aplicaban cada 15 días. Después pasó a ser una vez al mes y, en el futuro, será cada tres”.
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En otro momento de la entrevista, Santillán hizo hincapié en su condición diagnosticada en 2011. “No sabía lo que era y, en estos años, lo sufrí un montón. Fue muy difícil. Yo venía de mucho trabajo. Durante 15 años participé de las temporadas de teatro en la Costa y no tenía la posibilidad de disfrutarlo por eso. Soy honesto, no sabía qué era ser una persona con bipolaridad”, recordó. Además, explicó cómo se manejó con su tratamiento: “Dejaba de tomar la medicación porque pensaba: ‘Voy a estar bien’. Conozco a muchas personas que las toman para su vida, pero yo creía que estaba bien. Me daba el alta solo. Igual, la inyección es muy cara, si no fuese por mi obra social no podría costearla”.

Santillán también destacó cómo salió adelante gracias a su círculo de contención, en especial, tras su ingreso al hospital. “Agradezco a la gente que me cuida en la clínica, a las hermanas, al psiquiatra y a mi psicóloga, Verónica. También a mis hijos mayores, Leandro y Daniela, como también a las más chicas, Sol y Mía, que hablé ayer por videollamada”. Sobre esto último, el animador del ciclo contó que había recuperado el vínculo con sus hijas menores. “Hace tres años que no veo a mis hijas en persona, pero nos comunicamos por mensajes y videollamadas. Seguro más adelante se va a dar y las cosas van a ser de otra manera”, dijo.
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Respecto a su última internación, relató: “No podía dormir. Me acuerdo de que grabamos una publicidad para un homenaje a Lía Crucet, tuve un error al decir una dirección y me culpaba por eso. Después me lastimé. Me clavé un cuchillo en el pecho”. Tras señalar la zona donde se hirió, aseguró: “Fue una llamada de atención. Me quedé encerrado en mi casa con mi hermano. Él estaba en el comedor y yo adentro del baño. ‘¿Qué estás haciendo?’, me preguntó. Ahí me lastimé. Uno tiene que valorar la vida. Estaba peleado conmigo mismo. Me estaba saliendo mal lo del Luna Park, no se vendían entradas y me culpaba a mí. También estaba mal por lo que ocurrió con Tony Salatino y Lía”.
En esa misma línea, reflexionó: “Me costaba pedir ayudaba hasta que contacté a mi amigo, Osvaldo, y a mi hermano. Les dije: ‘Llamen a Daniela, mi hija, que me tengo que internar’. Estaba todo ensangrentado y lastimado. Me llevaron a la clínica Güemes, vino el psiquiatra y le pedí ir al hospital San Juan de Dios, donde me atienden siempre y me siento contenido. Lamentablemente, es así”, recapituló y resaltando el apoyo de su familia. “A veces, cuando golpeás todas las puertas, las cosas no te salen: no ves a tus hijas y te terminás lastimando. Después, algunos te dicen: ‘No tenés que internarte’. Y mirá cómo terminé. Estoy agradecido con que mis hijos me cuiden”, sostuvo.
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Hacia el final reconoció que hubo otros factores que lo llevaron a esa situación. “Me afectó mucho, en especial no poder despedirme. Se me juntaron un montón de cosas. La familia, los afectos, el tiempo que se pasa rápido y no lo podés recuperar. Pero hoy decís: ‘Bueno, yo puedo charlar con las nenas y tener un vínculo telefónico con ellas y verlas, pero ya están grandes’”, cerró.
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